Parte 2: La Habitación 1208

El taxi se detuvo frente al Hospital de Maternidad y Ginecología Ruihe exactamente veinte minutos después.

Respiré hondo antes de bajar.

El edificio era impecable.

Cristales relucientes, jardines perfectamente cuidados y un silencio elegante que contrastaba con el caos que llevaba dentro.

Nada más entrar, el aroma a flores frescas y desinfectante me envolvió.

Me acerqué al mostrador de información.

—Buenos días. Busco a la señora Shen Rou.

La recepcionista levantó la vista.

—¿Es usted familiar?

Sonreí con tranquilidad.

—Soy una vieja amiga de la familia.

La mujer consultó el ordenador durante unos segundos.

—Habitación VIP 1208.

—Gracias.

Mientras el ascensor subía, observé cómo los números se iluminaban uno tras otro.

Mi corazón no latía con fuerza.

Al contrario.

Cuanto más cerca estaba de la verdad, más extrañamente serena me sentía.

La puerta de la habitación estaba entreabierta.

Antes de entrar escuché una risa infantil.

Después…

La voz de Gu Yan.

Era una voz que conocía mejor que nadie.

Suave.

Paciente.

Llena de una ternura que nunca había escuchado cuando hablaba conmigo.

—Mírala, Rou.

—Se parece cada día más a ti.

Otra voz respondió entre risas.

—¿Y si termina pareciéndose a ti?

Los dos rieron al mismo tiempo.

Era la risa de una familia.

Empujé la puerta lentamente.

Los tres levantaron la cabeza al mismo tiempo.

Gu Yan quedó completamente inmóvil.

El color desapareció de su rostro.

—¿Jing…?

Shen Rou abrazó instintivamente a la bebé y me observó con curiosidad.

No parecía conocerme.

Eso hizo que todo resultara aún más irónico.

Yo era la esposa legal.

Pero la mujer que ocupaba mi lugar ni siquiera sabía quién era.

Entré despacio, dejando sobre la mesa una caja de frutas que había comprado en la entrada del hospital.

—Vine a felicitar a la nueva mamá.

Mi voz era tranquila.

Tan tranquila que incluso yo misma me sorprendí.

Gu Yan dio un paso hacia mí.

—Jing, salgamos a hablar.

Negué con la cabeza.

—¿Por qué?

Miré a la pequeña niña que dormía entre los brazos de Shen Rou.

Era preciosa.

Inocente.

No tenía culpa de nada.

Después levanté la vista hacia Gu Yan.

—Hace un rato me dijiste que todo podía explicarse.

—Ahora estamos los tres.

—Es el momento perfecto para hacerlo.

El silencio se volvió insoportable.

Shen Rou comenzó a fruncir el ceño.

Miró alternativamente a Gu Yan y a mí.

—Yan…

—¿Quién es esta señora?

Gu Yan abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella.

Sus manos temblaban visiblemente.

Comprendí entonces que había imaginado mil excusas.

Pero jamás había preparado una para decir la verdad delante de las dos mujeres al mismo tiempo.

Saqué lentamente un pequeño sobre blanco de mi bolso.

Lo coloqué sobre la mesa.

—Antes de que empieces a explicar…

—Creo que ambos deberían leer esto primero.

Gu Yan reconoció el documento en cuanto vio el sello rojo de la portada.

Sus pupilas se contrajeron de golpe.

Porque aquel sobre contenía una copia de nuestro certificado de matrimonio.

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