PARTE 2: LA LLAMADA QUE LO DEJÓ SIN EXCUSAS

Lucas no contestó de inmediato.

La pantalla seguía iluminada.

Olivia Brooks.

El mismo nombre que llevaba dos años apareciendo entre nuestras conversaciones, nuestros aniversarios interrumpidos y todas las promesas incumplidas.

Él dejó sonar el teléfono dos veces.

Tres.

Cuatro.

Finalmente respondió.

—¿Qué pasó?

No activó el altavoz.

Pero Olivia hablaba tan fuerte que pude escuchar parte de la conversación.

—¡Lucas, necesito que vengas ahora mismo! Me torcí el tobillo bajando del coche y no puedo caminar.

Él cerró los ojos un instante.

—¿Ya llamaste a urgencias?

—No quiero a otro médico. Te quiero a ti.

Lucas respiró hondo.

Durante años ya conocía ese silencio.

Era el momento exacto en el que elegía.

Y, durante dos años, nunca me había elegido a mí.

Esta vez fue diferente.

—Olivia.

Ve al hospital.

Hay otros especialistas de guardia.

—¿Qué?

—No voy a ir.

Del otro lado hubo un largo silencio.

Después, la llamada terminó sin despedirse.

Lucas guardó lentamente el teléfono.

—¿Ves?

Intento cambiar.

Lo miré con una serenidad que él nunca había visto en mí.

—No.

Llegaste demasiado tarde.


Entré en la casa apoyándome en las muletas.

Todo seguía exactamente igual que siete días antes.

Mi taza de café continuaba sobre la encimera.

Las flores del comedor estaban marchitas.

Mi regalo de aniversario para Lucas seguía envuelto, donde lo había dejado aquella noche.

Él también lo vio.

Se acercó despacio.

—¿Esto era para mí?

Asentí.

Abrió la caja con cuidado.

Dentro había un reloj.

En la parte trasera estaba grabada una frase.

“Para cada momento que aún nos queda por vivir.”

Lucas pasó el pulgar sobre la inscripción.

Después levantó la vista.

—Clara…

Ya no pude entregártelo.

Él dejó el reloj nuevamente dentro de la caja.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía no encontrar ninguna explicación.


Mi teléfono volvió a vibrar.

Era un mensaje del abogado del hospital.

“La investigación interna quedó abierta. Necesitamos su firma para solicitar las grabaciones de las cámaras del puente peatonal.”

Lucas leyó el mensaje.

Frunció el ceño.

—¿Qué investigación?

Me senté lentamente en el sofá.

La pierna comenzó a doler otra vez.

—La de mi accidente.

—Fue una caída.

Negué con la cabeza.

—Eso creía yo.

Abrí el archivo que acababa de recibir.

Había varias fotografías tomadas por la policía.

Una mostraba la escalera del puente.

Otra, el lugar exacto donde caí.

La tercera hizo que Lucas dejara de respirar.

Era una imagen ampliada de una mujer empujándome desde atrás apenas un segundo antes de que perdiera el equilibrio.

Aunque el rostro aparecía parcialmente cubierto por una gorra y unas gafas oscuras, había un detalle imposible de ignorar.

Un bolso de edición limitada.

Color marfil.

Con un pequeño colgante dorado en forma de orquídea.

Lucas palideció.

—Ese bolso…

Lo reconoces, ¿verdad?

No respondió.

No hacía falta.

Yo también lo conocía.

Lo había visto decenas de veces.

Olivia lo llevaba a todas partes.

Incluso aparecía con él en varias entrevistas de televisión.

Lucas dio un paso atrás.

—No.

Eso no demuestra que fuera ella.

Abrí otra fotografía.

Esta vez aparecía el mismo bolso entrando en el estacionamiento privado del restaurante donde habíamos celebrado —o intentado celebrar— nuestro aniversario.

La hora coincidía exactamente con la llamada que lo hizo abandonarme.

—¿Todavía piensas que todo fue una casualidad? —pregunté.

Lucas permaneció completamente inmóvil.

Por primera vez, la historia que llevaba años justificando empezó a resquebrajarse frente a sus propios ojos.


Antes de que pudiera decir una sola palabra, sonó el timbre.

Un mensajero esperaba en la puerta.

—¿Señorita Clara Hayes?

Firmé el recibo.

Era un sobre enviado por la administración del hospital donde me habían operado.

Dentro había una memoria USB y una breve nota.

“Durante la revisión de las cámaras externas encontramos algo que no figuraba en el informe inicial. Pensamos que debería verlo antes que nadie.”

Lucas me observó mientras conectaba la memoria al portátil.

La pantalla mostró el estacionamiento del puente peatonal.

La fecha.

La hora.

Mi caída.

Y, unos minutos antes del accidente, un automóvil negro deteniéndose junto a la acera.

Del asiento del conductor descendía claramente Lucas.

Del asiento del copiloto…

Olivia Brooks.

Los dos permanecieron allí varios minutos.

Y cuando yo aparecí caminando hacia el puente con el regalo de aniversario entre las manos, Olivia giró lentamente la cabeza para seguirme con la mirada.

La grabación terminó justo antes de que la cámara cambiara de ángulo.

Lucas retrocedió como si acabara de recibir un golpe.

—Yo… no sabía que tú estabas allí.

Lo miré fijamente.

—Eso ya no es la pregunta que importa.

Cerré el portátil.

—La verdadera pregunta es otra.

¿Olivia solo estaba en el lugar equivocado… o llevaba días sabiendo exactamente dónde iba a encontrarme?

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