PARTE 2: La grabación que Julian creyó que había muerto conmigo

Julian miró la ecografía.

—¿Qué es esto?

El doctor Reed no apartó la mirada.

—Su esposa estaba embarazada.

El rostro de Julian quedó completamente inmóvil.

—¿Estaba?

—El embarazo continúa. Son gemelos. Ahora mismo nuestra prioridad es Nora y mantenerla estable.

Julian tuvo que sujetarse al borde de la cama.

Yo cerré los ojos.

No quería verlo llorar.

No después de recordar cómo había protegido a Selina mientras yo necesitaba ayuda.

—Nora… yo no sabía…

Abrí los ojos.

—Eso no habría cambiado nada.

Intentó acercarse.

El doctor Reed se interpuso.

—Ella ha pedido que salga.

—Soy su esposo.

—Y ella está consciente y puede decidir quién entra en esta habitación.

Julian salió.

Aquella misma tarde pedí hablar con la policía.

No necesité explicar demasiado.

Mi reloj había sobrevivido.

La grabación también.

Mi abogada, Evelyn Hart, llegó antes de que los investigadores reprodujeran el archivo completo.

La voz de Julian se escuchaba con claridad:

“Si vuelves a tocar a Selina…”

Después venían mis negativas.

La acusación de Selina.

Y finalmente aquella frase:

“Yo lo hice, Selina. Tal como dijiste. Somos libres.”

Nadie habló durante varios segundos.

Pero Evelyn levantó una mano.

—Escuchen lo que viene después.

Había olvidado que la grabación siguió funcionando.

La voz de Selina apareció otra vez.

—¿Y los documentos?

Julian respondió:

—Cuando Nora desaparezca, las acciones vuelven al fideicomiso Vance.

Sentí frío.

—¿Qué acciones?

Evelyn me miró.

—Eso mismo quiero averiguar.

La investigación financiera comenzó mientras yo seguía hospitalizada.

Tres años atrás, cuando me casé, abandoné mi carrera porque Julian insistió en que no necesitaba trabajar.

Lo que jamás me explicó era que mi matrimonio había activado una antigua cláusula societaria.

Mi padre, Thomas Bennett, había financiado una expansión de Vance Global veinte años atrás.

A cambio recibió una participación que posteriormente quedó dentro de un fideicomiso.

Yo era la beneficiaria.

Julian lo sabía.

Yo no.

Si yo moría sin descendencia, aquellas acciones podían regresar parcialmente al bloque controlado por la familia Vance.

Pero había un problema que Julian desconocía.

Yo ya tenía descendencia.

Dos bebés.

La ecografía acababa de cambiar millones de dólares en derechos sucesorios.

Selina desapareció esa misma noche.

No llegó lejos.

Su teléfono fue entregado posteriormente a los investigadores, y allí apareció algo todavía más extraño.

Meses antes, alguien le había enviado información sobre mi fideicomiso.

No era Julian.

El remitente figuraba como CV Holdings.

Evelyn encontró la sociedad.

Había sido creada por Catherine Vance.

La madre de Julian.

Cuando Julian se enteró, exigió hablar conmigo.

Acepté una sola vez, con mi abogada presente.

—Selina me dijo que tú habías intentado atacarla —dijo.

—Y decidiste creerle.

Bajó la cabeza.

—Sí.

—Lo demás lo determinarán las autoridades.

—Nora, lo de las acciones…

—También.

Se quedó mirándome.

—No sabía que estabas embarazada.

Puse una mano sobre mi vientre.

—No conviertas a mis hijos en tu argumento para pedir perdón.

Julian no respondió.

Antes de salir, Evelyn colocó una fotografía frente a él.

Su madre, Catherine.

Mi padre, Thomas.

Y Selina cuando todavía era una adolescente.

Julian se quedó pálido.

—¿Por qué mi madre conocía a Selina?

—Buena pregunta —dijo Evelyn.

Entonces abrió el último documento recuperado de CV Holdings.

Era un acuerdo firmado catorce años antes de que Julian y yo nos casáramos.

Thomas Bennett había exigido que mi participación jamás pudiera quedar bajo control exclusivo de un Vance mediante matrimonio.

Debajo aparecía una nota manuscrita:

“Si Julian vuelve a acercarse a Selina Cole, revisar inmediatamente el fideicomiso. Catherine conoce la razón.”

Julian leyó aquello tres veces.

—Yo ni siquiera conocía a Nora cuando esto se escribió.

—Exactamente —respondí.

Por primera vez, el miedo en su rostro no tenía nada que ver conmigo.

Porque Julian acababa de descubrir que Selina quizá no había regresado a su vida por casualidad.

Y que su propia madre llevaba años esperando que lo hiciera.

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