PARTE 2: La Llamada Del Registro

Esa noche casi nadie durmió.

Camila terminó acurrucada entre Rosa y Daniela.

Emiliano fingía dormir sobre el colchón, pero cada vez que un automóvil pasaba por la calle levantaba la cabeza creyendo que era su padre.

Héctor permaneció sentado frente a la mesa de plástico.

La escritura seguía abierta.

No dejaba de mirar aquella fecha.

Treinta y cinco años revisando contratos de obra le habían enseñado algo muy simple:

Las mentiras grandes siempre se escondían detrás de un detalle pequeño.

A las ocho de la mañana sonó el timbre.

Arturo llegó quince minutos antes de la hora que le habían impuesto.

Entró con un traje impecable, un maletín de cuero y la misma sonrisa segura que usaba en los tribunales.

Al ver a sus padres, fingió sorpresa.

—Papá… mamá… ¿qué hacen aquí?

Ninguno respondió.

Su mirada terminó encontrándose con Daniela.

—¿Era necesario involucrarlos?

Ella permaneció en silencio.

Héctor habló primero.

—Siéntate.

Arturo obedeció.

Rosa colocó sobre la mesa la fotografía del mensaje que había enviado la noche anterior.

—¿Amenazar a la madre de tus hijos también forma parte de tu estrategia legal?

Arturo perdió la sonrisa.

—Sacaron esa conversación de contexto.

—¿Cuál contexto? —preguntó Héctor—. ¿El de los niños durmiendo en el piso?

Arturo respiró hondo.

—Daniela exagera. Ella decidió irse.

Daniela abrió lentamente la carpeta.

Sacó la escritura.

Luego colocó otra hoja al lado.

—¿Reconoces este documento?

Arturo apenas le echó un vistazo.

—Sí.

—¿Juras que esa fecha es correcta?

Él sostuvo la mirada.

—Por supuesto.

En ese instante sonó el teléfono de Daniela.

Todos miraron la pantalla.

Registro Público de la Propiedad.

Nadie habló.

Ella contestó.

—Buenos días.

Una voz seria respondió al otro lado.

—Señora Cruz, ya tenemos la copia certificada del folio real que solicitó.

Daniela activó el altavoz.

Arturo cambió de postura.

—Encontramos una inconsistencia importante.

Héctor cruzó lentamente los brazos.

—¿Qué clase de inconsistencia?

—La escritura presentada durante el proceso judicial no coincide con la que obra en nuestros archivos.

Arturo se quedó inmóvil.

La funcionaria continuó.

—La fecha de adquisición fue modificada.

El silencio cayó sobre el departamento.

—Además…

La mujer hizo una breve pausa.

—El número de protocolo notarial corresponde a otra operación inmobiliaria realizada ese mismo año.

Rosa llevó una mano a la boca.

—¿Está diciendo que…

—Sí, señora.

La voz sonó completamente firme.

—El documento presentado ante el juzgado no corresponde al registro oficial.

Héctor levantó lentamente la vista hacia su hijo.

—¿Falsificaste una escritura?

Arturo intentó reaccionar.

—Debe tratarse de un error administrativo.

La funcionaria respondió antes de que alguien más hablara.

—No parece un error.

Tenemos registrada una solicitud realizada hace cuatro meses para obtener una copia simple del documento original.

—¿Quién la solicitó?

—El licenciado Arturo Cárdenas.

Nadie respiró.

—Y tres semanas después apareció presentada ante el juzgado una versión con la fecha alterada.

Arturo comenzó a sudar.

Intentó levantarse.

—Tengo otra reunión.

Héctor golpeó la mesa con la palma.

—¡Siéntate!

Por primera vez desde que había entrado, Arturo obedeció sin decir una palabra.

La llamada terminó pocos segundos después.

El departamento quedó completamente en silencio.

Daniela cerró despacio la carpeta.

No sonreía.

No sentía satisfacción.

Solo un enorme cansancio.

Entonces alguien volvió a llamar a la puerta.

Era un mensajero judicial.

—¿Señora Daniela Cruz?

Ella asintió.

El hombre le entregó un sobre sellado.

—Notificación urgente de la Fiscalía Especializada en Delitos Patrimoniales.

Daniela lo abrió delante de todos.

Leyó la primera página.

Después levantó lentamente la vista hacia Arturo.

Su rostro perdió completamente el color.

La notificación no era para ella.

Era una orden para conservar toda la documentación relacionada con la escritura porque, esa misma mañana, la Fiscalía acababa de abrir una investigación penal por presunta falsificación documental… y el primer nombre que aparecía como investigado era el del abogado Arturo Cárdenas.

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