PARTE 2: LA CASA TENÍA OTRA DUEÑA

Los golpes en la puerta hicieron que la música se detuviera de golpe.

Doña Graciela, todavía con una copa de tequila en la mano, sonrió con suficiencia.

—Seguro llegaron más invitados.

Abrió la puerta sin imaginar que al otro lado la esperaban dos actuarios judiciales, un representante del juzgado mercantil y tres agentes ministeriales.

—¿Doña Graciela Mendoza? —preguntó uno de ellos.

—Sí. ¿Qué ocurre?

El hombre le entregó un grueso sobre color café.

—Queda usted legalmente notificada.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—¿Notificada de qué?

Ivonne se acercó curiosa.

Alonso también.

El actuario habló con voz firme.

—Existe una demanda por administración fraudulenta, enriquecimiento ilícito, simulación de operaciones y apropiación de recursos pertenecientes a la sociedad mercantil Remodelaciones Montes.

El salón quedó completamente en silencio.

Doña Graciela soltó una carcajada nerviosa.

—Eso es una locura. Debe tratarse de un error.

El funcionario negó lentamente.

—No hay ningún error.

Abrió la carpeta.

—También queda asegurado este inmueble mientras concluye la investigación patrimonial.

Aquellas palabras hicieron que Alonso levantara la cabeza de golpe.

—¿Cómo que asegurado?

El representante mostró otro documento.

—Las remodelaciones, ampliaciones, pagos de hipoteca e impuestos de esta propiedad fueron cubiertos con dinero desviado de la empresa.

Doña Graciela palideció.

—¡Esta casa es mía!

—Según el Registro Público, sí.

—Entonces no pueden quitármela.

El funcionario sostuvo su mirada.

—La propiedad está bajo investigación porque presuntamente fue financiada con recursos obtenidos mediante fraude.

Ivonne dio un paso hacia Alonso.

—Diles algo.

Pero Alonso permanecía inmóvil.

Sabía perfectamente que cada palabra del expediente era cierta.

Meses atrás había autorizado personalmente las transferencias disfrazándolas como gastos de obra.

Pensó que Mariana jamás revisaría la contabilidad.

Se equivocó.

Mientras todos discutían en la entrada, otro vehículo se detuvo frente a la casa.

Descendieron dos peritos financieros.

Llevaban varias cajas selladas.

—Tenemos autorización para asegurar computadoras, discos duros, expedientes contables y cualquier documento relacionado con la investigación.

Doña Graciela comenzó a perder el control.

—¡No pueden entrar en mi casa!

Uno de los agentes respondió con tranquilidad.

—Precisamente porque todavía figura como su casa, tenemos autorización judicial para hacerlo.

Alonso sintió que la garganta se le cerraba.

Miró a Ivonne.

Ella estaba tan pálida como él.

Sabían que el despacho guardaba mucho más que simples facturas.

Había contratos alterados.

Transferencias internacionales.

Firmas falsificadas.

Y decenas de pagos realizados utilizando la autorización digital de Mariana.

A varios kilómetros de allí, Mariana permanecía sentada en la oficina de su abogado.

Escuchó sonar el teléfono.

El abogado sonrió al leer el mensaje.

—Acaban de ejecutar el aseguramiento.

Mariana cerró los ojos durante unos segundos.

No sintió alegría.

Solo una enorme sensación de alivio.

Durante ocho años le hicieron creer que no valía nada.

Que sin Alonso no tendría futuro.

Que debía agradecer cada humillación.

Ahora eran ellos quienes descubrían que la persona que había sostenido el negocio siempre fue ella.

El abogado deslizó otra carpeta sobre el escritorio.

Era mucho más gruesa que la primera.

—Esto apenas comienza.

Mariana arqueó una ceja.

—¿Qué falta?

Él abrió la carpeta lentamente.

Dentro había un informe elaborado por un auditor forense.

Las primeras páginas mostraban transferencias hacia la casa de doña Graciela y el departamento de Ivonne.

Pero las últimas contenían algo mucho más grave.

Una cuenta bancaria en el extranjero.

Más de veinte millones de pesos.

Y un único beneficiario final.

Alonso.

El abogado levantó la vista.

—Creían que solo íbamos a reclamar la casa.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Pero acabamos de descubrir que, durante años, también utilizaron tu identidad para ocultar una red completa de lavado de dinero.

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