PARTE 2: ESTA VEZ NO CAMINARÉ DETRÁS DE TI

Ethan miró la hoja sobre la mesa como si estuviera escrita en un idioma que no podía entender.

—¿Qué significa esto?

Su voz ya no tenía enojo.

Tenía sorpresa.

Como si mi decisión de elegir mi propio camino fuera algo imposible.

Tomé la carta de solicitud y la guardé nuevamente.

—Significa que no iré a Southbridge.

La sala quedó en silencio.

Mi madre abrió la boca, pero no dijo nada.

La señora Qin fue la primera en reaccionar.

—Chloe, no seas impulsiva. Tú y Ethan han estado juntos desde niños. ¿Por qué cambiar algo ahora?

Sonreí ligeramente.

—Porque nunca cambié nada por mí.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Lo miré.

Durante muchos años había esperado que él entendiera mis sacrificios.

Pero algunas personas nunca ven lo que reciben.

Solo notan cuando deja de llegar.

—Quiero decir que Southbridge es tu sueño, no el mío.

Ethan se quedó quieto.

—Pero tú dijiste que vendrías conmigo.

—Sí.

Asentí.

—En mi vida anterior lo dije muchas veces.

La frase salió antes de que pudiera detenerme.

Todos me miraron confundidos.

Excepto yo.

Porque sabía algo que ellos no sabían.

Había vivido una vida completa persiguiendo a alguien que nunca se giró para buscarme.

Ethan respiró profundamente.

—Chloe, estás haciendo esto por una pelea absurda.

Negué con la cabeza.

—No es por Bella.

Sus ojos cambiaron.

—Entonces, ¿por qué?

Miré mis manos.

Las mismas manos que habían preparado sus documentos, organizado sus entrenamientos y cuidado sus heridas.

—Porque entendí que amar a alguien no significa abandonar mi propia vida.

Nadie respondió.

La señora Qin intentó suavizar la situación.

—Los jóvenes dicen cosas cuando están molestos. Ethan, habla con ella.

Pero Ethan ya no me miraba con seguridad.

Me miraba con duda.

Porque por primera vez no estaba siguiendo sus pasos.

Esa tarde, después de que todos se fueron, recibí un mensaje suyo.

“¿De verdad vas a irte a Beijing?”

Miré la pantalla.

Antes habría respondido en segundos.

Habría explicado.

Habría intentado convencerlo de que no estaba perdiéndome.

Esta vez solo escribí:

“Sí.”

Pasaron cinco minutos.

Luego llegó otro mensaje.

“¿Y nosotros qué?”

Me quedé mirando esa pregunta.

Era la primera vez en años que Ethan preguntaba por nosotros.

Pero ya era tarde.

Respondí:

“Eso es algo que debiste preguntarte antes.”

Apagué el teléfono.

Esa noche dormí profundamente.

Sin revisar sus entrenamientos.

Sin esperar una llamada.

Sin preocuparme por si estaba triste.

Por primera vez desde que lo conocí, mi futuro no tenía su nombre escrito en ninguna parte.

Una semana después llegaron las listas oficiales de admisión.

Mi nombre apareció bajo la Universidad de Idiomas de Beijing.

El de Ethan apareció bajo el Instituto de Deportes de Southbridge.

Dos caminos separados.

Exactamente como lo había elegido.

Pero el mismo día de la ceremonia de despedida ocurrió algo que no esperaba.

Cuando llegué al salón, vi a Ethan parado junto a la puerta.

No llevaba uniforme deportivo.

No llevaba su sonrisa segura.

Solo sostenía una pequeña caja vieja.

—¿Qué haces aquí?

Me miró durante mucho tiempo.

—Encontré esto en mi habitación.

Abrió la caja.

Dentro estaba la pulsera sencilla que le regalé cuando teníamos quince años.

En mi vida anterior, él la perdió durante una competencia y yo lloré más que él.

Porque pensé que había perdido algo importante.

Ahora solo la miré.

—Guárdala.

Ethan apretó la caja.

—Chloe, ¿realmente quieres que terminemos así?

Lo observé en silencio.

Y por primera vez no vi al chico del que estaba enamorada.

Vi a alguien que solo estaba asustado porque la persona que siempre estuvo detrás de él finalmente empezó a caminar sola.

—No terminamos así, Ethan.

Tomé mi maleta.

—Terminamos el día en que entendí que mi vida también merece ser elegida.

Pasé a su lado.

Pero antes de salir, escuché su voz detrás de mí.

—Chloe…

Me detuve.

—¿Qué?

Hubo un largo silencio.

Entonces dijo algo que nunca había dicho en nuestra vida anterior.

—No sé cómo hacer esto sin ti.

Cerré los ojos unos segundos.

Porque esa frase, años atrás, habría sido suficiente para hacerme volver.

Pero ahora ya sabía la verdad.

No necesitaba que alguien me necesitara.

Necesitaba aprender a elegirme.

Y mientras el tren hacia Beijing comenzaba a moverse, Ethan se quedó en el andén mirando cómo desaparecía la persona que durante años creyó que siempre esperaría por él.

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