El salón permaneció en silencio durante varios segundos.
—¿La Oficina de Inversión Real de Dubái? —repitió uno de los invitados.
Lucas dejó lentamente su copa sobre la mesa.
—Debe tratarse de otra persona.
Su sonrisa ya no era tan segura.
Camila tomó su brazo.
—Claro que sí. Valeria lleva siete años fuera del mercado laboral. ¿Quién va a buscarla desde Dubái?
Algunos invitados asintieron.
Pero otros comenzaron a sacar el teléfono.
Uno de ellos conocía al director Fang.
Otro había trabajado años atrás con Eastern Energy.
Cinco minutos después, un hombre de cabello canoso levantó la vista de su pantalla.
—No creo que sea un error.
Todos lo miraron.
—¿Qué quiere decir?
El empresario mostró el teléfono.
—Acabo de llamar a un viejo colega en Dubái.
Hizo una pausa.
—La señora Valeria Shen sí fue entrevistada esta mañana.
Camila dejó de sonreír.
Lucas sintió un nudo en el estómago.
—¿Y?
—No fue una entrevista cualquiera.
El hombre respiró lentamente.
—La Oficina de Inversión solo entrevista candidatos recomendados internamente.
Eso significa que alguien importante respondió personalmente por ella.
El murmullo comenzó a recorrer el salón.
—¿No era ama de casa?
—¿No llevaba años sin trabajar?
—Entonces… ¿por qué la están buscando desde Dubái?
Lucas apretó la mandíbula.
Por primera vez desde el divorcio…
…no tenía una respuesta.
Mientras tanto, yo caminaba por el distrito financiero junto a Gabriel Zhou.
—Hay algo que todavía no le expliqué —dijo él.
Entramos en una sala de reuniones con enormes ventanales.
Sobre la mesa había varios contratos.
Gabriel me entregó uno.
—No estamos contratando únicamente a una traductora.
Lo abrí.
Mis ojos se detuvieron en la cifra.
Salario anual.
Bonificación.
Acciones.
Alojamiento.
Vehículo.
Seguro internacional.
Era más dinero del que Lucas ganaba en tres años como director general.
—¿Esto… es correcto?
Gabriel sonrió.
—Su antiguo director insistió en que no le hiciéramos perder el tiempo con una oferta mediocre.
Me quedé inmóvil.
Siete años.
Siete años creyendo que había desperdiciado mi talento.
Y bastó una sola llamada para descubrir que el mundo nunca me había olvidado.
Solo había estado esperando que yo regresara.
En China, la boda continuaba.
O al menos lo intentaba.
El maestro de ceremonias levantó el micrófono.
—Invitamos a los novios a brindar…
Antes de terminar la frase…
…el teléfono de Lucas vibró.
Era el presidente de su empresa.
Contestó.
—Presidente Wang…
La voz del otro lado no sonaba feliz.
—¿Es cierto que tu exesposa está en Dubái?
Lucas frunció el ceño.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque hace veinte minutos recibimos una consulta de un fondo soberano.
Quieren saber quién desarrolló las negociaciones con Eastern Energy hace años.
Dicen que necesitan a esa persona para un proyecto internacional.
Lucas sintió un escalofrío.
—Era… Valeria.
Hubo silencio.
Después llegó la pregunta que le cortó la respiración.
—¿Y por qué dejaste escapar a una profesional así?
No supo responder.
Camila se acercó.
—¿Qué pasó?
Lucas guardó el teléfono.
—Nada.
Pero ella conocía demasiado bien esa expresión.
Era la misma que ponía cuando perdía un contrato importante.
A las nueve de la noche recibí una llamada.
—Señora Shen.
—¿Sí?
—Felicidades.
El comité aprobó su contratación por unanimidad.
Queremos que empiece el próximo lunes.
Miré las luces de Dubái reflejadas sobre el Golfo Pérsico.
—Acepto.
Gabriel sonrió.
—Hay algo más.
—¿Qué sucede?
—Nuestro principal socio para el proyecto en Asia acaba de cambiar.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Quién es?
Gabriel revisó una carpeta.
—Grupo Cole International.
Sentí una extraña ironía.
Era exactamente la empresa donde Lucas acababa de ser nombrado vicepresidente.
—¿Trabajará con ellos? —pregunté.
Gabriel negó con calma.
—No.
Usted dirigirá las negociaciones.
Ellos tendrán que convencerla a usted.
No al revés.
Esa misma noche, cuando los invitados comenzaban a marcharse, uno de los socios más importantes de Lucas levantó su copa y preguntó sonriendo:
—Lucas… una curiosidad.
Él levantó la vista.
—¿Sí?
—La brillante especialista que ahora negociará desde Dubái…
¿No es la misma mujer de la que acabas de decir hace unas horas que “nadie volvería a contratar”?
La música seguía sonando.

Pero nadie volvió a brindar.
Porque una sola frase…
…acababa de arruinar por completo la boda de Lucas.