PARTE 2: LA FIRMA QUE LO HUNDIÓ

Flynn llamó diecisiete veces antes de que mi avión despegara.

No respondí.

Cuando aterrizamos en Seattle, había cuarenta y tres mensajes.

Los primeros eran arrogantes.

“¿Dónde estás?”

“Deja de comportarte como una niña.”

Después cambiaron.

“Mabel, tenemos que hablar.”

Y finalmente:

“¿Qué demonios hiciste con las acciones?”

Sonreí por primera vez desde que encontré aquel diario.

Phoebe había sido rápida.

Las provisiones de emergencia suspendían inmediatamente todos los derechos de representación que Flynn ejercía sobre las acciones de mi fideicomiso.

Sin ellas, su control sobre Vance Global quedaba peligrosamente debilitado.

Pero todavía faltaba algo.

Mi hermana Nora me recibió en el aeropuerto.

Cuando vio mi rostro, no hizo preguntas. Solo me abrazó y me llevó a casa.

A la mañana siguiente, Phoebe llamó.

—Flynn convocó una reunión extraordinaria del consejo.

—Perfecto.

—Mabel, hay otra cosa. Revisamos las fechas escritas en el diario.

Me incorporé.

—¿Qué encontraron?

—La fusión que menciona repetidamente depende de que Vance Global mantenga determinado porcentaje de votos hasta el cierre.

Entendí inmediatamente.

Mis acciones.

Flynn no se había casado conmigo únicamente porque yo era una “buena imagen”.

Me necesitaba para conservar su empresa.

—¿Cuándo es la reunión?

—En dos horas.

—Conéctame.

Cuando mi rostro apareció en la pantalla de la sala de juntas, Flynn quedó inmóvil.

Selina estaba sentada detrás de él.

Aquello eliminó cualquier duda que pudiera quedarme.

—Mabel —dijo Flynn entre dientes—. Estás embarazada. No deberías estar involucrándote en asuntos corporativos ahora.

Casi sonreí.

—Durante nueve años negocié adquisiciones más grandes que esta compañía, Flynn. Creo que sobreviviré a una videollamada.

Algunos directores se miraron entre sí.

Flynn jamás les había contado eso.

Phoebe tomó la palabra.

Informó al consejo que mi fideicomiso retiraba todas las autorizaciones concedidas a Flynn y solicitaba una auditoría independiente sobre la próxima fusión.

Selina se levantó.

—Esto es ridículo. Está haciendo una escena porque descubrió que Flynn tuvo una relación antes de conocerla.

Abrí el diario frente a la cámara.

—París. Hace once meses.

Pasé otra página.

—Londres. Hace siete.

Otra.

—Aspen. Hace nueve semanas.

Selina volvió a sentarse.

Flynn palideció.

Pero no mostré las fotografías.

No necesitaba humillarme públicamente para destruir su mentira.

Solo entregué al consejo lo relevante para la empresa.

—Aquí también hay notas sobre la fusión, accionistas y conversaciones confidenciales que Flynn compartió con una persona ajena a Vance Global.

Eso sí cambió la habitación.

El presidente del consejo miró a Flynn.

—¿Compartió información confidencial con la señorita Cole?

—Puedo explicarlo.

La reunión duró cuatro horas.

Al terminar, la fusión había sido suspendida.

Flynn fue apartado temporalmente como CEO mientras comenzaba una investigación interna.

Esa noche volvió a llamarme.

Esta vez respondí.

—Mabel, vuelve a Nueva York.

—No.

—Podemos salvar nuestro matrimonio.

Miré mi vientre.

—Tú escribiste que yo era útil.

Silencio.

—Estaba confundido.

—También escribiste que nunca me iría porque no tenía adónde ir.

No respondió.

—Te equivocaste, Flynn.

Colgué.

Seis semanas después nació mi hija.

Flynn no estuvo allí.

Yo sí.

Mi hermana también.

Y cuando sostuve a mi bebé por primera vez, comprendí cuánto tiempo había desperdiciado intentando convencer a un hombre de que me valorara.

El divorcio comenzó poco después.

Pero la verdadera sorpresa llegó durante la auditoría.

Phoebe apareció una mañana con una carpeta.

—Tenemos un problema.

—¿Qué ocurrió?

Colocó varios documentos frente a mí.

Flynn había utilizado información relacionada con mi fideicomiso para respaldar ciertas operaciones de Vance Global sin mi autorización.

Pero las instrucciones no habían salido únicamente de él.

Había correos.

Muchos.

Todos enviados desde una cuenta privada.

Leí el nombre asociado y sentí que se me helaba la sangre.

Selina Cole.

Phoebe señaló la última página.

—Mabel, creemos que Selina nunca volvió con Flynn porque siguiera enamorada de él.

—¿Entonces por qué?

Phoebe me mostró el organigrama de la empresa que pretendía fusionarse con Vance Global.

En lo alto aparecía un apellido que reconocí.

Cole.

El padre de Selina era uno de sus propietarios ocultos.

Miré nuevamente el diario.

De repente, aquellas fotografías románticas parecían diferentes.

Flynn había pensado que estaba utilizando mi matrimonio para recuperar a su antiguo amor.

Pero quizá todo aquel tiempo había sido él quien estaba siendo utilizado.

Y yo acababa de encontrar la pieza que podía demostrarlo.

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