PARTE 2: LA NIÑA QUE NO ERA SUYA

Alexander no apartó los ojos de Luna.

—¿Cuántos años tiene?

Ni siquiera me saludó.

—Buenas noches a ti también.

—Te pregunté cuántos años tiene.

Su voz hizo que Daniel Zhang mirara de uno a otro, confundido.

Luna levantó tres dedos.

—Tres y medio.

Alexander perdió el color.

Yo comprendí inmediatamente qué estaba calculando.

Cuatro años desde nuestra separación.

Una última noche juntos.

Una niña de tres años y medio.

—Alexander…

—Tenemos que hablar.

—No.

Tomé la mano de Luna.

—Vamos a dormir.

Pero Alexander me sujetó del brazo.

Me solté inmediatamente.

—No vuelvas a tocarme.

Su mandíbula se tensó.

—¿Es mi hija?

Daniel abrió los ojos.

Varias personas cercanas dejaron de hablar.

Sentí subir la rabia.

—No hagas una escena.

—¡Respóndeme!

Luna se escondió detrás de mí.

Eso bastó.

—No es tu hija.

Alexander soltó una risa seca.

—Claro.

—Es verdad.

—Desapareces después de acostarte conmigo por última vez, cuatro años después apareces con una niña de esa edad que se parece exactamente a ti y esperas que crea que no tiene nada que ver conmigo.

—No necesito que creas nada.

Me marché con Luna.

Diez minutos después alguien llamó a la puerta de nuestra villa.

Alexander.

No abrí.

—Song Maya, sé que estás ahí.

Luna estaba sentada sobre la cama abrazando su conejo de peluche.

—Tía, ¿ese señor está enojado?

—Está confundido.

—¿Por qué?

La miré.

Aquello ya había llegado demasiado lejos.

Abrí la puerta y salí al corredor.

—Luna es hija de mi hermana.

Alexander se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Mi hermana y mi cuñado murieron cuando ella tenía tres meses. Tengo su tutela legal.

Por primera vez aquella noche, Alexander no tuvo respuesta.

—Entonces…

—Entonces nada.

—Pensé que…

—Lo sé perfectamente.

Intenté volver a entrar.

—Espera.

Su voz había cambiado.

—¿Por qué nunca me dijiste lo de tu hermana?

Lo miré incrédula.

—Porque ya habíamos terminado.

—Podrías haberme llamado.

—¿Para qué? ¿Para pedir consuelo al hombre que me dijo que se había cansado de jugar conmigo?

Alexander palideció.

—Tú fuiste quien me dejó sin explicación.

—Porque descubrí que tenías prometida.

Silencio.

Absoluto.

Alexander frunció lentamente el ceño.

—¿Qué prometida?

Casi me reí.

—No hagas esto cuatro años después.

—¿Quién?

—Victoria Shen.

Su expresión cambió.

—Victoria nunca fue mi prometida.

Ahora fui yo quien quedó inmóvil.

Alexander explicó que ambas familias habían hablado durante años de una posible unión.

Su abuelo la quería.

Su padre también.

Pero él jamás había aceptado.

—La noche antes de graduarnos rechacé formalmente ese acuerdo.

Lo miré.

—Vi fotografías. Invitaciones. Mensajes entre vuestras familias.

—Viste lo que mi familia quería que vieras.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Por qué nunca me lo contaste?

Alexander soltó una risa amarga.

—Porque no sabía que tú lo sabías.

Nos quedamos mirándonos.

Cuatro años.

Habíamos destruido una relación entera sin mantener la única conversación que importaba.

Pero eso no cambiaba lo ocurrido después.

—Ya da igual.

—Para mí no.

—Para mí sí.

Entré y cerré la puerta.

A la mañana siguiente, Alexander seguía en el complejo.

No intentó hablar conmigo.

En cambio, estaba sentado en el jardín jugando con Luna.

Me detuve.

—¿Qué haces?

Luna levantó un rompecabezas.

—El tío Alexander no sabe hacer el castillo.

Alexander me miró.

—Tu hija dice que soy lento.

—Mi sobrina.

Algo parecido a tristeza cruzó su rostro.

—Sí. Tu sobrina.

Durante los siguientes dos días mantuvo distancia.

Hasta que, antes de mi vuelo, me entregó una carpeta.

—¿Qué es esto?

—Algo que deberías ver.

Dentro había documentos fechados cuatro años atrás.

Correos.

Una declaración firmada rechazando el matrimonio con Victoria.

Y un boleto de avión.

Destino: mi ciudad natal.

Fecha: tres días después de nuestra ruptura.

—Fui a buscarte —dijo.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

—Tu antigua casera dijo que te habías marchado. Tu número dejó de funcionar. Después mi padre sufrió un infarto y tuve que volver a Jincheng.

Pasé otra página.

Había una fotografía.

Alexander frente a la casa donde yo había vivido.

Sentí que algo dentro de mí se movía.

Pero no era suficiente para borrar cuatro años.

—¿Por qué me enseñas esto?

—Porque quiero que sepas que no elegí a Victoria.

—Eso no significa que tengamos que volver.

—Lo sé.

Aquella respuesta me sorprendió.

Alexander miró hacia Luna.

—Solo quiero dejar de ser el villano de una historia que ninguno de los dos entendió completa.

Regresé a casa sin darle ninguna promesa.

Tres semanas después recibí una llamada.

No era Alexander.

Era Victoria Shen.

—Señorita Song, necesitamos hablar.

—No tenemos nada que hablar.

—Sí tenemos.

Su siguiente frase me dejó helada.

—Alexander acaba de descubrir quién le envió hace cuatro años las capturas que hicieron parecer que yo era su prometida.

Me puse de pie.

—¿Qué estás diciendo?

Victoria guardó silencio un instante.

—No fuiste la única engañada.

—A él también le enseñaron algo sobre ti.

Sentí que los dedos se me enfriaban.

—¿Qué?

—Pruebas de que ya habías aceptado casarte con otro hombre después de graduarte.

—Eso es absurdo.

—Lo sé.

Entonces Victoria pronunció un nombre.

Y entendí por qué Alexander y yo nunca habíamos conseguido encontrarnos después de aquella noche.

No había sido orgullo.

Ni mala suerte.

Alguien había trabajado desde ambos lados para separarnos.

Y esa persona pertenecía a la familia Fu.

Related Posts

PARTE 2: EL ANILLO QUE NUNCA FUE SUYO

Sophia llegó a mi casa a las nueve de la mañana. Llevaba un abrigo blanco, el cabello recogido y el anillo todavía en el dedo. Alexander entró…

PARTE 2: LA HIJA QUE NUNCA HABÍA PERDIDO

Me quedé mirando el mensaje hasta que el tren salió del túnel. Mi hija. No Olivia. Olivia era la sobrina de Adrian, la niña a la que…

PARTE 2: TRES DÍAS PARA PERDERLO TODO

A la llamada número doce, Ethan dejó un mensaje de voz. —Claire, contesta. Esto no es un juego. No lo escuché hasta después de firmar los últimos…

PARTE 2: ESTA VEZ, FIRMÓ

Adrián miró el acuerdo y soltó una risa seca. —¿Otra vez con esto? —Otra vez no. Sigo esperando tu firma. Valeria se secó las lágrimas detrás de…

PARTE 2: EL DÍA 30 YA ERA DEMASIADO TARDE

El tercer día del período de espera, empecé a empacar. No había mucho que llevarme. Dos maletas. Una caja con documentos. Ropa de bebé. La pequeña manta…

PARTE 2: LOS HEREDEROS QUE LOS GU NUNCA TENDRÍAN

Contesté la llamada. —¿Sí? Durante tres segundos solo escuché estática. Después habló una voz masculina. —Señora Yao, soy Roberto Méndez, de Auditoría Interna. Lo reconocí inmediatamente. Un…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *