PARTE 2 — LA CRIADA QUE NUNCA FUE SOLO UNA CRIADA

Elena le susurró al oído.

—No intentes salir. Eso es exactamente lo que Marcus espera.

Vincent la miró por primera vez con verdadera atención.

Durante tres años solo había visto a una mujer silenciosa que servía café, cambiaba flores y desaparecía antes de que empezaran las reuniones importantes.

Ahora veía otra cosa.

La serenidad de alguien entrenado.

—¿Quién eres? —murmuró él.

Ella no respondió enseguida.

Afuera, Marcus seguía dando órdenes.

—Revisad el despacho otra vez. Si llega, cerrad todas las salidas.

Elena esperó a que los pasos se alejaran unos metros.

Solo entonces habló.

—La persona que lleva tres meses intentando mantenerte con vida.

Vincent frunció el ceño.

—No entiendo.

Ella respiró hondo.

—Porque nunca te fijabas en las personas invisibles.

Sacó lentamente un pequeño auricular del bolsillo del delantal.

Lo colocó en su oído.

Después pulsó un diminuto transmisor escondido bajo la manga.

Una luz verde se encendió.

—Equipo Alfa, confirmado. El objetivo está conmigo. Continúen según el protocolo.

Vincent sintió un escalofrío.

—¿Equipo?

Elena lo miró directamente.

—No soy una criada.

Soy agente encubierta.

El silencio entre ambos duró apenas dos segundos.

—Hace tres años una unidad especial recibió información de que alguien estaba infiltrando tu organización desde dentro.

La única manera de descubrir quién era consistía en entrar en esta casa sin levantar sospechas.

Por eso acepté trabajar aquí.

Vincent intentó procesar aquellas palabras.

—¿Me has estado investigando?

Ella sostuvo su mirada.

—Al principio, sí.

Pero hace cuatro meses descubrimos algo peor.

No iban a detenerte.

Iban a ejecutarte.

En ese instante se escuchó un golpe en la puerta del dormitorio.

Marcus volvía.

—Registrad también el vestidor.

Vincent llevó instintivamente la mano hacia la pistola que normalmente guardaba bajo la chaqueta.

No estaba.

La había dejado en el coche al creer que estaba completamente seguro dentro de su propia casa.

Elena le entregó discretamente la pequeña pistola que llevaba escondida.

—Solo si no queda otra opción.

Después señaló el techo del armario.

Vincent levantó la vista.

Había una pequeña rejilla de ventilación.

Ella sonrió apenas.

—La instalé hace ocho meses.

Él abrió mucho los ojos.

—¿Planeabas esto desde entonces?

—Planeaba el día en que todo saliera mal.

Y ese día ha llegado.

La puerta del vestidor comenzó a abrirse lentamente.

Un hombre armado apareció al otro lado.

—Aquí no hay…

No terminó la frase.

Elena ya no estaba detrás de Vincent.

Con un movimiento preciso golpeó la muñeca del intruso, desvió el arma y lo hizo caer al suelo antes de que pudiera disparar.

Todo ocurrió en menos de dos segundos.

Vincent la observó incrédulo.

Aquella mujer que cada mañana le preguntaba cómo quería el café acababa de desarmar a un sicario con una facilidad aterradora.

El ruido alertó al resto.

—¡Está aquí! —gritó alguien.

Se escucharon pasos corriendo.

Marcus apareció en el marco de la puerta.

Cuando vio a Vincent vivo, dejó de sonreír.

—Tío…

Qué alivio encontrarte.

Vincent sostuvo la pistola sin apuntarle todavía.

—¿Cuánto tiempo llevas esperando este momento?

Marcus ni siquiera intentó negarlo.

—Desde que comprendí que nunca ibas a retirarte.

Siempre decías que algún día el imperio sería mío.

Pero ese día nunca llegaba.

Vincent bajó lentamente el arma.

No por debilidad.

Por tristeza.

—Te crié como a un hijo.

Marcus respondió con una sonrisa fría.

—Y yo aprendí del mejor.

En ese instante sonó una explosión amortiguada en el exterior.

Después otra.

Las ventanas vibraron.

Marcus giró sorprendido hacia el jardín.

Elena aprovechó ese segundo.

Pulsó de nuevo el transmisor.

—Entrad.

Ahora.

Las puertas principales de la mansión se abrieron de golpe.

Voces.

Órdenes.

Luces.

Hombres armados irrumpieron desde todos los accesos.

Marcus dio un paso atrás.

Por primera vez desde que comenzó la traición, el miedo apareció en su rostro.

Porque acababa de comprender que aquella noche no había tendido una emboscada solo a Vincent.

Sin saberlo…

También había entrado en la trampa que Elena llevaba meses preparando.

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