PARTE 2: LA HEREDERA QUE NADIE ESPERABA

El hombre sonrió con serenidad.

—No me he equivocado, señorita Jiang Rou.

Sacó una carpeta de cuero negro y extrajo un documento con varios sellos oficiales.

—Hace veintidós años, por motivos de seguridad, la hija biológica del presidente del Grupo Gu fue entregada temporalmente a otra familia.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

—¿Qué… quiere decir?

Chen Feng colocó sobre la mesa varias fotografías antiguas.

En una aparecía una mujer joven sosteniendo a un bebé envuelto en una manta color marfil.

En otra, el mismo bebé llevaba una pequeña pulsera de jade.

El abogado señaló la imagen.

—Esa pulsera sigue en su poder, ¿verdad?

Instintivamente llevé la mano hasta mi muñeca.

No la llevaba puesta.

La había guardado desde niña en una caja de madera porque era el único recuerdo que conservaba de mis padres adoptivos.

Nunca imaginé que pudiera significar algo.

—¿Cómo lo sabe?

Chen Feng respiró profundamente.

—Porque fue fabricada exclusivamente para la familia Gu.

Abrió otro documento.

Había un informe de ADN.

Mi nombre aparecía escrito junto al de Gu Zhengting.

Coincidencia biológica: 99,9999 %.

Mis dedos comenzaron a temblar.

—Esto… no puede ser.

Durante veintidós años había creído ser una huérfana.

Había trabajado desde los dieciséis años para pagar mis estudios.

Había aceptado convertirme en la novia de Han Yi porque necesitaba dinero para sobrevivir.

Y ahora…

Alguien me decía que pertenecía a la familia más poderosa del sector joyero.

Chen Feng inclinó ligeramente la cabeza.

—El presidente lleva buscándola más de veinte años.

—Nunca dejó de hacerlo.

Las lágrimas comenzaron a empañar mis ojos.

No sabía qué sentir.

Alegría.

Rabia.

O simplemente incredulidad.

En ese momento, el teléfono volvió a vibrar.

Era Han Yi.

Lo observé unos segundos antes de contestar.

—¿Dónde estás?

Su voz seguía siendo dominante.

—El cliente importante ya llegó.

—No hagas perder mi tiempo.

Miré de reojo al abogado.

Luego respondí con absoluta calma.

—No voy a ir.

Al otro lado hubo un silencio incómodo.

—¿Sabes quién te está esperando?

—El presidente del Grupo Gu.

No pude evitar sonreír.

Qué ironía.

El hombre al que Han Yi quería impresionar estaba sentado justo frente a mí… a través de su representante legal.

—Entonces dile que busque a otra persona.

Colgué antes de escuchar su respuesta.

Chen Feng sonrió discretamente.

—Señorita Jiang, precisamente por eso estoy aquí.

Sacó una elegante caja de terciopelo azul.

Dentro descansaba un anillo antiguo con un enorme diamante amarillo rodeado por pequeñas esmeraldas.

—Es la joya hereditaria de la familia Gu.

—El presidente pidió que se la entregara hoy.

Lo observé sin atreverme a tocarlo.

—¿Y si rechazo todo esto?

El abogado respondió sin vacilar.

—Él respetará cualquier decisión.

—Pero antes desea conocer a su hija.

Sus palabras terminaron de derribar la última barrera que quedaba en mi corazón.

Respiré hondo.

—¿Dónde está?

—En la sede central del Grupo Gu.

—Lleva toda la mañana esperándola.

Mientras tanto, en el hotel Imperial.

Han Yi observaba el reloj por quinta vez.

Su expresión era cada vez más oscura.

—¿Todavía no aparece?

Su asistente negó con nerviosismo.

—No, señor Han.

En ese instante, un alto ejecutivo del Grupo Gu entró en la sala.

Todos los empresarios presentes se pusieron inmediatamente de pie.

Han Yi sonrió con confianza y extendió la mano.

—Es un honor…

Sin embargo, el ejecutivo pasó de largo sin siquiera mirarlo.

Se acercó al micrófono y anunció con voz firme:

—La reunión queda suspendida.

—El presidente ha cancelado toda su agenda de hoy.

Los asistentes comenzaron a murmurar.

—¿Ha ocurrido algo?

El ejecutivo respondió con una sonrisa imposible de ocultar.

—Sí.

—Después de más de veinte años…

—La señorita heredera de la familia Gu ha aparecido.

Toda la sala estalló en exclamaciones.

Han Yi frunció el ceño.

No tenía la menor idea de que, en ese mismo instante…

La mujer a la que acababa de perder iba camino de convertirse en la única heredera de una fortuna valorada en cinco mil millones de yuanes.

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