A las ocho de la mañana siguiente entré oficialmente en Northbridge Capital.
A las ocho y doce llamó Victor Hale.
—¿Ya puedo saber dónde estás?
—Northbridge.
Hubo un breve silencio.
—Entonces hablaré con mis abogados.
No le pedí que cancelara nada.
No tenía que hacerlo.
Dos horas después, otros tres antiguos clientes me escribieron.
Todos habían recibido correos de Charlotte presentándose como su nueva responsable ejecutiva.
Todos hicieron la misma pregunta:
«¿Por qué te fuiste?»
Respondí únicamente la verdad.
«La compañía decidió terminar mi relación laboral».
Nada más.
A las once, el teléfono de Martin sonó.
Me miró antes de contestar.
—Es Whitman Global.
Puso el altavoz.
Charlotte habló inmediatamente.
—Quiero hablar con Elena.
—Está aquí.
—Elena, necesito que regreses durante treinta días para completar la transición.
—Mi relación laboral terminó ayer.
—Te pagaremos consultoría.
—No estoy disponible.
Su voz se endureció.
—Estás intentando llevarte nuestros clientes.
—No he contactado a ninguno.
Aquello era cierto.
Ellos me estaban contactando a mí.
Charlotte colgó.
A las tres de la tarde, Green Horizon anunció que no renovaría automáticamente su acuerdo sin revisar las nuevas condiciones de servicio.
Después llegó Meridian Holdings.
Luego Prescott Energy.
Para el viernes, el consejo de Whitman Global había convocado una reunión extraordinaria.
Y entonces ocurrió algo que yo tampoco esperaba.
Recibí una llamada del padre de Charlotte.
Richard Whitman.
—Elena, necesito verte.
Nos encontramos esa tarde.
Parecía mucho más cansado que seis meses atrás.
—Charlotte cometió un error —dijo.
—Eso corresponde al consejo decidirlo.
Richard deslizó una carpeta hacia mí.
—No te llamé por eso.
Dentro había documentos firmados ocho años antes.
El año en que entré como asistente.
—¿Qué es esto?
—Tu contrato original.
Fruncí el ceño.
Ya lo conocía.
Pero Richard señaló un anexo que jamás había visto.
Establecía que ciertas cuentas estratégicas creadas directamente por mí generaban derechos económicos especiales si la compañía terminaba mi contrato sin causa específica.
Levanté la mirada.
—¿Por qué existe esto?
Richard permaneció callado demasiado tiempo.
—Porque yo sabía quién eras antes de contratarte.
Sentí que algo cambiaba.
—¿Qué significa eso?
Sacó una fotografía antigua.
Aparecía él junto a un hombre que reconocí inmediatamente.
Mi padre.
El hombre que había muerto cuando yo era niña.
—Tu padre no era simplemente amigo mío —dijo Richard.
Su voz se quebró ligeramente.
—Fue quien puso el primer capital para crear Whitman Global.
Miré nuevamente los documentos.

—Entonces ¿por qué nunca me lo dijeron?
Richard cerró los ojos.
—Porque después de su muerte ocurrió algo con sus acciones que nunca debió ocurrir.
En ese instante comprendí que Charlotte quizá no solo había despedido a la persona que manejaba la mitad de los clientes.
Podía haber despedido a la heredera de una parte de la empresa que llevaba ocho años creyendo que no tenía familia.