PARTE 2: LA CUENTA REGRESIVA

Retrocedí hasta que mi espalda chocó contra el escritorio.

Uno de los hermanos de Haitang sonrió mientras el otro bloqueaba la puerta.

—Haitang dijo que últimamente te has vuelto demasiado arrogante —murmuró—. Solo queremos enseñarte a comportarte.

Sentí náuseas.

Pero no miedo.

Porque una voz mecánica acababa de aparecer en mi mente.

[Tiempo restante para regresar al mundo original: 47 horas, 18 minutos.]

Casi sonreí.

Había soportado diez años en aquel mundo por Lu Zhennan.

Cuarenta y siete horas ya no significaban nada.

Agarré una lámpara de la mesa y la levanté frente a ellos.

—Acérquense y gritaré hasta que toda la casa venga.

Los dos se detuvieron.

No porque les importara hacerme daño.

Sino porque abajo había invitados.

—Estás loca.

—Todavía no.

Los miré fijamente.

—Pero sigan intentándolo.

Finalmente se marcharon después de lanzarme varias amenazas.

En cuanto la puerta se cerró, mis piernas cedieron.

Me senté en el suelo, respirando con dificultad.

Entonces escuché pasos apresurados.

Lu Zhennan apareció en la puerta.

Por un instante pensé que había venido preocupado por mí.

Qué ridícula era.

—¿Dónde está Haitang?

Lo miré en silencio.

—¿Para eso has venido?

—Sus hermanos dijeron que discutiste con ella. Está llorando.

Solté una carcajada.

La misma clase de carcajada que había soltado junto al cuerpo de Chi Chi.

Lu Zhennan frunció el ceño.

—¿Qué te pasa?

Me levanté lentamente.

—Chi Chi murió hoy.

—Otra vez con eso.

Esas tres palabras destruyeron lo último que quedaba de mi amor.

Saqué mi teléfono y le mostré la fotografía del registro hospitalario.

Esta vez, su expresión cambió durante un segundo.

Pero entonces Meng Haitang apareció detrás de él.

—Zhennan…

Bastó escuchar su voz.

Él apartó inmediatamente la mirada de la pantalla.

—Hablaremos mañana.

—No habrá mañana.

Se detuvo.

—¿Qué has dicho?

Sonreí.

—Nada.

Porque no necesitaba explicárselo.

46 horas, 51 minutos.

Al día siguiente comencé a borrar mi existencia.

Cancelé mis cuentas, entregué mis pertenencias y guardé únicamente una pequeña caja con recuerdos de Chi Chi.

Después fui al hospital.

Mi hermano estaba allí.

Había descubierto que Chi Chi realmente había muerto.

Lo encontré frente al archivo médico, completamente pálido.

—Youmo…

Sus labios temblaban.

—¿Dónde está Chi Chi?

—Muerta.

—¿Dónde está su cuerpo?

—Ya no existe.

Me agarró del brazo.

—¿Qué significa eso?

Lo miré directamente.

—Cumplí su último deseo. Sus cenizas están en el mar.

Mi hermano retrocedió como si acabara de recibir un golpe.

—¿Por qué no esperaste por mí?

Aquello sí me hizo reír.

—Te llamé.

Su rostro perdió todo el color.

—Apagaste el teléfono porque estabas celebrando el cumpleaños de Haitang.

Entonces recordó.

Vi exactamente el momento en que lo comprendió.

Se dejó caer sobre una silla.

—No sabía que era verdad…

—Chi Chi te dio diez años para creerle.

Me marché sin volverme.

Esa noche, Lu Zhennan regresó furioso.

Había descubierto que yo había solicitado terminar nuestra relación y había retirado todas mis cosas de nuestra casa.

—¿Qué demonios estás haciendo?

—Irme.

—¿Por la muerte de Feng Chi Chi?

Negué lentamente.

—No. Por mí.

Por primera vez, pareció asustado.

Me tomó de la muñeca.

—Youmo, deja de hacer tonterías.

En ese instante, Meng Haitang entró llorando.

—Zhennan, mi hermano dice que Chi Chi murió por mi culpa…

Como siempre, él me soltó inmediatamente para consolarla.

Yo observé aquella escena y sentí una tranquilidad absoluta.

12 minutos.

Subí a la azotea.

El cielo comenzaba a aclararse.

Lu Zhennan tardó diez minutos en darse cuenta de que había desaparecido.

Cuando llegó corriendo, mi cuerpo ya empezaba a volverse transparente bajo la primera luz del amanecer.

Se quedó inmóvil.

—Youmo…

Por primera vez escuché verdadero terror en su voz.

Detrás de él apareció mi hermano.

—¿Qué está pasando?

Sonreí.

[10 segundos.]

Lu Zhennan intentó alcanzarme.

Su mano atravesó mis dedos.

Sus ojos se abrieron horrorizados.

—¡No! ¡Espera! ¡Explícame qué está pasando!

Lo miré una última vez.

—Te llamé cuando todavía podías elegirme.

[3.]

Mi hermano comenzó a llorar.

—¿Chi Chi también…?

Asentí.

—Ella está esperándome.

[1.]

El mundo desapareció.

Cuando volví a abrir los ojos, estaba tumbada sobre una cama enorme en una habitación que reconocí inmediatamente.

Mi verdadero mundo.

Sobre la mesita había un teléfono con cientos de mensajes.

Y sentada junto a la ventana, vestida con un traje carísimo y sosteniendo dos copas de champán, estaba Chi Chi.

Viva.

Radiante.

Multimillonaria.

Me miró y sonrió.

—Has tardado muchísimo.

La abracé mientras ambas reíamos y llorábamos al mismo tiempo.

Entonces apareció otra notificación del sistema.

[Misión completada.]

[Recompensa de regreso acreditada.]

Miré la cifra en mi cuenta y abrí mucho los ojos.

Chi Chi levantó su copa.

—Te dije que cuando regresaras, yo cuidaría de ti.

—Parece que ya no hace falta.

Mientras brindábamos, en aquel otro mundo dos hombres seguían mirando el lugar vacío donde habíamos desaparecido.

Mi hermano finalmente comprendió que había perdido para siempre a la mujer que lo había amado durante diez años.

Y Lu Zhennan descubrió algo todavía más cruel:

no había otra llamada que rechazar.

No había otra oportunidad que desperdiciar.

Esta vez, quienes se habían marchado éramos nosotras.

Y jamás regresaríamos.

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