PARTE 2 — La dueña del imperio

El restaurante entero quedó en silencio.

Ni siquiera el pianista siguió tocando.

Arturo miró la carpeta roja como si pudiera incendiarla con los ojos.

—Mariana… hablemos en privado.

Ella sonrió con una serenidad que él nunca le había conocido.

—Llevas doce años tomando decisiones sin preguntarme. Hoy la conversación será aquí.

Camila se puso de pie, incómoda.

—Yo no sabía que este hotel…

Mariana la interrumpió con amabilidad.

—Que pertenecía a mi familia.

Camila bajó la mirada.

—No.

No lo sabía.

Mariana asintió.

Le creyó.

Porque el verdadero problema nunca había sido aquella mujer.

Era el hombre que llevaba años construyendo mentiras.

Arturo dio un paso al frente.

—Estás exagerando. Podemos resolver esto en casa.

Teresa Murillo, la abogada de Mariana, apareció junto a la mesa.

Dejó un segundo portafolio sobre el mantel.

—Señor Ledesma, le recomiendo que permanezca tranquilo.

Arturo la reconoció de inmediato.

Había trabajado con don Efraín desde antes de que él conociera a Mariana.

Aquello ya no era una discusión matrimonial.

Era un asunto legal.

Mariana abrió lentamente la carpeta.

—Durante años pensé que administrabas el patrimonio de mi padre.

Sacó el primer documento.

—Después descubrí que abriste cuatro empresas con prestanombres.

Otro documento.

—Que transferiste millones en contratos simulados.

Otro más.

—Y que utilizaste mi firma para garantizar un préstamo por treinta y ocho millones de dólares.

Los comensales comenzaron a mirarse entre sí.

Algunos conocían a Arturo.

Otros conocían el apellido Alvarado.

Nadie esperaba presenciar aquella escena.

Arturo golpeó la mesa con la palma.

—¡Eso es falso!

Teresa deslizó un informe pericial.

—El análisis grafoscópico concluye que la firma fue falsificada.

Arturo guardó silencio.

Mariana no levantó la voz.

—Lo que todavía no entiendo es por qué elegiste este hotel.

Él intentó recuperar la compostura.

—Solo quería pasar un fin de semana.

Ella negó lentamente.

—No.

Elegiste el único lugar donde mi padre nos enseñó que el respeto vale más que el dinero.

Y lo convertiste en el escenario de tu traición.

Camila dio un paso atrás.

Miró a Arturo.

—¿Me dijiste que el grupo hotelero era prácticamente tuyo?

Él no respondió.

—¿También era mentira?

Otra vez, silencio.

Camila dejó el bolso sobre la silla.

—Entonces yo también fui engañada.

Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y caminó hacia la salida del restaurante.

Arturo intentó detenerla.

—¡Camila!

Ella no volvió la vista.

Cuando desapareció por la puerta principal, Arturo quedó solo.

Por primera vez en muchos años.

Mariana tomó los papeles del divorcio.

Los empujó lentamente hacia él.

—Aquí está la demanda de divorcio.

Después colocó otra carpeta encima.

—Y aquí la demanda civil por administración fraudulenta.

Arturo sintió que el color abandonaba su rostro.

—No harías eso.

Mariana sostuvo su mirada.

—Ya lo hice.

En ese instante, el gerente del hotel se acercó acompañado por dos elementos de seguridad.

—Señor Ledesma.

Arturo levantó la vista.

—¿Qué?

El gerente habló con absoluto respeto.

—Por instrucciones de la presidenta del Grupo Alvarado, todos sus accesos a las propiedades de la cadena han sido cancelados.

Arturo soltó una risa incrédula.

—¿Presidenta?

Miró a Mariana.

—¿Desde cuándo?

Ella tomó una pequeña llave plateada del bolsillo de su saco.

Era la misma llave maestra que su padre había llevado durante décadas.

—Desde hace seis meses.

Arturo frunció el ceño.

—Eso es imposible.

Mariana dejó la llave sobre la mesa.

—Mientras tú estabas ocupado escondiendo amantes… yo estaba recuperando la empresa.

Teresa abrió el último documento del portafolio.

—Y todavía falta una noticia más, señor Ledesma.

Arturo la miró sin comprender.

La abogada acomodó cuidadosamente una resolución con el sello del tribunal mercantil.

—Esta mañana, el juez autorizó una auditoría completa del Grupo Alvarado.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Y los primeros resultados indican que el dinero desaparecido no termina en las empresas fantasma… sino en una cuenta cuyo único titular es usted.

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