—Clara —repitió Julian—. ¿Ese bebé es mío?
Seguí revisando los estudios de Chloe.
—Ahora estamos atendiendo a tu hija.
La radiografía confirmó una fractura sin complicaciones. Mientras preparábamos la inmovilización, Chloe volvió a mirar mi vientre.
—Papá, si es tu bebé… entonces sí sería mi hermanita, ¿verdad?
Julian cerró los ojos.
—Sí, cariño.
Lo miré de golpe.
—No tienes derecho a responder eso.
Chloe percibió la tensión.
—¿Hice algo malo?
Me acerqué inmediatamente.
—Nada. Los adultos somos los complicados.
Cuando terminamos, Chloe tendría que permanecer un rato en observación.
Julian me alcanzó en el pasillo.
—¿Cuándo pensabas decírmelo?
—No lo sabía cuando terminamos.
—¿Y después?
Lo miré.
—Después recordé tus palabras: “No sé cómo construir una familia”.
Julian bajó la cabeza.
—Clara, aquello no significaba que no te amara.
—Pues elegiste una forma bastante convincente de demostrarlo.
Antes de que respondiera, Chloe apareció acompañada por una enfermera.
—Papá.
Julian se acercó.
La niña le susurró algo.
Él quedó inmóvil.
—¿Qué dijiste?
Chloe señaló mi vientre.
—La abuela ya sabía del bebé.
Mi respiración se detuvo.
Julian palideció.
—¿Cómo que sabía?
—La escuché hablando por teléfono hace meses. Dijo que la doctora Clara estaba embarazada y que era mejor que tú nunca lo supieras.
Julian me miró.
Esta vez ya no había confusión en sus ojos.
Había furia.
Sacó inmediatamente el teléfono.
—Mi madre te alejó de mí.
Negué lentamente.
—No, Julian.

Él se quedó quieto.
—Tu madre ocultó mi embarazo.
Me acerqué un paso.
—Pero quien me hizo creer que no tenía lugar en tu vida fuiste tú.
Y por primera vez comprendió que descubrir que iba a ser padre no significaba recuperar automáticamente a la mujer que había perdido.