La imagen quedó congelada sobre la pantalla.
Nadie habló.
El salón entero permanecía inmóvil, con los ojos fijos en el sobre blanco que Manrong había recibido apenas unos minutos antes del supuesto accidente.
El asistente acercó la imagen.
La resolución aumentó poco a poco.
Entonces apareció claramente un sello en relieve.
No pertenecía a Manrong.
Tampoco a ningún empleado de la familia.
El señor Lu entrecerró los ojos.
—Acérquelo un poco más.
El asistente obedeció.
Un murmullo recorrió la sala.
La firma al pie del documento era perfectamente reconocible.
Manrong dio un paso hacia atrás.
—No… eso no demuestra nada.
El señor Lu no apartó la vista de la pantalla.
—Todavía no hemos terminado.
Hizo un gesto al asistente.
La grabación siguió avanzando.
En ella podía verse cómo el hombre que entregó el sobre hablaba apenas unos segundos con Manrong.
No había audio.
Pero sí un detalle que nadie había advertido.
Antes de marcharse, señaló directamente hacia Shengyi.
Y Manrong asintió.
Después guardó el sobre en su bolso.
Cinco minutos más tarde ocurrió el supuesto choque.
El ambiente se volvió irrespirable.
La hermana de Manrong comenzó a perder la seguridad.
—Manrong…
¿Qué había dentro de ese sobre?
—Nada importante.
Respondió demasiado rápido.
El señor Lu giró lentamente la cabeza.
—Si no era importante…
¿Por qué lo escondiste apenas ocurrió el incidente?
Manrong abrió la boca.
No respondió.
En ese momento, el asistente sacó una carpeta transparente.
—Señor Lu.
Encontramos esto en el bolso de la señorita Manrong.
La dejó sobre la mesa.
Dentro estaba el mismo sobre blanco.
Intacto.
Sin abrir.
El señor Lu pidió unos guantes.
Sacó cuidadosamente el documento.
No era una carta.
Era una hoja con instrucciones impresas.
Las primeras líneas hicieron que varios invitados se miraran entre sí.
“Acércate a Shengyi.”
“Provoca el contacto físico.”
“Cae inmediatamente.”
“Insiste en que fue intencional.”
“No respondas preguntas hasta que llegue la familia.”
Un silencio absoluto cayó sobre el salón.
La hermana de Manrong comenzó a temblar.
—Eso… eso no puede ser.
Manrong negó desesperadamente.
—¡Me obligaron!
Fue la primera vez que su voz sonó realmente asustada.
El señor Lu levantó lentamente la mirada.
—¿Quién?
Ella apretó los labios.
Durante unos segundos pareció debatirse entre hablar o seguir callando.
Finalmente bajó la cabeza.
—Me dijeron que si Shengyi quedaba mal delante de todos… nunca podría volver a acercarse a esta familia.
Los invitados comenzaron a murmurar.
Shengyi permanecía inmóvil.
No sentía alivio.
Solo un profundo cansancio.
Había pasado demasiado tiempo intentando demostrar una verdad que nadie quiso escuchar.
El señor Lu dobló cuidadosamente el documento.
—¿Quién te dio estas instrucciones?
Manrong respiró con dificultad.
Miró hacia la puerta.
Como si temiera que alguien fuera a entrar en cualquier momento.
Entonces pronunció un nombre.
Toda la sala quedó completamente en silencio.
Incluso el asistente dejó de escribir.
El señor Lu cerró lentamente la carpeta.
Su expresión cambió por completo.

—Así que… al final sí era él.
Se volvió hacia Shengyi.
—Quiero ofrecerte una disculpa delante de todos.
Debí exigir estas pruebas desde el principio.
Shengyi sintió que las lágrimas amenazaban con salir.
No porque finalmente le creyeran.
Sino porque aquella era la primera vez que alguien con autoridad había decidido comprobar los hechos antes de juzgarla.
Pero el señor Lu aún no había terminado.
Entregó el sobre al asistente.
—Conserven todo.
Las grabaciones.
El documento.
Y el registro de quién entró hoy a esta casa.
Luego miró nuevamente a Manrong.
—Porque esto ya no es un simple conflicto familiar.
Alguien preparó una acusación falsa utilizando pruebas y testigos.
Y pienso averiguar quién estuvo realmente detrás de todo.
En ese instante, el teléfono del asistente vibró.
Leyó el mensaje.
Su rostro perdió el color.
Se acercó rápidamente al señor Lu y le mostró la pantalla.
Él apenas necesitó unos segundos para leer.
Después levantó la vista hacia la puerta principal.
—Parece que nuestro verdadero invitado acaba de llegar.
Todos se giraron al mismo tiempo.
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Y la persona que entró hizo que incluso Manrong rompiera a llorar.