PARTE 2: La Mujer Detrás de G.B.

No dormí aquella noche.

Cada vez que cerraba los ojos veía la sonrisa de Ethan en el aeropuerto.

La misma arrogancia.

La misma seguridad.

Cinco años después, seguía convencido de que él había sido el premio y yo la mujer que no supo conservarlo.

A las siete de la mañana sonó mi teléfono.

Era Amelia, mi directora de operaciones.

—Grace, el consejo ya llegó al hotel. Todos preguntan si mantendremos la reunión con Walker Development.

Miré a mi madre, que aún dormía.

—Sí.

—¿Quieres que revelemos tu identidad antes de la negociación?

—No.

Hubo un breve silencio.

—Entonces seguiremos utilizando únicamente las iniciales G.B.

—Exactamente.

Colgué.

Durante cinco años había construido Bennett Global desde un pequeño despacho alquilado en Londres.

Después llegaron Singapur.

Dubái.

Toronto.

Hoy nuestra empresa gestionaba proyectos de infraestructura por más de cuatro mil millones de dólares.

Y casi nadie conocía el rostro de la fundadora.

Siempre negociaba bajo las iniciales G.B.

Era una costumbre que había comenzado por seguridad.

Con el tiempo se convirtió en mi mayor ventaja.

A las nueve de la mañana llegué al edificio donde tendría lugar la reunión.

Entré por el acceso privado reservado para la dirección ejecutiva.

Nadie en la recepción levantó la vista.

Perfecto.

Así lo quería.

Desde la sala de observación del piso superior podía ver toda la mesa de conferencias a través del cristal inteligente.

Ethan ya estaba allí.

Traje azul oscuro.

Reloj nuevo.

Sonrisa ensayada.

A su lado se encontraba Olivia.

Fruncí el ceño.

No figuraba entre los asistentes.

Amelia consultó la lista.

—Parece que Walker la incorporó ayer como directora de relaciones públicas.

Sonreí apenas.

Sabía exactamente por qué.

Olivia siempre había tenido facilidad para caer bien.

Ethan quería utilizar esa imagen familiar para convencer al inversionista.

Ignoraba que la mujer a la que pretendía impresionar estaba observándolo desde unos metros de distancia.

Diez minutos después comenzó la presentación.

Ethan habló con absoluta seguridad.

—Nuestra empresa garantiza resultados extraordinarios.

Mostró gráficos.

Proyecciones.

Fotografías.

Promesas.

Cuando terminó, varios directivos aplaudieron.

Amelia me miró.

—¿Entramos?

Negué con la cabeza.

—Todavía no.

Quería escuchar una cosa más.

El presidente del comité hizo una pregunta sencilla.

—¿Qué diferencia a Walker Development de cualquier otra empresa?

Ethan sonrió.

—Nuestra mayor fortaleza son las personas.

Confiamos plenamente unos en otros.

La honestidad siempre ha sido el valor principal de nuestra compañía.

Tuve que contener una risa.

Honestidad.

La palabra parecía burlarse de sí misma.

En ese instante, el presidente volvió a intervenir.

—Perfecto.

Entonces creo que ya podemos recibir a la señora G.B.

Ethan acomodó la corbata.

Olivia sonrió con confianza.

La puerta principal comenzó a abrirse lentamente.

Los dos dirigieron la mirada hacia la entrada.

Pero nadie apareció.

Todos fruncieron el ceño.

Entonces otra puerta se abrió detrás de ellos.

La puerta reservada exclusivamente para la presidencia del consejo.

Entré despacio.

Tacones negros.

Traje blanco.

La misma mujer a la que Ethan había humillado cuarenta y ocho horas antes en el aeropuerto.

El sonido de mis pasos fue lo único que se escuchó en toda la sala.

Olivia fue la primera en levantarse.

Su rostro perdió completamente el color.

—Grace…

Ethan permanecía inmóvil.

Como si su cerebro se negara a aceptar lo que estaba viendo.

Me acerqué hasta la cabecera de la mesa.

El presidente sonrió.

—Señores, les presento oficialmente a la fundadora y directora ejecutiva de Bennett Global.

Hizo una breve pausa.

—La señora Grace Bennett.

Un silencio absoluto inundó la sala.

Ethan seguía sin reaccionar.

Finalmente logró ponerse de pie.

—Esto… esto es imposible.

Lo miré con absoluta tranquilidad.

—¿Por qué?

Él abrió la boca.

No encontró ninguna respuesta.

Saqué lentamente una carpeta del portafolio.

Era exactamente el proyecto que Walker Development llevaba dos años intentando conseguir.

Lo coloqué frente a él.

Ethan sonrió, creyendo que aún tenía una oportunidad.

Hasta que pasé la última página.

Ya estaba firmada.

Pero no por él.

Levanté la vista y pronuncié la misma frase que él me había dicho cinco años antes, cuando firmó nuestro divorcio.

—No hagas un drama.

Después cerré la carpeta.

—Porque el contrato ya fue adjudicado… a la empresa de tu principal competidor.

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