El silencio duró apenas unos segundos.
Después, todo el salón estalló en murmullos.
—¿Ese niño es realmente el hijo del presidente Lu?
—¿La directora Wen no sabía nada?
—Diez años de matrimonio… ¿y él tenía otra familia?
Cada palabra caía sobre el salón como una lluvia de cuchillos.
An Ya apretó el brazo de Lu Chengyuan con una expresión de aparente timidez.
—Chengyuan… creo que deberíamos irnos. La señora Wen parece muy alterada.
Él negó con la cabeza.
—No hay nada que ocultar.
Luego volvió a mirarme.
—Wen Qing, tarde o temprano todos iban a enterarse. Prefiero decir la verdad ahora.
Su tono era tranquilo, casi indiferente.
Como si estuviera anunciando un nuevo proyecto de inversión y no destruyendo diez años de matrimonio.
Respiré lentamente.
Sentía el pecho vacío.
No porque todavía lo amara.
Sino porque, por primera vez, comprendía que el hombre con quien había compartido una década nunca había existido realmente.
El Lu Chengyuan que yo conocía había muerto mucho antes.
El que estaba frente a mí era un desconocido.
Él continuó hablando.
—Sé que hoy será difícil para ti aceptar esta realidad.
—Pero Zihao necesita una identidad legítima.
—Y la familia Lu necesita un heredero.
Varios accionistas comenzaron a asentir discretamente.
Algunos incluso evitaban mirarme.
Nadie quería enfrentarse al presidente del grupo.
Yo levanté la vista y sonreí.
Aquella sonrisa hizo que Lu Chengyuan frunciera ligeramente el ceño.
Esperaba lágrimas.
Esperaba gritos.
Esperaba que lo golpeara delante de todos.
Pero mi calma parecía incomodarlo mucho más.
Saqué lentamente el anillo de matrimonio de mi dedo.
Era un diseño sencillo de platino.
Lo habíamos comprado cuando la empresa apenas sobrevivía.
Él me había prometido aquel día:
—Cuando el Grupo Lu se convierta en la empresa número uno del país, te compraré el diamante más grande del mundo.
Nunca cumplió esa promesa.
Porque había gastado su amor en otra mujer.
Caminé hasta una de las mesas.
Tomé una copa de vino tinto.
Sin apartar la mirada de Lu Chengyuan, dejé caer el anillo dentro del líquido oscuro.
El pequeño sonido metálico resonó con una fuerza imposible.
Tint.
Todo el salón quedó completamente inmóvil.
Después levanté la copa y la empujé suavemente hacia él.
—Felicidades.
Mi voz era serena.
—Hoy recuperaste a tu familia.
Hice una breve pausa.
—Y acabas de perder a la única persona que convirtió tu apellido en un imperio.
Por primera vez aquella noche, el rostro de Lu Chengyuan cambió.
Solo durante un instante.
Como si hubiera sentido una incomodidad que no sabía explicar.
Pero desapareció enseguida.
—No exageres, Wen Qing.
—Aunque nos divorciemos, seguirás siendo accionista.
—Siempre tendrás una posición dentro del Grupo Lu.
Sonreí con más fuerza.
Él seguía creyendo que todo lo que yo tenía provenía de él.
Qué equivocadamente me había juzgado durante aquellos diez años.
Sin responder una sola palabra, tomé mi bolso.
An Ya me observó con una sonrisa apenas disimulada, convencida de que acababa de ganar.
Los periodistas comenzaron a perseguirme hacia la salida.
—¡Directora Wen! ¿Aceptará el divorcio?
—¿Demandará al presidente Lu?
—¿Es cierto que no pudieron tener hijos?

No respondí ninguna pregunta.
Subí al automóvil.
En cuanto la puerta se cerró, An Ya apareció en la pantalla de mi teléfono.
Había enviado un mensaje.
“Gracias por cuidar de mi esposo durante diez años.”
Miré aquellas palabras unos segundos.
Luego bloqueé su número.
Después marqué otro.
La llamada fue contestada casi al instante.
—Señorita Wen.
Respiré profundamente.
—Preparen todos los documentos.
—Es hora de recuperar absolutamente todo lo que alguna vez entregué al Grupo Lu.
Al otro lado de la línea hubo un silencio respetuoso.
Finalmente llegó una respuesta firme.
—Llevamos diez años esperando esa orden.