PARTE 2: LA MUJER DETRÁS DE JADE

El teléfono de Ethan sonó por tercera vez antes de que pudiera responder.

—Habla Ethan Caldwell.

Al otro lado solo hubo silencio durante un segundo.

Luego, la voz del director ejecutivo de Helix Dynamics sonó más fría que el acero.

—Señor Caldwell, acabamos de suspender la evaluación de su propuesta.

Ethan se incorporó de golpe.

—¿Qué significa “suspender”?

—Significa que alguien detectó fallos críticos en su sistema de seguridad. Fallos que nuestro equipo no esperaba encontrar en una empresa de su nivel.

El rostro de Ethan perdió color.

Era imposible.

Había invertido más de un año y millones de dólares en aquel proyecto.

—Debe haber un error.

—Ojalá lo hubiera.

La llamada terminó sin una sola palabra de cortesía.

Durante unos segundos, Ethan permaneció inmóvil, mirando la pantalla apagada del teléfono.

Entonces golpeó el escritorio.

—¡Llamen al departamento técnico! ¡Ahora mismo!


En otro extremo de Los Ángeles, dejé la taza de café sobre la mesa mientras decenas de mensajes seguían apareciendo en mi pantalla.

—Sigues teniendo la misma puntería de siempre —escribió Atlas, uno de los pocos miembros del antiguo círculo que conocía mi verdadera identidad.

Sonreí apenas.

—Solo necesitó diez minutos.

—Diez minutos para destruir un proyecto de diez mil millones. Nada mal para alguien que llevaba tres años desaparecida.

No respondí.

Mi atención estaba puesta en otra ventana.

La investigación sobre Future Eye apenas comenzaba.

Cuanto más leía, más evidente resultaba que Helix buscaba mucho más que una empresa capaz de desarrollar inteligencia artificial.

Necesitaban a alguien que pudiera protegerla.

Y Ethan jamás había entendido que seguridad no significaba levantar muros.

Significaba pensar como quien intenta derribarlos.


Esa misma tarde, Victoria Hayes apareció en la sede de Caldwell Group.

Entró con un vestido blanco impecable y una sonrisa que siempre parecía diseñada para las cámaras.

—¿Qué pasó? —preguntó al ver el ambiente.

Nadie respondió.

Los ingenieros corrían de una oficina a otra mientras enormes pantallas mostraban diagramas marcados con advertencias en rojo.

Ethan salió de la sala de juntas con el rostro desencajado.

—Tenemos un problema.

Victoria cruzó los brazos.

—¿Tan grave?

—Alguien envió un informe técnico a Helix antes que nosotros.

Ella frunció el ceño.

—¿Competencia?

—No.

Ethan respiró hondo.

—Alguien que entiende nuestro sistema mejor que el propio equipo que lo diseñó.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Él negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé.


Mientras tanto, en Helix Dynamics, cuatro ejecutivos observaban el documento firmado únicamente con una palabra.

Jade.

El director de seguridad cerró lentamente la carpeta.

—Si esta persona acepta trabajar con nosotros…

Nadie respondió.

Porque todos sabían la misma verdad.

No estaban hablando de contratar a una especialista.

Estaban hablando de incorporar a una leyenda.


Apagué la pantalla durante unos segundos.

El apartamento volvió a quedar en silencio.

Respiré profundamente.

No sentía alegría.

Tampoco deseo de venganza.

Solo una serenidad que hacía años no conocía.

Había pasado demasiado tiempo escondiéndome detrás del apellido Caldwell.

Ahora volvería a construir mi propio nombre.

Pero antes necesitaba averiguar una sola cosa.

¿Quién había filtrado información tan delicada sobre Future Eye antes de que incluso Helix terminara la evaluación?

Abrí un archivo cifrado que no había tocado desde hacía tres años.

Dentro solo había una fotografía.

La observé en silencio.

En ella aparecía Ethan estrechando la mano de un hombre al que jamás debió acercarse.

Mis pupilas se contrajeron.

Porque ese hombre no era un empresario.

Era uno de los traficantes de datos corporativos más peligrosos del mundo.

Y, si Ethan estaba haciendo negocios con él sin saber quién era realmente…

No era su imperio el que estaba a punto de derrumbarse.

Era toda su vida.

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