Ethan me miró como si acabara de escuchar algo imposible.
—¿Qué quieres decir con que yo no podré firmar?
—Exactamente eso.
La directora Miller intervino antes de que él pudiera acercarse.
—Sophia está consciente y puede tomar sus propias decisiones médicas. Su solicitud quedará registrada.
Bianca apretó los labios.
Yo conocía aquella expresión.
En mi vida anterior la había visto fuera del quirófano.
Solo que entonces no comprendí lo que significaba.
Ahora sí.
Ingresé aquella misma tarde.
Pedí que cada autorización necesitara mi firma y solicité que una enfermera estuviera presente siempre que Ethan entrara.
También entregué una carta sellada a la directora Miller.
—Si alguien intenta modificar mi expediente, abra esto.
Ethan me encontró unas horas después.
—¿Qué estás haciendo?
—Protegiendo a nuestro hijo.
—¿De mí?
Lo miré.
—¿Te molesta?
Su silencio fue respuesta suficiente.
Esa noche comenzó el parto.
Las contracciones llegaron antes de lo previsto.
Entre una y otra escuché movimiento en el pasillo.
Después una enfermera entró apresuradamente.
—Señora Carter, alguien acaba de presentar una autorización para realizar un procedimiento adicional después del parto.
Sentí que se me helaba la sangre.
—¿Quién la firmó?
La enfermera me mostró el documento.
Ethan Carter.
Exactamente igual que en mi vida anterior.
Él apareció segundos después.
—Sophia, puedo explicarlo.
—Directora Miller.
Ella entró detrás de él.
Yo había pedido que la avisaran.
Miller tomó el documento.
—Capitán Carter, ¿por qué autorizó un procedimiento permanente para su esposa sin hablar con ella?
—El médico dijo que podía ser necesario.
—¿Qué médico?
Ethan abrió la boca.
No salió ninguna respuesta.
Entonces apareció Bianca.
Y cometió el error que yo estaba esperando.
—¡Ethan solo quiere evitar complicaciones! Después de este embarazo Sophia podría…
Se detuvo.
Demasiado tarde.
La directora Miller giró lentamente hacia ella.
—¿Cómo sabe usted qué procedimiento aparece en un documento médico confidencial que acaba de entregarse?
Bianca palideció.
Ethan también.
Pedí que abrieran mi carta.
Dentro había escrito todo lo que recordaba de mi vida anterior.
No podía demostrar cómo lo sabía.
Pero sí había anotado nombres, horarios y lugares.
Entre ellos, el nombre del empleado administrativo que había sustituido mi consentimiento.
Miller ordenó revisar el registro.
El resultado llegó antes del amanecer.
El formulario había sido introducido utilizando las credenciales de un empleado relacionado con Bianca.
Además, las cámaras mostraban que ella había entrado aquella semana en el área administrativa sin autorización.
Esta vez el plan se había roto antes de llegar al quirófano.
A las cinco y diecisiete de la mañana nació mi hija.
Cuando escuché su primer llanto, todo mi cuerpo tembló.
La pusieron sobre mi pecho.
Pequeña.
Caliente.
Viva.
Lloré tanto que apenas podía verla.
—Mamá está aquí —susurré—. Esta vez mamá está aquí.
Ethan intentó entrar.
No se lo permití.
Horas después, la investigación interna descubrió algo más.
Bianca llevaba meses recibiendo dinero de una cuenta personal de Ethan.
Y el embarazo que había anunciado delante de todos no era ningún secreto para él.
Ethan había pagado sus controles prenatales.
Había elegido incluso el hospital.
Cuando lo confrontaron, dejó de fingir.
—Sí, sabía del embarazo.
Lo miré desde la cama.
—¿Y querías que yo perdiera la posibilidad de tener más hijos?
Bajó la cabeza.
—Mi madre nunca habría aceptado al hijo de Bianca mientras tú siguieras teniendo hijos conmigo.
Ahí estaba.
La verdad.
No necesitaba recordar mi otra vida para comprender quién era aquel hombre.
—Entonces dame el divorcio.
Ethan levantó la cabeza.
—Sophia…
—No quiero compensaciones.
—Puedo cambiar.
—Ya tuviste otra oportunidad.
Él no entendió aquella frase.
Nunca la entendería.
Pero yo sí.
La investigación disciplinaria acabó con su carrera ascendente.
El intento de utilizar documentación médica sin mi consentimiento, las irregularidades administrativas y sus declaraciones contradictorias llegaron a sus superiores.
Bianca perdió su puesto en la cooperativa.
Y entonces apareció la última ironía.
El bebé que esperaba Bianca tampoco era de Ethan.
Una prueba de parentesco solicitada durante la investigación familiar lo confirmó.
Cuando Ethan recibió el resultado, vino a buscarme.
Yo ya estaba preparando mi traslado con mi hija.
—Sophia…
Tenía el informe arrugado entre las manos.
—Me engañó.
Lo miré durante unos segundos.
En otra vida aquel hombre había elegido a Bianca.
Había permitido que me arrebataran a mi bebé.
Y años después había esperado que yo muriera creyendo que el hijo de ellos era lo único parecido a una familia que me quedaba.
Ahora estaba delante de mí pidiendo compasión porque también había sido engañado.
—Lo siento —dije.
Sus ojos se iluminaron.
—¿De verdad?
—Sí.
Tomé a mi hija en brazos.

—Pero ya no es mi problema.
El divorcio quedó finalizado meses después.
Ethan perdió a Bianca.
Perdió el hijo que creía suyo.
Y finalmente perdió el matrimonio que había considerado imposible de perder.
Yo no busqué venganza.
No la necesitaba.
La primera vez que viví aquella historia, terminé sin mi hija, sin futuro y creyendo hasta el último instante que había sido demasiado débil para conservar a mi familia.
Esta vez entendí algo diferente.
Nunca había sido mi familia.
Mi familia estaba dormida entre mis brazos.
Antes de marcharme, la directora Miller me entregó el viejo certificado matrimonial.
—¿Quiere conservarlo?
Lo observé.
Ese era el papel que Bianca había venido a reclamar el día que todo comenzó.
Sonreí.
—No.
Lo dejé sobre la mesa.
Porque había regresado creyendo que necesitaba salvar mi matrimonio.
Pero terminé comprendiendo que la segunda oportunidad nunca fue para recuperar a Ethan.
Fue para salvar a la única persona que realmente necesitaba que luchara por ella.
Mi hija.
Y esta vez…
las dos salimos vivas.