PARTE 2: LA CASA QUE NUNCA LE PERTENECIÓ

Durante varios minutos me quedé mirando aquel mensaje.

«Ha estado preparando todo para quedarse con tu casa, tu dinero y tu bebé».

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

No era la primera vez que Tae-jun me decepcionaba.

Pero esto era diferente.

Una cosa era ser un esposo indiferente.

Otra muy distinta era planear destruir la vida de la mujer que llevaba a su hijo dentro.

Mis dedos temblaban mientras respondía:

—¿Quién eres?

La respuesta llegó casi de inmediato.

«Alguien que vio lo que Tae-jun estaba haciendo antes de que fuera demasiado tarde».

Antes de poder preguntar algo más, la puerta de mi habitación se abrió.

Mi padre entró acompañado por dos abogados.

Su expresión seguía siendo tranquila.

Demasiado tranquila.

—Seo-yeon, necesito que seas fuerte.

Lo miré.

—¿Qué descubriste?

Papá dejó una carpeta sobre la mesa.

—Tu esposo estaba preparando un acuerdo de divorcio.

Mi corazón se detuvo.

—¿Divorcio?

Asintió.

—Quería obligarte a firmar después del nacimiento del bebé.

Abrí la carpeta con manos temblorosas.

Allí estaban los documentos.

En ellos, Tae-jun intentaba quedarse con la custodia principal del niño alegando que yo era emocionalmente inestable y que mi familia interfería demasiado en nuestro matrimonio.

Solté una risa amarga.

¿Inestable?

El hombre que me dejó sola en una autopista mientras estaba embarazada quería presentarse como la víctima.

—También hay más.

Mi padre deslizó otro documento.

—Durante meses estuvo transfiriendo dinero de una cuenta conjunta.

Miré las cifras.

Era una cantidad enorme.

—¿Para qué?

Papá me miró directamente.

—Para comprar un apartamento a nombre de otra mujer.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

Aunque ya no lo amaba como antes, todavía quedaba una pequeña parte de mí que buscaba una explicación.

Una razón.

Pero no había ninguna.

Solo había una elección.

Tae-jun me había elegido perder.

Esa noche, mientras yo estaba conectada a máquinas intentando proteger a nuestro hijo, él estaba preparando una vida sin mí.

Mi teléfono volvió a sonar.

Esta vez era él.

Contesté.

—Seo-yeon, ¿por qué no estás en casa?

Su voz seguía teniendo esa arrogancia que tanto había soportado.

—¿Casa?

Repetí la palabra lentamente.

—¿Te refieres a mi casa?

Hubo silencio.

Por primera vez pareció darse cuenta de que algo había cambiado.

—¿Qué quieres decir?

Miré a mi padre.

Luego a los documentos.

—Las cerraduras fueron cambiadas.

Su respiración se volvió pesada.

—¿Qué hiciste?

Casi sonreí.

Qué curioso.

Él podía abandonarme.

Pero no soportaba perder una propiedad.

—No hice nada.

Mi voz era tranquila.

—Simplemente recuperé algo que siempre fue mío.

Tae-jun empezó a elevar la voz.

—Seo-yeon, no seas irracional. Esa también es mi casa.

—No.

Lo interrumpí.

—Viviste allí.

—Pero nunca te perteneció.

Silencio.

Entonces escuché una voz femenina al fondo.

Una voz que no conocía.

—Tae-jun, ¿qué ocurre?

Mi mano se apretó alrededor del teléfono.

Él se quedó callado demasiado tiempo.

Y ese silencio confirmó lo que ya sabía.

Había otra mujer.

La misma mujer que probablemente había estado esperando el momento en que yo desapareciera de su camino.

Colgué.

No iba a llorar.

No otra vez.

Durante años pensé que mi matrimonio era una fortaleza.

Pero solo era una casa construida sobre mentiras.

Tres días después, salí del hospital con una orden médica de reposo absoluto.

Cuando llegué a Hannam-dong, encontré a Tae-jun frente a la entrada.

Ya no tenía esa expresión de superioridad.

Parecía desesperado.

—Seo-yeon, tenemos que hablar.

Lo miré desde la distancia.

El hombre frente a mí era el mismo que había amado.

Pero también era el mismo que me dejó tirada bajo la lluvia.

—Habla.

Se acercó un paso.

—Todo fue un malentendido.

Casi sonreí.

—¿Un malentendido?

—¿Abandonar a tu esposa embarazada?

—¿Intentar quitarme mi casa?

—¿Preparar documentos para separarme de mi hijo?

Su rostro palideció.

Porque sabía que ya no podía mentirme.

Entonces apareció una mujer detrás de él.

Elegante.

Segura.

Con una sonrisa tranquila.

—Seo-yeon, creo que deberíamos hablar las tres personas involucradas.

La miré.

Y en ese instante reconocí su rostro.

Era la misma mujer que aparecía en los registros de transferencia.

La persona por la que Tae-jun estaba dispuesto a perderlo todo.

Ella sonrió.

—Soy Han Soo-jin.

Hizo una pausa.

—La mujer que Tae-jun eligió antes de casarse contigo.

Mi mano se posó instintivamente sobre mi vientre.

Pero no por miedo.

Sino porque en ese momento entendí algo.

Tae-jun no solo había intentado quitarme una casa.

Había intentado robarme una vida entera.

Y ahora iba a descubrir cuánto estaba dispuesto a perder por la mujer que creyó que nunca lo dejaría caer.

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