Todo el vestíbulo de admisiones quedó en silencio.
Decenas de estudiantes dejaron de hablar.
Los padres giraron la cabeza.
Incluso la funcionaria que me había entregado la credencial unos minutos antes levantó la vista con expresión de alarma.
Eric dio un paso al frente, fingiendo preocupación.
—Lo siento mucho, pero no podía quedarme callado. Esta chica está usando documentos falsificados.
Señaló hacia mí.
Luego puso una mano sobre el hombro de la otra joven.
—Ella es la verdadera Clara Hayes.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
La muchacha parecía tener mi edad.
Llevaba el cabello recogido exactamente igual que yo.
En sus manos sostenía un expediente con mi nombre.
No era una coincidencia.
Era un plan preparado con mucho tiempo.
La funcionaria frunció el ceño.
—Necesito que ambas me acompañen a la oficina.
Respiré despacio.
En mi vida anterior nunca llegué hasta ese momento.
No sabía qué ocurriría.
Pero sí conocía a Eric.
Nunca improvisaba.
Si había traído a aquella mujer, era porque creía tener pruebas suficientes.
Entramos en una pequeña sala.
Sobre la mesa fueron apareciendo documentos.
Mi carta de admisión.
Mi número de examen.
Mi certificado.
Y después…
Los papeles de la otra chica.
La funcionaria comenzó a comparar.
De pronto frunció el ceño.
—Es imposible…
Eric sonrió.
—¿Lo ve?
—Los dos expedientes tienen exactamente el mismo número de candidato.
La otra muchacha empezó a llorar.
—Profesora… yo solo quiero estudiar.
Eric habló inmediatamente.
—Mi novia encontró esa carta hace unas semanas. Yo sospeché que podía ser falsa porque esta joven me buscó diciendo que había perdido su documentación.
Todo era mentira.
Pero estaba perfectamente contado.
Todas las miradas se dirigieron hacia mí.
Eric aprovechó el silencio.
—Clara…
Su voz sonó dulce.
La misma voz con la que, diez años después, convencería a todo el mundo de que yo era una mujer fracasada que necesitaba ser salvada.
—Todavía puedes decir la verdad.
Nadie te va a juzgar.
Lo observé fijamente.
En mi vida anterior habría entrado en pánico.
Habría intentado explicarme.
Habría llorado.
Esta vez sonreí.
Una sonrisa pequeña.
Tranquila.
Eric dejó de sonreír.
—Profesora.
Dije con absoluta calma.
—¿Puedo hacer una sola llamada?
La funcionaria dudó unos segundos.
Después asintió.
Saqué del bolsillo una pequeña libreta.
Busqué un número escrito por mi abuela años atrás.
En mi primera vida nunca llegué a utilizarlo.
Era el teléfono de la profesora Eleanor Brooks.
La directora del comité de becas.
También había sido la mejor amiga de mi difunto abuelo.
Contestó al segundo tono.
—¿Señorita Brooks?
—Sí.
—Soy Clara Hayes.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego respondió con amabilidad.
—Claro que te recuerdo. Tu abuelo hablaba mucho de ti.
Respiré profundamente.
—Necesito ayuda.
Creo que alguien intenta robar mi plaza universitaria.
Le expliqué la situación en menos de un minuto.
No exageré.
Solo di hechos.
Cuando terminé, escuché una única respuesta.
—No te muevas.
Voy para allá.
Eric soltó una carcajada.
—¿Llamaste a alguien para inventar otra historia?
No respondí.
Veinte minutos después la puerta volvió a abrirse.
Entró una mujer de cabello plateado.
Traje gris.
Carpeta azul.
Todos los profesores se pusieron de pie inmediatamente.
—Directora Brooks.
Ella saludó brevemente.
Luego caminó directamente hacia mí.
—¿Eres Clara?
Asentí.
Ella abrió su carpeta.
Sacó un sobre sellado.
—Este documento permanece guardado desde hace seis meses.
Lo colocó sobre la mesa.
—Es la copia certificada de la lista original de admitidos.
La funcionaria rompió el sello.
Comenzó a leer.
Su expresión cambió por completo.
Miró primero el documento.
Luego a la otra joven.
Después a Eric.
Finalmente volvió a leer el nombre.
—Solo existe una Clara Hayes admitida en esta universidad.
Se hizo un silencio absoluto.
La directora Brooks señaló a la muchacha.
—¿Quién eres realmente?
La joven comenzó a temblar.
Miró desesperadamente a Eric.
Él evitó su mirada.
Entonces comprendí algo.
Ella tampoco era la mente detrás de todo aquello.
Solo era otra pieza.
La directora dio un paso más.
—Porque, si este documento es falso…
Su voz se volvió mucho más fría.
—…la siguiente conversación no será con la universidad.
Será con la policía.
En ese instante la muchacha rompió a llorar.
Y antes de que Eric pudiera detenerla, levantó una mano temblorosa y lo señaló directamente.
—¡Él me pagó!
Toda la habitación quedó completamente inmóvil.

Eric perdió el color del rostro.
La joven sollozaba sin poder detenerse.
—Me prometió dinero si decía que yo era Clara Hayes…
Miré a Eric sin apartar la vista.
Por primera vez desde que desperté diez años atrás, el hombre que había destruido mi vida entendió que esta vez… la historia ya no estaba bajo su control.