PARTE 2: LA GRABACIÓN SECRETA

—¿Y ahora qué hacemos con ella? —preguntó Iryna.

Su voz sonaba extrañamente tranquila.

Yo seguía inmóvil sobre la alfombra, fingiendo haber perdido el conocimiento.

Mi reloj inteligente continuaba grabando.

—Llamaré a emergencias —respondió Andriy.

—¿Estás loco? —susurró Iryna—. Si despierta, contará todo.

Hubo un silencio.

Después escuché a mi esposo decir:

—Entonces tendremos que asegurarnos de que nadie le crea.

Aquellas palabras me dolieron más que cualquier herida.

No sé cuánto tiempo permanecí allí.

Recuerdo una puerta cerrándose, pasos apresurados y, finalmente, la voz aterrada de nuestra empleada doméstica, Olena.

—¡Señora Natalia!

Después todo se volvió oscuro.

Tres días más tarde desperté en cuidados intensivos.

Una enfermera me explicó que había pasado por una operación de emergencia.

—Tuvo mucha suerte —susurró—. La encontraron a tiempo.

Intenté hablar.

—Mi… reloj…

La enfermera se acercó.

—¿Qué ocurre?

—Necesito mi reloj.

Una hora después entró en mi habitación el detective Viktor Melnyk.

—Señora Natalia, su esposo afirma que usted sufrió un accidente doméstico.

Cerré los ojos.

Incluso después de lo ocurrido, Andriy seguía mintiendo.

—No fue un accidente —respondí débilmente.

Viktor se inclinó hacia mí.

—¿Puede demostrarlo?

Le señalé el reloj que Olena había recuperado.

—Escuche la última grabación.

El detective conectó el dispositivo.

Y la voz de Andriy llenó la habitación.

«Si vuelve a tocar a Iryna, te juro que la mataré».

Después se escucharon mis gritos.

Los pasos.

Y finalmente aquella conversación sobre impedir que contara la verdad.

Viktor permaneció inmóvil.

—Natalia, esta grabación cambia completamente la investigación.

Esa misma tarde, Andriy llegó al hospital con un enorme ramo de rosas blancas.

No sabía que estaba despierta.

Tampoco sabía que el detective esperaba detrás de la puerta.

—Cariño —dijo al verme—, gracias a Dios estás bien.

Lo observé sin responder.

Se acercó a la cama.

—Fue un accidente terrible. Estabas alterada y…

—¿Y me apuñalé dos veces sola?

Su sonrisa desapareció.

—Natalia, ten cuidado con lo que dices.

Entonces levanté lentamente mi muñeca.

Su mirada cayó sobre el reloj.

Y todo el color abandonó su rostro.

—¿Qué hiciste?

—Lo que debí hacer hace mucho tiempo, Andriy. Protegerme de ti.

La puerta se abrió.

Entró Viktor acompañado de dos agentes.

—Señor Andriy Kovalenko, necesitamos que nos acompañe.

Pero antes de que se lo llevaran, mi esposo se volvió hacia mí.

—No sabes con quién te estás metiendo.

El detective lo condujo fuera de la habitación.

Pensé que aquella pesadilla finalmente había terminado.

Me equivocaba.

A la mañana siguiente, Olena llegó al hospital llorando.

—Señora Natalia, tengo que contarle algo.

Le tomé la mano.

—¿Qué ocurre?

Sacó un pequeño sobre de su bolso.

—La señorita Iryna vino al apartamento dos días antes de lo sucedido. La escuché hablando por teléfono.

—¿Con quién?

Olena tragó saliva.

—Con la madre de su esposo.

Sentí un escalofrío.

Mi suegra, Halyna, siempre me había despreciado porque yo no pertenecía a una familia adinerada.

—¿Qué dijeron?

Olena comenzó a temblar.

—Hablaron de un documento que usted debía firmar. Y de que, si no lo hacía, encontrarían otra solución.

Dentro del sobre había una copia de un contrato.

Lo reconocí inmediatamente.

Era un acuerdo de transferencia de acciones.

Tres años antes, cuando Andriy atravesaba dificultades financieras, había utilizado una herencia de mi abuela para salvar su empresa.

A cambio, recibí el treinta por ciento de las participaciones.

Nunca reclamé beneficios.

Confiaba en mi esposo.

Pero ahora alguien había preparado un documento para transferir todas mis acciones a Andriy.

La firma al pie de la página parecía mía.

Sin embargo, yo jamás había firmado aquel contrato.

Llamé inmediatamente al detective.

—Viktor, creo que encontré el verdadero motivo de lo ocurrido.

Dos horas después, un abogado independiente examinó los documentos.

—Natalia, alguien intentó presentar esta transferencia ante el registro mercantil.

—¿Cuándo?

El abogado levantó la mirada.

—La mañana siguiente a su ingreso al hospital.

Sentí que me faltaba el aire.

Mientras yo luchaba por sobrevivir, alguien había intentado quedarse con mi patrimonio.

Entonces Viktor recibió una llamada.

Su expresión cambió.

—Natalia, acabamos de revisar las cámaras del edificio.

—¿Y?

—Encontramos algo que no esperábamos.

Me mostró una fotografía.

Iryna salía de nuestro apartamento aquella noche.

Pero no estaba sola.

A su lado caminaba Halyna.

Mi suegra.

Y entre ambas llevaban una carpeta negra.

La misma carpeta donde Andriy guardaba los documentos originales de mi empresa.

—¿Las van a detener? —pregunté.

—Estamos reuniendo las pruebas necesarias —respondió Viktor—. Pero hay algo más.

Sacó una segunda fotografía.

Mostraba a Halyna entrando en el despacho de un notario.

La fecha era de cinco días antes del ataque.

—¿Qué significa esto?

Viktor me miró seriamente.

—Encontramos un poder notarial que supuestamente usted firmó.

Sentí que el corazón se aceleraba.

—Yo nunca fui a ninguna notaría.

—Lo sabemos. Por eso estamos investigando quién se presentó utilizando su identidad.

Miré el documento.

Y entonces vi el nombre de la persona autorizada para administrar mis acciones.

No era Andriy.

Tampoco Halyna.

Era Iryna Koval.

Pero lo que me dejó sin respiración fue la última página.

Allí aparecía una fotografía de identificación de la mujer que había firmado haciéndose pasar por mí.

Tenía mi mismo cabello.

Mi misma estatura.

Y un rostro sorprendentemente parecido al mío.

Viktor señaló la imagen.

—Natalia, necesitamos que nos diga si conoce a esta mujer.

Me quedé paralizada.

Porque reconocí inmediatamente aquellos ojos.

Eran los ojos de mi hermana gemela, Kateryna.

La hermana que mi familia me había dicho que había fallecido cuando éramos niñas.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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