PARTE 2: La Beneficiaria Inesperada

Mariana sintió que el pulso se le aceleraba.

Miró la póliza otra vez.

Treinta y ocho millones de pesos.

Nombre del asegurado: Diego Aranda.

Beneficiaria principal: Valeria Robles.

Las letras no cambiaban por más que las leyera.

El teléfono seguía sonando.

Mateo la observaba desde la puerta.

—¿Contesto, mami?

Mariana respiró hondo.

—No, mi amor. Yo hablo.

Tomó el auricular.

—¿Bueno?

Al otro lado se escuchó una respiración nerviosa.

—Señora… soy Sergio Molina.

Mariana reconoció la voz del oficial de la entrada.

—Encontró el sobre, ¿verdad?

Ella no respondió.

Sergio continuó hablando en voz baja.

—Escúcheme con atención. No lo deje donde cualquiera pueda verlo.

Mariana frunció el ceño.

—¿Por qué?

Hubo un largo silencio.

—Porque ese sobre no era el único.

La llamada se cortó.

Mariana quedó inmóvil.

Volvió a revisar el estudio.

Detrás de los archivadores había un pequeño espacio vacío, como si antes hubiera guardado otra carpeta.

Faltaba algo.

Mucho antes de que pudiera pensar con claridad, sonó el timbre de la casa.

Miró por la cámara.

Era Nicolás.

Entró sin perder tiempo.

—¿Qué pasó?

Mariana le entregó la póliza.

Él la leyó dos veces.

Luego levantó lentamente la vista.

—Esto no tiene sentido.

—¿Por qué?

—Porque hace tres meses Diego pidió al grupo varios documentos financieros para contratar un seguro empresarial. Nunca mencionó un seguro personal.

Nicolás dejó la póliza sobre la mesa.

—Voy a verificar si este documento coincide con los registros de la aseguradora.

En ese momento sonó el celular de Mariana.

Era Diego.

Contestó.

—¿Dónde encontraste ese sobre?

Ella sintió un escalofrío.

—¿Cómo sabes que lo encontré?

Del otro lado hubo unos segundos de silencio.

—Mariana… escucha. No tomes ninguna decisión hasta que regrese.

—Solo contesta una pregunta.

¿Es auténtica esta póliza?

Diego tardó demasiado en responder.

—No puedo explicarlo por teléfono.

La llamada terminó.

Nicolás negó lentamente con la cabeza.

—Cuando alguien responde así, normalmente no está negando el documento.

Mariana volvió a guardar la póliza.

Entonces recordó algo.

La carpeta donde había aparecido el sobre también contenía un recibo reciente.

Correspondía al pago de la prima del seguro.

Fecha: apenas doce días atrás.

No era un documento antiguo olvidado en un cajón.

Era reciente.

Muy reciente.

Mateo apareció otra vez con su dinosaurio en la mano.

—Mami…

—¿Sí, corazón?

—El señor Sergio volvió a llamar al reloj de la puerta.

Mariana abrió la aplicación del videoportero.

Sergio no estaba frente a la cámara.

Solo había dejado un sobre blanco apoyado contra la entrada.

Nicolás salió de inmediato y lo recogió.

No tenía remitente.

Solo una frase escrita con marcador negro.

“Si Diego intenta recuperar la póliza, primero lean esto.”

Dentro había una memoria USB y una nota muy corta.

“No todo es lo que parece. La póliza explica una parte de la historia. La grabación explica el resto.”

Mariana sostuvo la memoria entre los dedos.

Sabía que, al conectarla, probablemente descubriría por qué su esposo había ocultado aquel seguro.

Pero también comprendió que, cualquiera que fuera la verdad, ya era imposible volver a la vida que tenía apenas veinticuatro horas antes.

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