PARTE 2: LA MUJER QUE RECIBIÓ MIS MEDICINAS

Mariana sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Volvió a mirar las fotografías.

No había duda.

Era Sergio.

La misma camisa azul con la que salió de casa aquella mañana.

El mismo reloj.

La misma bolsa de la farmacia donde ella compraba sus medicamentos desde hacía años.

Pero la mujer…

No la conocía.

La comandante Rocío dejó otra fotografía sobre la cama.

—Ampliamos la imagen.

En la etiqueta de la bolsa todavía podía leerse parte de una receta.

Aparecía el nombre de Mariana.

Y el nombre del medicamento biológico que necesitaba todos los días para evitar una recaída.

—No fue un olvido —dijo Rocío—. Alguien retiró deliberadamente toda su medicación.

Mariana cerró los ojos.

Hasta ese momento había querido creer que Sergio había actuado con irresponsabilidad.

Ahora entendía que había sido algo mucho peor.

—¿Quién es ella?

La comandante abrió la carpeta.

—Se llama Verónica Salas.

Mostró otra fotografía.

—Mantiene una relación con su esposo desde hace casi un año.

Mariana permaneció inmóvil.

No lloró.

Todavía no.

—¿Cómo la encontraron?

—Cuando revisamos las cámaras de la colonia, vimos que el vehículo de su esposo regresó veinte minutos después de que el resto de la familia salió hacia el aeropuerto.

Rocío pasó otra hoja.

—Entró solo.

Permaneció dentro exactamente doce minutos.

Después salió con la bolsa de farmacia.

Y se reunió con esta mujer.

Mariana sintió un escalofrío.

—¿Qué hizo después?

—Ella se fue en otro automóvil.

Sergio condujo directamente al aeropuerto.

Todo estaba calculado.


Aquella misma tarde, un perito del área de informática llegó al hospital.

—Recuperamos información de la casa.

Mariana lo miró sorprendida.

—¿Cómo?

—Su sistema de cámaras domésticas almacenaba una copia automática en la nube.

Sergio creyó haberlas apagado.

No sabía que seguían enviando respaldo.

El perito reprodujo el video.

La habitación apareció vacía.

Después entró Sergio.

No parecía tener prisa.

Abrió el cajón.

Sacó todos los frascos de medicamentos.

Los guardó en una bolsa.

Luego caminó hasta el cuadro eléctrico.

Bajó los interruptores.

Después cerró la llave principal del agua.

Finalmente se acercó a la puerta.

Desde el interior instaló una barra metálica adicional.

Antes de salir sonrió.

La grabación terminó.

La habitación del hospital quedó completamente en silencio.

Mariana sintió un nudo en la garganta.

No había sido abandono.

Había sido preparación.


Esa noche, Rocío regresó con otra noticia.

—Hablamos con la farmacia.

—¿Y?

—Su esposo dijo que usted había fallecido.

Mariana abrió los ojos.

—¿Qué?

—Presentó una receta nueva.

Explicó que los medicamentos sobrantes debían entregarse a una familiar.

Frunció el ceño.

—La farmacéutica creyó que todo era normal.

Mariana sintió un vacío helado.

—Entonces… ya estaba diciendo que yo estaba muerta.

Rocío asintió lentamente.

—Eso parece.


A la mañana siguiente, mientras revisaban los movimientos bancarios de Sergio, apareció algo inesperado.

El analista financiero dejó varios estados de cuenta sobre la mesa.

—Hay una transferencia realizada cuarenta minutos después de que salió de la casa.

Mariana observó la cantidad.

No era un pago cualquiera.

Era una suma equivalente al seguro de vida que Sergio había insistido en contratar dos meses antes.

—¿Quién recibió ese dinero?

El analista respiró hondo.

—No fue un depósito.

Fue el pago inicial para comprar una casa.

Los compradores eran Sergio…

Y Verónica Salas.

La fecha prevista para la entrega de la vivienda era exactamente dos semanas después del supuesto regreso del viaje por Europa.

Como si ambos estuvieran convencidos de que, para entonces, Mariana ya no seguiría con vida.

Rocío cerró lentamente la carpeta.

—Creíamos que investigábamos un caso de violencia familiar.

Levantó la vista.

—Ahora la Fiscalía está considerando otra hipótesis.

Mariana sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—¿Cuál?

La comandante respondió con absoluta serenidad.

—Tentativa de homicidio.

Pero antes de que pudiera decir algo más, un agente entró apresuradamente en la habitación con un teléfono en la mano.

—Comandante…

Rocío giró hacia él.

—¿Qué pasó?

El agente tragó saliva.

—Acaban de detener a Verónica en el aeropuerto.

Guardó unos segundos de silencio.

—Y en su equipaje encontraron los medicamentos de Mariana…

…junto con un sobre sellado donde Sergio había escrito instrucciones sobre qué debía hacer si la policía llegaba a sospechar que la enfermedad de su esposa no había sido un accidente.

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