PARTE 2 — LA LLAMADA QUE CAMBIÓ SU VIDA

Arturo Cárdenas no hizo una sola pregunta más.

—¿Dónde estás exactamente?

Sofía miró por la ventana del camión.

—Avenida Patria… pasando Naciones Unidas.

—No te bajes. Voy por ti.

La llamada terminó.

Veinte minutos después, tres camionetas negras se detuvieron frente a la siguiente parada.

Varios hombres descendieron primero.

No por ostentación.

Por protocolo.

Luego apareció Arturo.

Traía el mismo traje con el que había salido de una reunión del consejo de administración.

Cuando vio a su hija bajar del camión con el bebé en brazos, el color abandonó su rostro.

—¿De verdad te hizo venir así?

Sofía intentó sonreír.

No pudo.

Él abrazó con cuidado a su nieto.

Después miró la venda que asomaba bajo la ropa de su hija.

—Cinco días…

Su voz se quebró apenas un instante.

—Cinco días después de una cesárea.

Sofía asintió en silencio.

Arturo respiró hondo.

—Vámonos a casa.


Mientras tanto, en un restaurante de Andares, Julián levantaba su copa.

—Ahora sí vamos a disfrutar.

Doña Patricia sonrió orgullosa.

—Ya era hora de que Sofía entendiera cuál era su lugar.

Renata soltó una risa.

—Seguro ya está haciendo drama por teléfono.

En ese momento sonó el celular de Julián.

Era su director financiero.

—¿Qué pasó?

Del otro lado no hubo saludos.

—Tenemos un problema muy serio.

—¿Cuál?

—Acaban de cancelar la línea de crédito principal.

Julián frunció el ceño.

—Eso debe ser un error.

—No lo parece.

El contador continuó.

—También suspendieron dos contratos de inversión.

Julián dejó lentamente la copa sobre la mesa.

—¿Quién los suspendió?

Hubo unos segundos de silencio.

—Grupo Cárdenas.

El corazón le dio un vuelco.

—¿Qué tiene que ver Grupo Cárdenas con nosotros?

—Casi todo.

El contador respiró profundamente.

—Ellos eran los inversionistas principales detrás del fondo que financiaba nuestros proyectos.

Julián sintió un nudo en el estómago.

—Eso nunca me lo dijeron.

—Porque la inversión se aprobó por recomendación personal de la señora Sofía.

La sonrisa desapareció del rostro de doña Patricia.

—¿Qué sucede?

Él no respondió.

Otro mensaje llegó inmediatamente.

“Reunión extraordinaria del consejo. Presencia obligatoria.”

Luego otro.

“Los socios desean revisar la continuidad del director general.”

Julián comenzó a sudar.


Al mismo tiempo, Arturo acompañaba a su hija hasta una habitación privada en uno de sus hospitales.

Una ginecóloga la revisó cuidadosamente.

Al terminar, miró a Arturo con seriedad.

—El esfuerzo que hizo hoy pudo haber abierto parcialmente la herida quirúrgica.

El empresario cerró los ojos.

Durante unos segundos nadie habló.

Después preguntó:

—¿Podría haberse evitado?

La doctora respondió sin dudar.

—Sí.

Si hubiera sido trasladada adecuadamente y hubiera guardado reposo.

Arturo salió de la habitación.

Llamó a su director jurídico.

—Quiero que preparen la documentación del divorcio.

Hizo una pausa.

—Y revisen absolutamente todos los contratos donde aparezca la empresa de Julián Rivas.

—¿Desea cancelar los convenios?

Arturo miró por la ventana.

—No.

Su voz sonó completamente serena.

—Quiero que revisen cuáles dependían exclusivamente de la confianza que teníamos en él.

Porque esa confianza acaba de terminar.

En ese momento, el teléfono volvió a sonar.

Era el presidente del consejo de una de las empresas donde Julián acababa de obtener un importante contrato.

—Arturo, nos enteramos de lo ocurrido con tu hija.

Él respondió con calma.

—Sí.

—Antes de continuar con el proyecto… necesitamos saber si Grupo Cárdenas sigue respaldando al ingeniero Rivas.

Arturo guardó silencio unos segundos.

Luego respondió con una sola frase:

—A partir de este momento, no.

Al otro lado de la línea también hubo silencio.

Porque todos entendieron lo que esa respuesta significaba.

Y, mientras Julián seguía sentado frente a un plato que ya no podía probar, comenzaba a descubrir que el mayor error de su vida no había sido dejar a su esposa recién operada en una parada de autobús.

Había sido no darse cuenta de quién era la mujer que llevaba años caminando a su lado.

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