PARTE 2 — EL ÚLTIMO ALIENTO

El cementerio quedó en absoluto silencio.

Nadie respiró.

Los sepultureros soltaron las cuerdas del féretro.

El joven abogado dejó caer la carpeta que llevaba en las manos.

Renata palideció.

—¿Qué… qué dijiste? —preguntó Julián, mirándola con incredulidad.

Ella abrió mucho los ojos.

Parecía no haber sido consciente de haber hablado en voz alta.

Jacinta no perdió un segundo.

Se inclinó nuevamente sobre el rostro de Mauricio.

Acercó dos dedos a su cuello.

No era un pulso fuerte.

Era apenas un latido débil.

Pero estaba ahí.

—¡Llamen una ambulancia! —gritó con todas sus fuerzas—. ¡Está vivo!

Los asistentes comenzaron a moverse de inmediato.

Un empleado de la funeraria saltó dentro de la fosa para ayudar a subir el ataúd.

Otro marcó al servicio de emergencias.

Mientras tanto, Renata dio dos pasos hacia atrás.

Miró alrededor como si buscara una salida.

Un policía municipal, que regulaba el tránsito frente al panteón, llegó corriendo.

—¿Qué está pasando?

Antes de que alguien respondiera, un paramédico que casualmente asistía al funeral de un familiar se abrió paso entre la multitud.

—Soy paramédico. Déjenme verlo.

Se inclinó sobre Mauricio.

Comprobó la respiración.

Buscó el pulso.

Luego levantó la cabeza con una expresión que nadie olvidaría.

—Tiene signos vitales.

Necesitamos trasladarlo ahora mismo.

El caos estalló.

Mientras preparaban la camilla, Jacinta no soltó la mano de su hijo.

Lloraba.

Pero seguía hablándole.

—Aquí estoy, mijo.

Ya llegué.

No te me vayas.


Quince minutos después, la ambulancia salió rumbo al hospital universitario.

Dos patrullas permanecieron en el panteón.

El comandante pidió que nadie abandonara el lugar.

—Necesitamos tomar declaraciones.

Renata intentó acercarse a su automóvil.

El policía la detuvo.

—Señora, necesito que permanezca aquí.

—Mi esposo está en el hospital.

—Precisamente por eso.

Ella respiró hondo.

—Yo también debo ir.

El comandante la observó fijamente.

—Antes quisiera preguntarle por una frase que varios testigos aseguran haber escuchado.

Renata tragó saliva.

—¿Qué frase?

—”Con esa dosis debía bastar.”

Ella guardó silencio.

—No sé de qué habla.

El comandante tomó nota.

—Quedará asentado.


Horas más tarde, en el hospital, el jefe de terapia intensiva salió a hablar con Jacinta.

—¿Es usted la madre del paciente?

Ella asintió inmediatamente.

El médico suspiró.

—Su hijo sigue muy grave.

Pero no falleció.

Presenta una profunda depresión del sistema nervioso.

Eso explicaría la respiración extremadamente lenta y la ausencia casi total de respuesta.

Jacinta frunció el ceño.

—¿Un accidente?

El médico negó despacio.

—Todavía no podemos afirmarlo.

Necesitamos esperar los análisis toxicológicos.

Antes de que pudiera decir algo más, un enfermero llegó apresuradamente.

Traía una bolsa transparente.

—Doctor.

Encontramos esto entre la ropa del paciente.

Dentro había un pequeño papel doblado varias veces.

El médico se lo entregó a Jacinta.

—Creemos que intentó esconderlo.

Ella abrió cuidadosamente la nota.

La letra era de Mauricio.

La reconoció al instante.

Solo había una frase escrita con enorme dificultad, como si hubiera sido redactada mientras perdía las fuerzas.

“Si me pasa algo… no fue un accidente.”

Las manos de Jacinta comenzaron a temblar.

Debajo de aquella frase había intentado escribir un nombre.

Pero solo alcanzaban a distinguirse tres letras antes de que el trazo se interrumpiera.

R… E… N…

En ese mismo instante, al otro lado del pasillo, dos agentes de la fiscalía se acercaban caminando directamente hacia Renata.

Related Posts

PARTE 2: EL DOCUMENTO QUE DESTRUYÓ QUINCE AÑOS DE MENTIRAS

Al otro lado del teléfono no se escuchó nada. Ni siquiera respiración. Solo silencio. Un silencio tan largo que pensé que la llamada se había cortado. Entonces…

PARTE 2: LA TRADICIÓN TERMINÓ ESA NOCHE

La cadena metálica vibró. Un fuerte tirón sacudió la puerta. Después otro. La madera crujió. —¡Señor Valdés! —gritó una voz desde el pasillo—. Abra inmediatamente. Santiago sonrió…

PARTE 2: CUANDO REGRESÓ, YA ERA DEMASIADO TARDE

El primer sonido que escuché fue el pitido constante de un monitor. Después sentí un dolor profundo atravesándome el abdomen. Intenté moverme. No pude. Alguien sostuvo suavemente…

PARTE 2: LO QUE HABÍA DENTRO DE LA CAJA FUERTE CAMBIÓ EL JUEGO

La oscuridad cayó sobre la casa como una manta pesada. Durante un segundo solo escuché dos sonidos. La respiración entrecortada de Emma. Y la lluvia golpeando el…

PARTE 2: LA VERDAD ESTABA ESCONDIDA EN SU DELANTAL

Hannah estaba de pie frente al fregadero. Llevaba el mismo vestido de maternidad azul que le había regalado dos meses antes, pero ahora estaba salpicado de salsa…

PARTE 2: LA CARTA QUE NUNCA LLEGUÉ A LEER

El mundo pareció detenerse. Miré una vez más la frase escrita al pie del contrato. La tinta era ligeramente distinta a la del resto del documento. No…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *