El informe cayó al suelo con un golpe seco.
Lin Ya se quedó inmóvil.
Su rostro perdió todo el color.
Mi suegra fue la primera en reaccionar.
Recogió el documento con manos temblorosas.
Cuanto más leía, más se deformaba su expresión.
Finalmente levantó la cabeza y gritó:
—¡¿Me mentiste?!
Lin Ya retrocedió dos pasos.
—Señora… yo…
—¡Me juraste que estabas embarazada de Mingyuan!
—¡Precisamente por eso acepté que estuviera con una mujer casada!
Su voz resonó por todo el pasillo.
Los médicos y enfermeras intercambiaron miradas incómodas.
Mi marido seguía dentro de la habitación, completamente ajeno a que todos sus secretos acababan de salir a la luz.
El esposo de Lin Ya soltó una carcajada llena de desprecio.
—¿Ahora lo entienden?
—Mientras ustedes soñaban con tener un nieto, ella seguía siendo mi esposa legal.
Sacó otro sobre de documentos.
Esta vez lo abrió delante de todos.
—Aquí están las transferencias.
—Más de cuatro millones de yuanes en dos años.
—Joyas.
—Bolsos.
—Un apartamento.
—Y un coche registrado a nombre de ella.
Mi suegra comenzó a respirar con dificultad.
—¿Qué… qué apartamento?
El hombre señaló directamente la habitación del hospital.
—Pregúnteselo a su hijo.
—Cada centavo salió de las cuentas que compartía con su esposa.
Todos guardaron silencio.
Yo tampoco dije nada.
Simplemente observé cómo el mundo perfecto que habían construido comenzaba a derrumbarse.
En ese momento, el médico salió de la habitación.
—¿Quién es el familiar del señor Fu Mingyuan?
Mi suegra corrió inmediatamente hacia él.
—¡Soy su madre!
—Doctor, por favor, opere a mi hijo.
El médico frunció el ceño.
—Todavía falta la firma del cónyuge.
Ella me señaló con desesperación.
—¡Ella es su esposa!
El médico se volvió hacia mí.
Respiré profundamente.
—Doctor.
—Voy a renunciar oficialmente a cualquier decisión médica sobre él.
Entregaré la documentación correspondiente.
El médico quedó sorprendido.
—Pero…
—Seguimos casados solo en términos legales.
—Nada más.
Mi suegra perdió completamente el control.
—¡Eres una desagradecida!
—¡Después de tres años de matrimonio quieres dejar morir a mi hijo!
La miré con absoluta tranquilidad.
—No.
—Quien puso su vida en peligro fue él cuando decidió entrar en una habitación de hotel con la esposa de otro hombre.
El silencio volvió a caer sobre el pasillo.
Saqué lentamente mi teléfono.
Abrí una carpeta.
Dentro estaban decenas de fotografías.
Capturas de transferencias bancarias.
Reservas de hoteles.
Facturas de restaurantes.
Registros de vuelos.
Incluso las compras del vestido que llevaba Lin Ya.
Todo había sido pagado con una tarjeta de crédito vinculada a la cuenta matrimonial.
Le enseñé la pantalla a mi suegra.
—Mientras yo celebraba sola nuestro aniversario, su hijo utilizaba nuestro dinero para mantener a otra mujer.
Sus manos comenzaron a temblar.
El abogado me llamó en ese mismo instante.
Contesté delante de todos.
—Señora Fu.
—Ya hemos solicitado la preservación judicial de todos los bienes.
—También pediremos una investigación completa sobre las transferencias realizadas durante el matrimonio.
Respondí con calma.
—Perfecto.
—Quiero recuperar hasta el último yuan.
Colgué.
Me di la vuelta para marcharme.
Detrás de mí se escuchó la voz desesperada de Fu Mingyuan.
Había despertado.
—¡Yunxi!
Giré ligeramente la cabeza.
Su rostro seguía cubierto de sangre y vendajes.

Extendía la mano hacia mí con dificultad.
—No te vayas…
—Puedo explicarlo todo…
Lo observé durante unos segundos.
Después sonreí con una serenidad que jamás había sentido.
—Hace tres años me prometiste que este vestido solo lo llevaría la mujer que más amabas.
Señalé a Lin Ya.
—Hoy descubrí que cumpliste exactamente esa promesa.
Sin esperar una respuesta, crucé lentamente las puertas del hospital.
A mi espalda quedaron los gritos de mi suegra, el llanto de Lin Ya y las súplicas desesperadas de Fu Mingyuan.
Por primera vez en tres años de matrimonio, comprendí que abandonar a la persona equivocada no era una pérdida.
Era el comienzo de mi verdadera libertad.