PARTE 2: LA FIRMA QUE LOS DESTRUYÓ

—Lo principal es que Katerina no tenga tiempo de entender qué firmará —dijo Ofelia en la grabación.

Andrei abrió el sobre gris.

—¿Y si lo lee?

—No lo hará. Le diremos que son documentos del seguro de la casa.

Sacó varias hojas.

—En cuanto firme el poder, podrás solicitar el préstamo usando la propiedad como garantía.

Katerina sintió que se le helaba el cuerpo.

Taras pausó el video.

—Hay más.

Volvió a reproducirlo.

Andrei parecía nervioso.

—La casa está únicamente a su nombre.

Ofelia sonrió.

—Precisamente por eso necesitamos su firma.

Después señaló otro documento.

—Cuando el banco libere el dinero, pagas tus deudas. Luego transferimos el resto a mi cuenta.

Katerina dejó de respirar por un instante.

—¿Qué deudas?

Taras abrió otra grabación.

Esta vez Andrei estaba solo, hablando por teléfono.

—Necesito unos días más. Mi esposa acaba de comprar una casa. Vale suficiente para cubrir todo.

Silencio.

—Sí. Ella todavía no sabe cuánto debo.

Katerina cerró los ojos.

Once años de matrimonio.

Y su esposo estaba dispuesto a hipotecar la casa comprada con la herencia de su padre para pagar deudas que jamás le había mencionado.

—Quiero copias de todo —dijo.

Taras asintió.

Dos horas después, Katerina regresó a casa.

Ofelia estaba preparando té.

Andrei apareció con el sobre gris.

—Qué bueno que llegaste. Necesitamos unas firmas para terminar unos trámites de la casa.

Katerina casi sonrió.

Exactamente como en la grabación.

—Claro.

Se sentó.

Ofelia colocó las hojas frente a ella.

—Son formalidades. Firma aquí, aquí y aquí.

Katerina tomó el bolígrafo.

Andrei contuvo la respiración.

Entonces ella preguntó:

—¿Y después de hipotecar mi casa cuánto dinero recibirán?

El rostro de Andrei quedó completamente blanco.

Ofelia dejó caer su taza.

—¿Qué dijiste?

Katerina sacó su teléfono y reprodujo la grabación.

La voz de Ofelia llenó la cocina:

—“Lo principal es que Katerina no tenga tiempo de entender qué firmará…”

Andrei se levantó bruscamente.

—¡¿De dónde sacaste eso?!

—De mi casa.

Katerina guardó el teléfono.

—La misma casa que pensaban robarme.

Ofelia reaccionó primero.

—Estás exagerando. Solo queríamos ayudar a Andrei.

—Entonces ayúdalo con tu casa.

Silencio.

Katerina abrió su bolso.

Sacó tres documentos.

—Esta mañana hablé con mi abogado.

Puso el primero sobre la mesa.

—Revocación de cualquier autorización financiera relacionada conmigo.

Segundo.

—Notificación al banco sobre intento de fraude.

Tercero.

Miró directamente a Andrei.

—Solicitud de divorcio.

Él palideció.

—Katerina, espera.

—Esperé once años.

Ofelia golpeó la mesa.

—¡Esta también es la casa de mi hijo!

Katerina sacó la escritura.

—No.

La deslizó frente a ella.

—La compré con la herencia de mi padre. Está únicamente a mi nombre.

Ofelia leyó la primera página.

Su expresión cambió.

Pero Andrei hizo algo inesperado.

Se echó a reír.

—¿Crees que ganaste?

Sacó su teléfono.

—Mamá, enséñale.

Ofelia permaneció inmóvil.

—¿Enseñarme qué?

Andrei perdió la sonrisa.

—El otro documento.

Katerina miró a su suegra.

Ofelia estaba temblando.

Finalmente abrió un cajón y sacó una carpeta vieja.

—Esto empezó mucho antes de comprar esta casa —susurró.

Dentro había una copia del testamento de Ernest Gritsenko.

Katerina reconoció inmediatamente la firma de su padre.

Pero había una página que nunca había visto.

Una modificación realizada semanas antes de su muerte.

Leyó la primera línea.

Y sintió que el corazón se le detenía.

La herencia que había utilizado para comprar aquella casa…

jamás debía haber llegado a sus manos.

Alguien había falsificado el documento original.

Y debajo aparecía el nombre de la persona que había realizado el trámite.

Andrei Kovalchuk.

Katerina levantó lentamente la mirada.

Andrei ya no sonreía.

Porque acababa de comprender algo demasiado tarde.

Su plan para robar la casa había abierto una investigación mucho más peligrosa.

Una que podía demostrar que llevaba años robándole a su esposa.

Y esta vez, Katerina tenía la grabación.

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