PARTE 2 – LA BOFETADA QUE LO CAMBIÓ TODO.

El sonido de aquella bofetada retumbó en todo el comedor.

Chu Mu permaneció inmóvil.

Lentamente giró la cabeza. En su mejilla apareció una marca roja perfectamente definida.

Nunca imaginó que su propia madre lo golpearía delante de toda la familia.

Mucho menos por mí.

Zheng Yalan respiraba con dificultad.

Su mano seguía levantada en el aire, temblando de rabia.

—¡Basura! —espetó con una voz tan fría que heló el ambiente—. ¿Quién te dio permiso para humillar así a tu esposa?

Chu Mu frunció el ceño.

—Mamá, Wei solo estaba bromeando…

—¿Una broma?

Ella soltó una risa amarga.

—¿Obligar a la esposa legítima a servirle camarones a tu amante delante de toda la familia te parece una broma?

Xu Wei seguía cubriéndose el rostro con una servilleta.

Las lágrimas habían arruinado por completo su maquillaje.

—Tía… yo nunca quise…

—¡Cállate!

Zheng Yalan la interrumpió sin siquiera mirarla.

—No me llames tía.

Su voz se volvió todavía más dura.

—Jamás he reconocido a una mujer que entra en una casa ajena intentando ocupar el lugar de otra.

Toda la familia quedó petrificada.

Durante años todos habían creído que Zheng Yalan detestaba a su nuera.

Yo también.

Siempre encontraba defectos en mi forma de vestir.

Criticaba mi cocina.

Incluso corregía la manera en que preparaba el té.

Pensé que nunca lograría agradarle.

Ella se volvió lentamente hacia mí.

Sus ojos seguían llenos de ira, pero por primera vez vi algo distinto.

Culpa.

—Nian…

Mi nombre salió de sus labios con una suavidad desconocida.

—Ven aquí.

Di un paso al frente sin comprender.

Zheng Yalan tomó mi mano.

Al ver las yemas de mis dedos enrojecidas por el camarón hirviendo, su expresión cambió por completo.

—¿Te quemaste?

Negué con la cabeza.

—No es nada.

Ella cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos, miró directamente a su hijo.

—¿Sabes por qué fui tan estricta con ella estos tres años?

Chu Mu permaneció en silencio.

—Porque quería que aprendiera a defenderse dentro de esta familia.

Su voz empezó a quebrarse.

—Pensé que mientras tú la protegieras, yo podría ser la suegra exigente y ella se haría más fuerte.

Hizo una pausa.

—Pero hoy descubrí que la persona de la que debía protegerla… eras tú.

Las palabras cayeron como un martillo sobre todos los presentes.

Mi corazón dio un vuelco.

Jamás imaginé escuchar algo así.

Chu Mu parecía incapaz de creerlo.

—Mamá…

Ella levantó la mano para detenerlo.

—Hace tres años, cuando insististe en casarte con Jiang Nian, prometiste delante de tu padre y de mí que jamás permitirías que nadie la humillara.

Lo señaló con un dedo tembloroso.

—Hoy has roto esa promesa con tus propias manos.

Xu Wei intentó acercarse.

—Tía, por favor…

—¡Fuera de mi casa!

El grito hizo estremecer todo el salón.

—Mientras yo siga viva, nunca permitiré que una tercera persona entre en esta familia.

Xu Wei palideció.

Miró desesperadamente a Chu Mu esperando que la defendiera.

Pero él permanecía inmóvil.

Porque acababa de comprender que, en un solo instante, había perdido el apoyo de la única persona que siempre estuvo de su lado.

Entonces Zheng Yalan sacó un sobre rojo del bolsillo de su chaqueta.

Lo colocó lentamente entre mis manos.

—Nian.

Su voz se volvió ronca.

—Este era el regalo de cumpleaños que pensaba darte al terminar la cena.

Respiró profundamente antes de añadir, delante de todos los familiares:

—Pero ahora quiero entregártelo aquí… y pedirte perdón.

El comedor entero quedó en un silencio absoluto.

Nadie esperaba que la mujer más orgullosa de la familia Chu fuera la primera en inclinar la cabeza ante su nuera.

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