PARTE 2: LA CUENTA SE ACABÓ

La comida llegó cuarenta minutos después.

Mariana sirvió a sus padres mientras Teresa observaba los cortes de carne con evidente molestia.

—¿Ocho mil pesos por una cena? —soltó—. Qué desperdicio.

Mariana levantó la mirada.

—Más desperdicio fue cocinar todo el día para gente que no sabía respetarlo.

Alejandro golpeó suavemente la mesa.

—Ya basta.

—Sí —respondió Mariana—. Ya basta.

Aquella noche sus padres se marcharon después de abrazarla.

Teresa y Brenda también se fueron ofendidas.

Alejandro esperó hasta quedarse solo con Mariana.

—Me vas a devolver esos ocho mil pesos.

Ella casi se rio.

—¿Devolverlos a quién? La cuenta también es mía.

—Yo gano más.

—Y yo pago más cosas de las que crees.

Alejandro no respondió.

A la mañana siguiente, mientras revisaba la aplicación bancaria para separar sus gastos personales, Mariana encontró algo extraño.

Transferencias mensuales.

15,000 pesos.

Siempre hacia la misma cuenta.

Amplió el historial.

Un año.

Dos.

Casi cuatro años.

El destinatario era Teresa.

Mariana sintió que se le helaban las manos.

Llamó al banco y pidió los estados de cuenta completos.

Lo que encontró fue todavía peor.

Alejandro había utilizado la cuenta conjunta para pagar el seguro médico de su madre, las mensualidades del coche de Brenda, compras departamentales y hasta unas vacaciones familiares a Cancún a las que Mariana nunca había sido invitada.

Más de 900,000 pesos.

Cuando Alejandro regresó aquella noche, encontró todos los estados de cuenta extendidos sobre la mesa.

Se detuvo.

—¿Qué es esto?

—Tú dime.

Su rostro cambió al ver las transferencias.

—Mi mamá necesitaba ayuda.

—¿Durante cuatro años?

—Es mi familia.

Mariana asintió lentamente.

—Curioso.

—¿Qué?

—Anoche me dijiste exactamente lo mismo.

Tomó un estado de cuenta.

—Cuando tu madre se comió la cena de mis padres, era “tu familia”.

Otro.

—Cuando Brenda necesitó coche, también.

Otro.

—Cuando pagaste sus vacaciones con nuestro dinero, también.

Finalmente lo miró.

—¿Cuándo fui yo tu familia, Alejandro?

Él guardó silencio.

Eso fue suficiente.

Mariana sacó su teléfono.

—¿Qué haces?

—Separando mis finanzas.

—No puedes.

—Ya lo hice.

La transferencia de su salario a una cuenta personal estaba programada.

Las tarjetas adicionales habían sido bloqueadas.

Los pagos que correspondían a Teresa y Brenda, cancelados.

Alejandro palideció.

—Mi mamá depende de ese dinero.

—Entonces págalo con el tuyo.

—¡Estamos casados!

Mariana se quitó lentamente el anillo.

—Por ahora.

Lo dejó encima de los estados de cuenta.

Tres días después, Teresa llamó furiosa porque su tarjeta había sido rechazada.

Brenda descubrió que nadie pagaría la siguiente mensualidad de su coche.

Y Alejandro comprendió cuánto costaba realmente mantener a su familia cuando Mariana dejó de financiarla.

Pero el golpe final llegó una semana después.

El abogado de Mariana encontró una transferencia de 300,000 pesos realizada seis meses atrás.

Concepto:

“Anticipo departamento Brenda.”

Mariana miró a Alejandro.

—¿Compraste un departamento para tu hermana con nuestro dinero?

—Puedo explicarlo.

—Perfecto.

Deslizó una carpeta hacia él.

—Explícaselo a mi abogado.

Alejandro abrió la primera página.

Solicitud de divorcio.

Su rostro perdió el color.

—¿Vas a destruir cinco años por una cena?

Mariana negó.

—La cena no destruyó nuestro matrimonio.

Recogió su bolso.

—Solo me hizo revisar la cuenta.

Antes de salir, se volvió hacia él.

—Y resultó que los platos vacíos eran el menor de nuestros problemas.

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