PARTE 2: LA HERENCIA MALDITA.

El mundo dejó de girar durante un instante.

Maxwell observó la pantalla sin parpadear.

El nombre seguía allí.

Margaret Callahan.

Su madre llevaba seis meses muerta cuando aquella autorización había sido registrada.

Era imposible.

—Eso debe de ser un error —dijo con una calma que no sentía.

La enfermera negó con la cabeza.

—La restricción sigue activa. Cualquier tratamiento que supere los diez mil dólares requiere la aprobación del fideicomiso.

Eleanor palideció.

—Por eso siempre rechazaban las cirugías…

La frase quedó suspendida en el aire.

Maxwell giró lentamente hacia ella.

—¿Qué cirugías?

Los ojos de Eleanor se llenaron de lágrimas.

—Sophie nació con una malformación cardíaca. Los médicos dijeron que podía corregirse, pero cada vez que encontrábamos un especialista… aparecía la misma respuesta. Cobertura denegada. Fondos bloqueados. Expediente restringido.

Maxwell sintió que la sangre le hervía.

—¿Cuánto tiempo lleva enferma?

—Desde que nació.

Sophie tosió otra vez.

Su pequeño cuerpo tembló en brazos de su madre.

La enfermera miró el monitor y llamó inmediatamente a un pediatra.

Dos médicos entraron corriendo.

—Necesitamos llevarla a observación.

Eleanor besó la frente de su hija antes de entregarla.

Sophie extendió la mano.

—Mami…

—Estoy aquí, mi amor.

Luego la niña miró a Maxwell.

—¿Tú también vienes?

Él sintió un nudo en la garganta.

—Sí.

No volvería a faltar.

Jamás.

Las puertas de la unidad pediátrica se cerraron.

El silencio entre Maxwell y Eleanor era insoportable.

—Nunca dejé de buscarte —dijo él.

Ella sonrió con tristeza.

—Yo tampoco dejé de intentar encontrarte.

Maxwell sacó el teléfono.

—Quiero saber quién mantiene vivo ese fideicomiso.

Marcó un número que muy pocas personas tenían.

—Nathan.

Su director de seguridad respondió al instante.

—Señor.

—Necesito todo el historial del fideicomiso familiar. Cada firma. Cada modificación. Cada abogado. Cada administrador. Quiero nombres antes de una hora.

—Entendido.

—Y una cosa más.

Su voz se volvió de acero.

—Si alguien ha utilizado el nombre de mi madre para bloquear el tratamiento de una niña enferma… destrúyelo legalmente antes del amanecer.

Nathan guardó silencio unos segundos.

—Eso significa que el enemigo está dentro de la familia.

—Exactamente.

Colgó.

Eleanor lo observaba sin decir una palabra.

Por primera vez en tres años veía al hombre que había construido un imperio.

Pero también veía algo diferente.

A un padre.

En ese momento un cardiólogo salió de la sala de exploración.

Su expresión era demasiado seria.

—¿Los padres de Sophie?

Ambos dieron un paso al frente al mismo tiempo.

El médico respiró hondo.

—Necesitamos operarla cuanto antes. Pero antes hay algo que deben saber.

Encontramos evidencia de que el historial médico de Sophie fue alterado deliberadamente hace casi dos años.

Alguien no solo intentó impedir que recibiera tratamiento.

Alguien quería asegurarse de que nunca sobreviviera para contarlo.

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