PARTE 2: EL ÚLTIMO INFORME

Claire acarició suavemente su vientre.

—Veinticuatro semanas.

El silencio fue absoluto.

Dominic hizo un cálculo mental casi de inmediato.

Veinticuatro semanas.

Un año y medio de matrimonio.

Dos años desde el divorcio.

Las fechas encajaban de una manera brutal.

Aquel bebé jamás podría ser suyo.

Y eso significaba que Claire realmente había seguido adelante.

Vanessa rompió el silencio con una risa forzada.

—¿Y quién asegura que ese hombre dice la verdad?

Adrian ni siquiera la miró.

Abrió tranquilamente la carpeta que llevaba uno de los abogados.

Sacó un documento.

Lo colocó sobre la mesa.

—Nuestro certificado de matrimonio.

Después dejó otro.

—Y la inscripción del embarazo en nuestro seguro médico.

Todo estaba perfectamente fechado.

Todo era oficial.

Dominic pasó las páginas con las manos temblando.

No encontraba ninguna grieta.

Ninguna mentira.

Solo hechos.

Claire observó su expresión sin sentir absolutamente nada.

Dos años atrás habría llorado por verlo así.

Ahora solo le parecía un extraño.

—¿Terminaste? —preguntó.

Él levantó la vista.

—Claire… podemos hablar.

—Ya hablamos hace dos años.

—No, escúchame…

Ella negó lentamente.

—Hace dos años me regalaste noventa y nueve fotografías para demostrarme cuánto disfrutabas engañándome.

Dominic bajó la cabeza.

—Cometí un error.

—No.

Claire respiró profundamente.

—Cometiste noventa y nueve.

Vanessa golpeó la mesa.

—¡Dominic!

Él ni siquiera respondió.

Seguía mirando únicamente a Claire.

—Nunca pensé que realmente te irías.

Ella sonrió con una tristeza que ya no dolía.

—Ese fue tu problema.

Siempre creíste que yo no tenía otro lugar a donde ir.

Adrian tomó discretamente la mano de su esposa.

No dijo nada.

Solo la sostuvo.

Dominic observó aquel gesto.

Durante dos años de matrimonio, él casi nunca había tomado la mano de Claire en público.

Decía que las demostraciones de afecto eran infantiles.

Ahora veía a otro hombre hacerlo con total naturalidad.

Y comprendía, demasiado tarde, lo poco que le había dado.

En ese momento llegó el gerente del restaurante acompañado por un empleado.

—Señora West…

El hombre llevaba una pequeña caja de terciopelo negro.

—Nuestros compañeros encontraron esto sobre la marquesina del quinto piso. Los bomberos ayudaron a recuperarlo.

Claire abrió la caja.

Dentro estaba el collar de jade.

Tenía una pequeña grieta en uno de los bordes, pero seguía intacto.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

Lo tomó entre los dedos con infinito cuidado.

Era lo único que conservaba de su madre.

Adrian sonrió.

—Sabía que aparecería.

Dominic frunció el ceño.

—¿Cómo…?

El gerente respondió antes que nadie.

—El señor West llamó al departamento de mantenimiento apenas la señora salió corriendo hacia la ventana.

Organizó la búsqueda inmediatamente.

Claire miró sorprendida a su esposo.

—¿Tú hiciste todo eso?

Adrian se encogió de hombros.

—Sabía que ese collar valía mucho más que cualquier joya.

Ella entendió perfectamente.

No hablaba del precio.

Hablaba del recuerdo.

Dominic cerró los ojos.

Él había dicho:

“Puedo comprarte diez mejores.”

Adrian había entendido, sin necesidad de explicaciones, que aquello era irreemplazable.

La diferencia entre ambos hombres nunca había estado en el dinero.

Había estado en el respeto.

Vanessa se levantó furiosa.

—¡Basta de este teatro!

Señaló a Claire.

—¡Todo esto lo planeaste para humillarnos!

Uno de los abogados de Adrian dio un paso al frente.

—En realidad, señora, aún falta el verdadero motivo de esta reunión.

Dominic levantó la cabeza.

—¿Qué quiere decir?

El abogado abrió otra carpeta.

—La señora West regresó porque existen varios asuntos patrimoniales pendientes derivados de su anterior matrimonio.

Dominic respiró con alivio.

—Si es dinero, puedo pagarlo.

El abogado negó lentamente.

—No se trata de dinero.

Sacó una escritura.

La deslizó frente a Dominic.

—¿Reconoce esta propiedad?

Dominic la observó unos segundos.

Era la mansión donde había vivido con Claire.

—Claro que la reconozco.

—Perfecto.

El abogado sonrió con absoluta tranquilidad.

—Entonces comprenderá por qué el tribunal acaba de aprobar la demanda para recuperarla.

Dominic frunció el ceño.

—¿Recuperarla?

—Sí.

Le dio vuelta a la última página.

—Porque, aunque usted jamás se molestó en leer la escritura completa… esa casa nunca fue comprada por usted.

El rostro de Dominic perdió completamente el color.

—¿Qué…?

El abogado señaló la firma de la compradora.

Solo aparecía un nombre.

Claire Elizabeth West… antes Claire Elizabeth Hale.

Y debajo, una anotación registrada dos años atrás que hizo que incluso Vanessa dejara caer el bolso al suelo.

“La propiedad fue adquirida íntegramente con fondos pertenecientes exclusivamente a la compradora antes del matrimonio. No forma parte del patrimonio conyugal.”

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