PARTE 2: ESTA VEZ NO VOLVÍ

Adrian cumplió años dos días después.

Yo no llamé.

No envié flores.

No aparecí llorando frente a su puerta.

A las once de la noche, mi antigua compañera me escribió:

“Canceló su fiesta.”

Después añadió:

“Pasó todo el día preguntando por ti.”

No respondí.

Durante las siguientes semanas, Adrian intentó encontrarme de todas las maneras posibles.

Escribió a mis amigos.

Llamó a antiguos compañeros.

Incluso fue a casa de mis padres.

A todos les repetía lo mismo:

—Elena está enfadada. Cuando se calme, regresará.

Pero pasó un mes.

Después dos.

Y yo seguía sin volver.

Mientras tanto, conseguí trabajo en una pequeña agencia de publicidad.

Mi apartamento dejó de parecer una habitación prestada.

Compré cortinas.

Una mesa.

Plantas que casi maté durante la primera semana.

Y Ethan continuó siendo simplemente Ethan.

Nunca preguntó demasiado.

Nunca intentó salvarme.

Cuando necesitaba ayuda, estaba.

Cuando quería estar sola, desaparecía.

Una noche cenábamos pizza en las escaleras porque nuevamente se había averiado la electricidad del edificio cuando me preguntó:

—¿Huyes de alguien?

Me quedé quieta.

—¿Por qué preguntas?

—Porque cada vez que suena un teléfono desconocido, dejas de respirar.

Bajé la mirada.

—De alguien que estaba convencido de que siempre volvería.

Ethan permaneció callado.

Después dijo:

—Entonces asegúrate de que cuando te encuentre, conozca a alguien que ya no quiera regresar.

Aquella frase se quedó conmigo.

Seis meses después, sucedió.

Salía del trabajo cuando vi un automóvil negro estacionado frente al edificio.

Adrian estaba apoyado contra la puerta.

Más delgado.

Cansado.

Sin aquella arrogancia que recordaba.

Cuando me vio, caminó directamente hacia mí.

—Por fin.

Yo no me moví.

—¿Cómo me encontraste?

—No importa.

—A mí sí.

Se quedó callado.

Después sacó el teléfono.

La fotografía con aquella mujer ya no estaba.

—Terminé con ella.

Sentí una extraña indiferencia.

—Bien por ustedes.

Adrian frunció el ceño.

—Elena, deja de fingir.

—¿Fingir qué?

—Que no te importa.

Se acercó.

—Sé cómo eres.

—¿De verdad?

—Tres años juntos. Siempre discutíamos y siempre regresabas.

Sonrió débilmente.

—Ya entendí el mensaje. Ganaste.

Entonces comprendí que todavía pensaba que aquello había sido un juego.

—Adrian, yo no estaba intentando ganar.

Su sonrisa desapareció.

—Me fui.

—Es lo mismo.

—No.

Negué.

—Tú creías que podías hacerme daño porque después bastaba con ignorarme hasta que yo pidiera perdón.

—Esta vez entendí algo.

Lo miré directamente.

—No me extrañabas cuando desaparecí.

—Extrañabas que regresara.

Adrian abrió la boca.

No tuvo tiempo de responder.

—Elena.

Ethan salía del edificio con dos cafés.

Al vernos, se detuvo.

Adrian lo observó.

Después me miró.

Y algo cambió en su rostro.

—¿Quién es?

—Mi vecino.

Ethan me entregó uno de los cafés.

—Sin azúcar.

Adrian miró el vaso.

Luego a Ethan.

—¿Sabe quién soy?

—Sí —respondí.

—¿Le contaste nuestra relación?

—Le conté suficiente.

Adrian soltó una risa amarga.

—Así que era esto.

—¿Qué?

—Había otro hombre.

Casi sentí pena por él.

Necesitaba creerlo.

Porque aceptar que yo había aprendido a vivir sin él era mucho más doloroso.

—No, Adrian.

—Cuando me fui, no había nadie esperándome.

Le devolví una frase que él había escrito aquella madrugada:

—Simplemente descubrí que podía pasar el resto de mi vida sin ti y no necesitaba nada más.

Su rostro perdió color.

Había reconocido sus propias palabras.

—Elena…

—Feliz cumpleaños atrasado.

Pasé junto a él.

Adrian me sujetó suavemente del brazo.

Me detuve.

Ethan también.

—Suéltame.

Adrian retiró la mano inmediatamente.

—Solo dime una cosa.

Sus ojos estaban húmedos.

—Si aquella noche no hubiera publicado esa fotografía, ¿seguiríamos juntos?

Pensé durante unos segundos.

—Probablemente.

Pareció recuperar esperanza.

Entonces terminé:

—Y ese habría sido mi peor error.

Subí las escaleras.

No miré atrás.

Meses después supe que Adrian había intentado volver con aquella mujer.

Ella ya estaba con otra persona.

También supe que sus amigos dejaron de bromear sobre cuánto tardaría yo en regresar.

Porque finalmente comprendieron la respuesta.

Nunca.

En cuanto a Ethan, no se convirtió mágicamente en el premio por haber sobrevivido a Adrian.

Primero fue mi vecino.

Después mi amigo.

Y mucho tiempo más tarde, cuando yo ya podía escuchar un teléfono sonar sin sentir miedo de quién estaría al otro lado, decidimos intentar algo juntos.

Pero esta vez hubo una diferencia.

No necesitaba que alguien me eligiera para sentir que tenía valor.

Una noche encontré por casualidad aquella vieja captura de pantalla.

La publicación de Adrian.

La hora seguía allí.

1:17 a. m.

Durante mucho tiempo pensé que aquella había sido la hora en que él eligió públicamente a otra mujer.

Ahora lo veía de otra manera.

A la 1:17 de aquella madrugada, Adrian creyó que estaba demostrando que podía reemplazarme.

Sin saberlo, acababa de regalarme la única cosa que nunca quiso darme:

una razón suficiente para dejar de volver.

Related Posts

PARTE 2: EL PRECIO DE TRAICIONARME

Durante tres segundos nadie se movió. Después comenzaron a sonar teléfonos. Primero el de Beatriz Fu. Luego el de Tomás Rivera. Después el del padre de Natalia….

PARTE 2: YA NO ERA SU ESPOSA

Adrian miró el certificado durante varios segundos. Luego levantó los ojos. —¿Quién te dio esto? No preguntó qué significaba. No dijo que debía tratarse de un error….

PARTE 2: NUNCA FUI SU ESPOSA

Volví al hotel a las once y cuarenta. Rafael —todavía Diego para él mismo— estaba furioso. —¿Dónde estabas? Beatriz estaba junto a la mesa. El sobre manila…

PARTE 2: ESTA VEZ NO LA PROTEGERÍA

Marqué el 911. Patricia intentó quitarme el teléfono. Retrocedí. —No me toques. Daniel abrió mucho los ojos. —Emily, espera. —Tu madre me golpeó mientras sostenía a Lily….

PARTE 2: TRES SEGUNDOS DEMASIADO TARDE

La llevé al hospital sin mirar atrás. Mi madre gritó mi nombre desde el salón. Ryan dijo algo sobre que Sophie estaba exagerando. No escuché a ninguno….

PARTE 2: LA FACTURA QUE LO CAMBIÓ TODO

Diez minutos después, las puertas del salón se abrieron. El director Wallace entró acompañado por dos ejecutivos. La sonrisa regresó inmediatamente al rostro de Ethan. —Wallace. Perfecto….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *