PARTE 2: LA BECA ROBADA

Victor Meng dejó de sonreír.

—¿Qué dinero?

El agente abrió una carpeta.

—Durante cuatro años, el fondo para descendientes de veteranos transfirió dinero a esta escuela a nombre de Lucy Lu.

Me quedé helada.

—Yo nunca recibí nada.

El director palideció.

—Debe tratarse de un error administrativo.

—Entonces será fácil demostrarlo —respondió el agente.

Sobre la mesa aparecieron copias de transferencias, recibos y formularios.

En varios figuraba mi firma.

Pero yo jamás los había visto.

—Esta no es mi firma.

La tutora dio un paso atrás.

Victor Meng la miró.

Ese pequeño gesto fue suficiente para que el policía lo notara.

—Nadie sale todavía.

Megan empezó a ponerse nerviosa.

—Papá, dijiste que esto desaparecería.

La habitación quedó en silencio.

Victor se volvió hacia ella.

—¡Cállate!

Demasiado tarde.

El agente cerró la carpeta.

—Creo que ahora tenemos bastante más que una carta rota.

Dos semanas después, la Universidad Médica de la Capital confirmó oficialmente mi admisión y me envió un nuevo documento.

La escuela abrió una investigación interna.

Mi tutora fue suspendida.

Varias cuentas vinculadas al fondo de becas quedaron bajo revisión.

Y la familia Meng dejó de hablar de “una simple broma”.

El día que fui a recoger mis documentos finales, Megan estaba junto a la entrada.

Ya no sonreía.

—Lucy… ¿de verdad vas a destruir mi futuro por un papel?

La miré.

—No.

Saqué de mi mochila la caja donde guardaba la medalla de mi abuelo.

—Tu futuro lo decidieron tus propias acciones.

Pasé junto a ella sin detenerme.

Meses antes había prometido a mi abuelo que algún día entraría en aquella universidad.

Ahora llevaba su medalla en el bolsillo y mi nueva carta de admisión entre las manos.

Megan había roto la primera.

Pero no había podido romper aquello que realmente me había llevado hasta allí.

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