PARTE 2: LA DIRECTORA QUE NUNCA DEBIÓ ENTRAR

Mariana no respondió.

Siguió mirando la fotografía durante varios segundos.

Rodrigo sonreía de una forma que hacía años no sonreía con ella.

La mujer pelirroja llevaba un traje azul marino, un portafolio de piel y las llaves de un departamento que, muy probablemente, él había comprado con dinero que ambos habían ganado.

Finalmente habló.

—¿Cómo se llama?

—Valeria Sosa.

Mariana cerró los ojos.

El nombre le resultaba familiar.

Muy familiar.

Damián continuó.

—Trabajó tres años en una consultora financiera de Monterrey. Hace seis meses entró a TechNova MX como asesora externa.

Hace dos semanas apareció registrada como directora financiera.

Mariana sintió un escalofrío.

—Yo nunca firmé ese nombramiento.

—Lo sé.

Por eso seguí investigando.


Esa misma noche se reunieron en la oficina de Damián.

Sobre la mesa había fotografías, estados financieros y copias certificadas del Registro Público de Comercio.

Damián deslizó una carpeta hacia ella.

—Esto empezó mucho antes del divorcio.

Mariana abrió la primera hoja.

Había transferencias periódicas.

Consultorías inexistentes.

Contratos inflados.

Pagos autorizados siempre por la misma persona.

Rodrigo Santillán.

—¿Cuánto?

Damián respondió sin rodeos.

—Hasta ahora encontramos movimientos por casi doce millones de dólares.

El mundo pareció detenerse.

—¿Me robó?

Damián negó lentamente.

—Todavía es peor.

No solo te robó.

Usó tu propia empresa para hacerlo.


Mariana permaneció en silencio.

Recordó las noches en las que Rodrigo insistía en encargarse de “la parte administrativa” para que ella pudiera concentrarse en el desarrollo tecnológico.

Ella confiaba.

Siempre confiaba.

Él decía que las finanzas lo aburrían a ella.

Que era mejor que no se preocupara.

Ahora entendía por qué.


Damián abrió otra carpeta.

—Hay algo más.

Le entregó una copia de un acta del consejo.

Mariana leyó lentamente.

Su nombre aparecía al pie del documento.

También su firma.

Volvió a sentir el mismo vacío que había sentido al descubrir el divorcio.

—Otra vez…

—Sí.

Otra vez.

La firma era auténtica.

Recordó inmediatamente cuándo había ocurrido.

Tres meses antes.

Rodrigo le pidió firmar un supuesto paquete de autorizaciones para una auditoría fiscal.

Ella firmó sin revisar.

Igual que en el hospital.

Igual que siempre.


—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó Damián.

Mariana levantó lentamente la vista.

—Que ninguna de esas firmas parece falsificada.

Todas fueron obtenidas aprovechando momentos en los que confiabas plenamente en él.

Eso hace que demostrar el fraude sea mucho más complejo.

Mariana respiró profundamente.

—Más complejo.

No imposible.


A la mañana siguiente llegó a TechNova MX como cualquier otro día.

Nadie sospechaba nada.

Los empleados la saludaban con normalidad.

Rodrigo salió de su oficina apenas la vio.

Le dio un beso en la mejilla.

—¿Cómo te fue con la licenciada?

Mariana sostuvo su mirada.

—Todo bien.

Él sonrió.

—Me alegra.

¿Ya quedó resuelto lo de la herencia?

Ella respondió con absoluta tranquilidad.

—Sí.

Ya quedó perfectamente claro quién es el único propietario del patrimonio de mi padre.

Por una fracción de segundo, Rodrigo dejó de sonreír.

Fue apenas un instante.

Pero Mariana lo vio.

Había esperado otra respuesta.


Cuando él volvió a su oficina, Mariana pidió a su secretaria que llamara al departamento jurídico.

—Convoca una reunión extraordinaria del consejo para hoy a las cinco.

Solo miembros propietarios.

Nadie más.

—¿Incluimos al director financiero?

Mariana respondió sin dudar.

—No.

Y tampoco a Rodrigo.

La secretaria la miró sorprendida.

—Entendido.


Cinco minutos antes de la reunión, Damián llegó con una caja llena de documentos originales.

No venía solo.

También lo acompañaba Carmen Rivas.

La misma abogada que había descubierto el divorcio.

Rodrigo apareció sonriendo.

—¿Qué sucede?

¿Otra auditoría?

Mariana permaneció sentada al otro extremo de la mesa.

Frente a ella había una carpeta negra.

Exactamente igual a la que él le había llevado al hospital.

La empujó lentamente hacia él.

—Ábrela.

Rodrigo comenzó a leer.

La primera hoja era una solicitud judicial para impugnar el divorcio por vicios en el consentimiento.

La segunda contenía una denuncia por administración fraudulenta.

La tercera solicitaba el aseguramiento preventivo de bienes y cuentas bancarias.

Su rostro perdió completamente el color.

—Mariana…

Puedo explicarlo.

Ella negó lentamente.

—Todavía no.

Levantó una última hoja.

—Primero quiero que me expliques por qué, si llevabas dos meses legalmente divorciado de mí…

Hace apenas cuatro días intentaste convencerme de firmar un seguro de vida por cuarenta millones de dólares donde tú aparecías como único beneficiario.

Toda la sala quedó en silencio.

Rodrigo dejó caer los documentos sobre la mesa.

Y por primera vez desde que comenzó aquella historia, comprendió que el divorcio secreto no había sido el verdadero plan.

Solo era el primer paso de algo mucho más grande.

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