Cuando los agentes entraron, Julian intentó mantener la calma.
—Todo esto es un malentendido. Mi hija está enferma.
Pero Chloe se aferró al cuello de Eleanor.
—No quiero volver arriba.
La detective se agachó frente a ella.
—Nadie va a llevarte a ningún sitio que no sea seguro.
Mientras un paramédico revisaba a la niña, otro agente recorrió la casa.
Entonces encontró algo extraño.
En el despacho de Julian había una puerta cerrada con llave.
—¿Qué hay ahí?
Julian palideció.
—Documentos privados.
La detective pidió la llave.
—Ábrala.
—No puedo.
—Entonces la abriremos nosotros.
Julian dejó de hablar.
Minutos después, la puerta se abrió.
Dentro no había documentos.
Había una pequeña habitación completamente preparada para un niño.
Una cama.
Una cámara.
Varias cajas etiquetadas con fechas.
Y un armario lleno de medicamentos cuidadosamente organizados.
Eleanor sintió que se le helaba la sangre.
—¿Por qué tenían esto?
Victoria comenzó a llorar.
—No saben lo que están diciendo.
Uno de los agentes abrió una caja.
Dentro había fotografías de Chloe dormida y registros con fechas.
La detective miró a Julian.
—¿Quién tomó estas fotografías?
Él no respondió.
Entonces Chloe, desde el pasillo, vio una de las imágenes.
Su rostro cambió.
—Esa no.
Eleanor se acercó.
—¿Qué pasa, cariño?
Chloe señaló una fotografía concreta.
—Ahí estaba la señora que venía cuando papá decía que yo estaba enferma.
La detective levantó la imagen.
—¿Quién era?
Chloe tragó saliva.
—No sé su nombre.
Luego añadió algo que hizo que todos se quedaran inmóviles.
—Pero ella también estuvo en mi habitación la noche que me dijeron que iba a morir.
La detective intercambió una mirada con su compañero.
Después encontró una carpeta escondida detrás del armario.
En la primera página aparecía el nombre de Chloe.
En la segunda, una fecha.
Y en la tercera, una firma que Eleanor reconoció inmediatamente.
Era la firma del médico de la familia.
Pero había algo imposible.
La fecha de aquel documento era posterior a la supuesta muerte de Chloe.
Eleanor miró a Julian.
—¿Qué hiciste con mi nieta?
Julian no respondió.
Solo bajó la cabeza.
Entonces su teléfono comenzó a sonar.
La pantalla mostró un nombre.
“Dr. Harrison”.
La detective tomó el teléfono antes de que pudiera contestar.

Y justo cuando iba a desbloquearlo, llegó un mensaje.
Solo contenía una frase:
“Si la niña sigue viva, todos estamos en peligro.”