PARTE 2: ELLOS NO SABÍAN QUIÉN ERA MI FAMILIA

La primera camioneta se detuvo frente a la entrada.

Noah bajó.

Detrás de él aparecieron Leo, Julian, Marcus y Caleb.

Ninguno levantó la voz.

Ninguno amenazó a nadie.

Y eso fue precisamente lo que hizo que Isaac dejara de sonreír.

Noah entró al salón y me miró de arriba abajo.

—¿Puedes caminar?

Asentí.

—Sí.

Entonces miró las marcas que habían quedado en mis muñecas.

Su expresión se endureció.

—Entendido.

Isaac levantó la barbilla.

—Esto es una propiedad privada. No tienen derecho a entrar.

Julian soltó una carpeta sobre la mesa.

—Tienes razón.

Isaac parpadeó.

—¿Qué?

—Por eso no venimos a discutir contigo.

Abrió la carpeta.

—Venimos con abogados.

El silencio cayó sobre el salón.

Marcus conectó su portátil al televisor.

La primera pantalla mostró transferencias bancarias.

La segunda, fotografías.

La tercera, conversaciones.

Clover perdió el color del rostro.

Isaac se acercó.

—¿Qué demonios es esto?

Marcus respondió tranquilamente:

—Los pagos que hiciste durante ocho meses a una cuenta perteneciente a Clover.

Wendy se levantó.

—Eso no demuestra nada.

—También tenemos los registros de los hoteles —añadió Caleb—. Fechas, habitaciones y pagos.

Clover miró a Isaac.

—Me dijiste que nadie tenía pruebas.

Él se volvió hacia ella.

—¡Cállate!

Yo observé aquella escena sin decir una palabra.

Entonces Julian colocó otro documento sobre la mesa.

—Y hay algo más.

Arthur se acercó.

—¿Qué quieren?

Julian lo miró.

—Su empresa recibió varios préstamos utilizando documentos financieros que contienen información falsa.

Arthur palideció.

—Eso es absurdo.

Marcus giró el portátil.

—Entonces tendrá una oportunidad perfecta para demostrarlo ante los investigadores.

Isaac dejó caer la copa.

El cristal se rompió contra el suelo.

Por primera vez, nadie en aquella sala parecía recordar que yo había sido la mujer humillada unos minutos antes.

Noah se acercó a mí.

—Flora, vámonos.

Isaac dio un paso hacia nosotros.

—Ella es mi esposa.

Me detuve.

Lo miré directamente.

—No por mucho tiempo.

Saqué mi teléfono.

—El abogado ya presentó la solicitud de divorcio.

Isaac se quedó inmóvil.

—No puedes hacer eso esta noche.

—Precisamente esta noche.

Clover comenzó a llorar.

—Isaac, dijiste que ella nunca podría enfrentarse a nosotros.

Él la miró.

Y entendí que, por primera vez, ambos estaban descubriendo que nunca habían conocido realmente a la mujer con la que estaban jugando.

Mi hermano Caleb se acercó a la mesa y dejó una última carpeta.

—Ahí está el inventario de todos los bienes que Flora aportó al matrimonio.

Isaac la abrió.

Su rostro perdió el color.

—Esto… esto no puede ser.

Sonreí.

—Durante cinco años pensaste que yo vivía gracias a tu familia.

Tomé mi bolso.

—La verdad es que fui yo quien sostuvo buena parte de tu vida mientras tú estabas demasiado ocupado creyéndote superior.

Caminé hacia la puerta.

Antes de salir, escuché a Isaac llamarme.

—Flora.

Me detuve.

—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?

Miré por encima del hombro.

—Porque quería que me amaras por quien era.

Hice una pausa.

—Y ahora sé que ni siquiera fuiste capaz de respetarme.

Salí de la mansión.

Pero mientras subía al automóvil, mi teléfono volvió a vibrar.

Era Marcus.

“Flora, encontramos algo más.”

Abrí el mensaje.

La transferencia más grande de Isaac no había ido a Clover.

Había ido a una cuenta que pertenecía a alguien de mi propia familia.

Y ese descubrimiento estaba a punto de cambiarlo todo.

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