Lucas permaneció inmóvil, con el teléfono temblando entre las manos.
El video seguía reproduciéndose.
Rachel estaba sentada sobre el escritorio del despacho de su abuelo mientras Derek le servía una copa de vino.
—¿Y si Lucas descubre algo? —preguntó Derek.
Rachel soltó una carcajada.
—¿Lucas? Él todavía cree que la gente buena siempre gana. Es demasiado ingenuo para sospechar de mí.
La grabación terminó.
Walter respiró profundamente.
—Ese archivo fue grabado hace seis meses.
Lucas levantó la vista.
—¿Cuántos videos hay?
—Doscientos cuarenta y tres.
Sintió un escalofrío.
Walter deslizó otra carpeta.
—Y esos son solo los que necesitaremos.
El segundo video era aún peor.
Mostraba la cocina de la casa.
Pamela, la madre de Rachel, sostenía la bandeja del desayuno destinada al anciano.
Quitó la carne.
Retiró la fruta.
Cambió el vaso de leche por agua diluida.
Después sonrió.
—No hace falta que viva muchos años más.
Gregory respondió mientras hojeaba unos documentos.
—Mientras siga respirando, no podemos vender el aserradero principal.
Pamela bajó la voz.
—Entonces habrá que tener paciencia.
Lucas sintió náuseas.
Durante dos años creyó que la enfermedad había consumido lentamente a Walter.
Ahora comprendía que alguien había acelerado deliberadamente ese deterioro.
Walter tomó la memoria USB.
—Mira el archivo cuarenta y siete.
Lucas obedeció.
Esta vez aparecía Derek entrando al despacho privado del anciano de madrugada.
Abrió la caja fuerte.
Fotografió contratos.
Copió documentos.
Y antes de salir dejó un pequeño dispositivo conectado al ordenador.
—¿Qué es eso?
Walter respondió sin apartar la mirada de la pantalla.
—Un programa para robar información financiera.
Lucas giró sorprendido.
—¿Lo denunciaron?
Walter negó lentamente.
—Todavía no.
Porque necesitaba saber quién estaba detrás de él.
Media hora después sonó el timbre.
Un hombre de cabello blanco entró acompañado por una mujer de traje oscuro.
Walter sonrió por primera vez.
—Reynolds.
El médico dejó el maletín sobre la mesa.
—Ha perdido demasiado peso.
Walter respondió con calma.
—Pero gané la respuesta que buscaba.
La mujer dio un paso adelante.
—Soy Helen Brooks.
Su abogado desde hace treinta años.
Sacó una carpeta gruesa.
—Señor Parker…
Necesitamos hacerle algunas preguntas.
Lucas asintió.
Durante casi una hora respondió todo.
Cómo había conocido a Rachel.
Qué ocurría en la casa.
Quién cuidaba realmente del anciano.
Cuándo comenzaron a aparecer Derek y sus suegros con mayor frecuencia.
Helen tomó notas sin interrumpirlo.
Al terminar cerró la carpeta.
—Coincide exactamente con nuestras pruebas.
Walter pidió quedarse a solas con Lucas.
Cuando todos salieron, abrió lentamente el cajón oculto bajo la cama.
Sacó un sobre amarillo.
—Quiero que lo guardes.
Lucas lo recibió con cuidado.
Pesaba más de lo esperado.
Dentro había acciones originales de Lawson Timber.
Y una carta escrita a mano.
—¿Qué es esto?
Walter lo miró directamente.
—Mi verdadero testamento.
Lucas quedó inmóvil.
—¿El verdadero?
—El que conoce mi familia es una copia.
Este es el único válido.
Lucas frunció el ceño.
—¿Por qué dármelo a mí?
Walter sonrió con tristeza.
—Porque eres el único en esta casa que jamás preguntó cuánto dinero tenía.
Solo preguntabas si había comido.
Al día siguiente comenzaron a llegar fotografías a las redes sociales.
Rachel aparecía en las Bahamas.
Piscina infinita.
Champán.
Yates.
Derek salía en varias imágenes.
En una de ellas rodeaba la cintura de Rachel con absoluta naturalidad.
El texto decía:
“La familia siempre es lo primero.”
Lucas observó la publicación en silencio.
Walter también.
—Ni siquiera esperan a que muera.
En ese momento el abogado recibió una llamada.
Escuchó unos segundos.
Su expresión cambió.
—Señor Lawson…
Acaban de presentar una solicitud urgente.
Walter levantó una ceja.
—¿Qué clase de solicitud?
Helen respiró hondo.
—Rachel Lawson y Gregory Lawson intentan obtener judicialmente la administración completa de todos sus bienes alegando que usted está incapacitado… y adjuntaron un certificado médico firmado hace apenas tres días.
Walter permaneció completamente inmóvil.
Después extendió lentamente la mano.
—Démelo.
Revisó el documento durante apenas unos segundos.
Su mirada se endureció.
—Ese no es el sello del doctor Reynolds.
Helen negó con gravedad.
—No.
Es el sello del doctor Michael Turner.
Walter cerró la carpeta.
—Hace ocho años expulsé a Turner del consejo médico por falsificar historiales clínicos.
El silencio se volvió absoluto.
Lucas sintió que todo encajaba.
No solo habían intentado dejar morir a Walter.
También estaban preparando los documentos para quedarse legalmente con todo su patrimonio.
Pero Walter levantó lentamente otra memoria USB y la colocó sobre la mesa.
—Creían que mi única prueba eran las cámaras de esta casa.

Sonrió por primera vez desde que Lucas lo conocía.
—Lo que ninguno de ellos sabe es que, hace tres meses, Derek cometió un error imperdonable.
Entró en mi despacho creyendo que estaba inconsciente… y confesó delante de una quinta cámara oculta quién era realmente la persona que llevaba años organizando todo desde las sombras.