Nathan cerró la puerta detrás de él.
Me quedé mirando la pequeña grabadora durante varios segundos antes de tocarla.
—¿La escuchaste? —pregunté.
Él negó con la cabeza.
—No. La encontré entre sus pertenencias cuando llegó. Pensé que quizá podía ayudarla.
Presioné el botón.
Primero solo se escuchó ruido.
Después apareció la voz de Vanessa.
“Adrian, tienes que creerme.”
Sentí que todo mi cuerpo se tensaba.
La grabación continuó.
“Si Clara descubre lo nuestro, lo perderemos todo.”
Hubo un silencio.
Luego escuché a Adrian.
“Ella no sabe nada.”
Vanessa soltó una pequeña risa.
“Todavía.”
Me quedé inmóvil.
No era una conversación de aquel día.
La grabadora había estado funcionando mucho antes de que Vanessa apareciera en mi casa.
Seguí escuchando.
“¿Y si sospecha?”
“Entonces hacemos que parezca inestable.”
La voz de Adrian sonaba tranquila.
Demasiado tranquila.
Vanessa respondió:
“Su embarazo complica las cosas.”
El sonido se interrumpió unos segundos.
Después escuché la frase que hizo que mi sangre se congelara.
“Cuando todo termine, la empresa quedará bajo nuestro control.”
Cerré los ojos.
No querían simplemente separarse de mí.
Querían quitarme todo.
Nathan me observó en silencio.
—¿Quiere que llame a la policía?
Abrí los ojos.
—Todavía no.
—Clara…
—Necesito una copia.
Él asintió.
Mientras Nathan hacía una copia del archivo, mi teléfono comenzó a vibrar.
Era Daniel, mi hermano.
Contesté.
—¿Cómo estás?
—Viva.
Hubo silencio.
—¿Encontraste algo?
Miré la grabadora.
—Sí.
—¿Qué?
—Pruebas de que Adrian y Vanessa estaban planeando quedarse con mi empresa.
Daniel respiró lentamente.
—Entonces ya no tenemos un problema matrimonial.
—No.
Miré hacia la puerta.
—Tenemos un problema criminal.
Tres horas después, Daniel llegó acompañado por dos abogados.
Escucharon la grabación completa.
Nadie habló durante varios segundos.
Finalmente, Daniel cerró la computadora.
—Clara, no vamos a divorciarnos solamente.
Lo miré.
—¿Qué quieres decir?
—Vamos a impedir que esos dos vuelvan a tocar un solo activo tuyo.
Entonces mi teléfono recibió un mensaje.
Era Adrian.
“Encontré algo sobre Vanessa. Necesito verte antes de que sea demasiado tarde.”
Miré la pantalla.
Por primera vez, una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
Porque él todavía no sabía que yo ya tenía la prueba que podía destruirlos.
Y tampoco sabía que Vanessa acababa de cometer otro error.

Había enviado el mensaje desde el mismo número que aparecía en la grabación.
Ahora solo necesitaba descubrir qué había hecho realmente para convertir una mentira en una trampa.
Y esta vez, Adrian tendría que elegir entre salvar a Vanessa…
o salvarse a sí mismo.