PARTE 2: ESTA VEZ NO VOLVÍ POR ÉL

El teléfono siguió vibrando sobre la mesa.

Gareth.

Una llamada.

Luego otra.

Después un mensaje.

“Tenemos que hablar”.

Lo miré durante varios segundos.

Tres años atrás habría contestado al primer tono.

Esa noche dejé el teléfono boca abajo.

A la mañana siguiente, acepté oficialmente el traslado a South Bay.

Dos semanas después, hice las maletas.

No le dije nada a Gareth.

Tampoco a sus amigos.

Ni siquiera a los conocidos que insistían en preguntarme qué había ocurrido entre nosotros.

Me limité a trabajar.

Pero el día de mi partida, cuando estaba entrando al aeropuerto, escuché una voz detrás de mí.

—¿De verdad vas a irte sin despedirte?

Me detuve.

Gareth estaba allí.

Sin traje.

Sin escolta.

Sin esa seguridad arrogante que siempre llevaba consigo.

Parecía haber corrido hasta el aeropuerto.

—¿Cómo supiste que me iba?

—Imogen.

Sonreí ligeramente.

—Claro.

Él se acercó.

—Sienna, lo de aquella noche…

—No necesito una explicación.

—Sí la necesitas.

Negué con la cabeza.

—No, Gareth. La necesitaba durante tres años.

Él se quedó inmóvil.

—Odette y yo no estamos juntos.

Lo miré.

—Eso tampoco cambia nada.

—El video fue una estupidez.

—No.

Mi voz permaneció tranquila.

—La estupidez fue pensar que después de tres años todavía estaría esperando que algún día decidieras quererme.

Gareth bajó la mirada.

Por primera vez, parecía no tener una respuesta preparada.

—Cuando te vi aquella noche con ese vestido…

—No continúes.

—Me di cuenta de que todavía…

—Gareth.

Lo interrumpí.

—Ya no importa lo que descubriste después de perderme.

Sus ojos se oscurecieron.

—¿Entonces realmente vas a irte?

Miré la pantalla del aeropuerto.

Mi vuelo estaba a punto de embarcar.

—Sí.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sé.

—¿Y si quiero recuperarte?

Respiré profundamente.

—Entonces tendrás que aprender algo que nunca aprendiste conmigo.

—¿Qué?

Tomé mi maleta.

—Que no todo lo que pierdes vuelve cuando finalmente decides valorarlo.

Pasé a su lado.

Él no intentó detenerme.

Solo escuché su voz detrás de mí.

—¿Alguna vez me quisiste de verdad?

Me detuve.

No me giré.

—Demasiado.

Luego seguí caminando.

Meses después, mi nuevo proyecto fue un éxito.

Mi nombre apareció en las revistas empresariales.

Me ofrecieron una posición permanente.

Por primera vez, mi vida no giraba alrededor de si Gareth estaba contento conmigo.

Y entonces, una tarde, recibí un correo suyo.

No era una declaración de amor.

No era una disculpa.

Solo había una fotografía.

Las zapatillas rosas.

Las que yo había dejado en su apartamento.

Debajo escribió:

“Las guardé”.

No respondí.

Un minuto después llegó otro mensaje.

“Ahora entiendo por qué nunca pudiste quedarte”.

Lo eliminé.

Porque finalmente comprendí algo mucho más importante.

No me había ido para conseguir que Gareth me persiguiera.

Me había ido porque, por primera vez, había elegido perseguir mi propia vida.

Y justo cuando pensé que aquella historia había terminado, recibí una llamada de Imogen.

—Sienna, tienes que ver esto.

—¿Qué ocurre?

Su voz bajó.

—Gareth acaba de cancelar su boda.

Me quedé en silencio.

—¿Qué boda?

Imogen respiró profundamente.

—La que nadie sabía que estaba planeando.

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

—¿Con Odette?

—No.

Hubo una pausa.

—Con alguien que tú conoces.

Sentí que el aire cambiaba.

—¿Quién?

Imogen tardó unos segundos en responder.

—Con la mujer que Gareth amó antes de ti.

Me quedé mirando la ciudad desde la ventana.

Y por primera vez, aquella noticia no me dolió.

Porque entendí que, fuera quien fuera esa mujer, ya no tenía nada que ver conmigo.

Hasta que Imogen añadió:

—Sienna… hay una cosa más.

—¿Qué?

—Gareth dijo públicamente que canceló la boda porque acababa de descubrir quién había estado manipulando vuestra relación durante todos estos años.

Mi sonrisa desapareció.

—¿Quién?

Imogen respondió en voz baja:

—Su propia madre.

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