PARTE 2: LA JEFA INVISIBLE

Llegué a Harper Group cuarenta minutos después.

Julia me esperaba frente al ascensor.

—Stella, prepárate.

—¿Qué pasó?

Me mostró su teléfono.

Olivia había enviado por error una fotografía al grupo general de la empresa.

Era una selfie tomada desde el despacho privado de Daniel.

Detrás de ella se veía claramente su escritorio.

Y debajo escribió:

“Parece que pronto dejaré de ser solo una asistente.”

Pero eso no era lo peor.

Cuando entré al departamento, Olivia estaba llorando frente a Recursos Humanos.

Daniel permanecía junto a ella.

—Fue un malentendido —decía él—. No conviertan esto en un problema mayor.

Entonces me vio.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Stella. Por fin apareces. ¿Por qué bloqueaste mi número?

Todos nos miraron.

Dejé mi identificación sobre su escritorio.

—Renuncio.

Daniel palideció.

—¿Qué?

Olivia levantó la cabeza. Durante un instante vi satisfacción en sus ojos.

—Stella —dijo con falsa preocupación—, no tienes que renunciar por mi culpa.

La miré.

—No estoy renunciando por ti.

Después miré a Daniel.

—Estoy renunciando porque finalmente entendí que desperdicié demasiado tiempo aquí.

Daniel me siguió hasta el ascensor.

—¿Todo esto por una copa de vino?

Las puertas estaban a punto de cerrarse.

Lo miré por última vez.

—No. La copa simplemente me despertó.

Dos semanas después estaba en Nueva York.

Mi padre me nombró directora de la nueva sucursal de Sterling Global.

Durante meses trabajé sin pensar en Daniel.

Hasta que nuestro equipo consiguió el contrato más importante del año: una alianza tecnológica valorada en cientos de millones.

Había cinco empresas compitiendo.

Una era Harper Group.

El día de las presentaciones entré en la sala de juntas con mi equipo detrás.

Daniel estaba sentado al otro extremo de la mesa.

Olivia estaba junto a él.

Cuando me vio, Daniel se levantó lentamente.

—Stella…

Olivia frunció el ceño.

—¿Qué haces aquí?

Mi asistente colocó una carpeta frente a mí.

—Señorita Sterling, todos están preparados.

El rostro de Daniel perdió el color.

Nunca le había contado toda la verdad sobre mi familia.

Él sabía que mis padres tenían dinero.

Pero jamás supo cuánto.

Ni que Sterling Global pertenecía a ellos.

Ni que yo era su única heredera.

Tomé asiento en la cabecera.

—Buenos días, señor Harper.

Daniel seguía mirándome como si acabara de conocerme.

—¿Tú eres… la directora?

—Así es.

Olivia soltó una pequeña risa nerviosa.

—Pero ella trabajaba como empleada común en nuestra empresa.

—Porque quería aprender desde abajo —respondió mi padre desde la puerta.

Todos se levantaron.

Richard Sterling entró acompañado por varios ejecutivos.

Miró a Daniel y añadió:

—Mi hija nunca necesitó Harper Group. Estaba allí porque quería estar cerca de alguien.

El silencio fue brutal.

Daniel comprendió finalmente todo lo que había perdido.

Después de las presentaciones, Harper Group quedó eliminado.

No por venganza.

Simplemente su propuesta era inferior.

Daniel me esperó en el estacionamiento.

—Stella, dame otra oportunidad.

Seguí caminando.

—Olivia ya no trabaja conmigo —añadió desesperadamente—. Descubrí que llevaba meses filtrando información y utilizando mi nombre para conseguir beneficios. La despedí.

Me detuve.

—Eso ya no tiene nada que ver conmigo.

—Te amo.

Antes, esas dos palabras habrían sido suficientes.

Ahora no significaban nada.

—Entonces debiste recordarlo aquella noche antes de salir por esa puerta.

Subí al automóvil.

Daniel permaneció inmóvil mientras nos alejábamos.

Pensé que aquella era la última vez que tendría que verlo.

Pero al llegar a mi oficina, mi asistente dejó un expediente confidencial sobre mi escritorio.

—Señorita Sterling, Legal encontró algo durante la revisión de Harper Group.

Abrí la carpeta.

Había transferencias, contratos alterados y correos internos.

Todos llevaban la autorización digital de Daniel.

Pero las direcciones de acceso pertenecían a otra persona.

Olivia Reed.

Mi asistente bajó la voz.

—Parece que esa mujer no entró en Harper Group para conquistar al señor Harper.

Levanté la mirada.

—Entonces, ¿para qué entró?

Deslizó una última fotografía hacia mí.

Olivia aparecía estrechando la mano del mayor competidor de Daniel.

—Para destruirlo.

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