PARTE 2: EL TESTAMENTO.

El comandante Ramírez pidió que todos salieran de la sala excepto Julián, Mateo y los peritos.

Sergio conectó la memoria a una computadora portátil.

—Empieza por el audio del 12 de abril.

La grabación era clara.

Se escuchaba la voz de Karla.

—Cuando Julián viaje otra vez, llevaremos al niño con el notario. Solo necesita firmar unos papeles.

Después habló Bruno.

—¿Y si no quiere?

Karla respondió con una tranquilidad escalofriante.

—Para eso estás tú.

El silencio dentro de la sala fue absoluto.

Mateo comenzó a temblar.

Julián le cubrió los oídos.

—Ya pasó, campeón.

Pero apenas era el comienzo.

Sergio abrió otro archivo.

Esta vez era un video de la cocina.

Karla, César y Lorena revisaban una carpeta.

—Todo está a nombre del niño —dijo Lorena.

—La indemnización del accidente de mis suegros, el fideicomiso y el seguro suman casi nueve millones de pesos —respondió Karla—. Julián solo puede administrarlos hasta que Mateo cumpla dieciocho.

Bruno sonrió.

—Entonces necesitamos que el niño deje de estar bajo su custodia.

Karla respiró hondo.

—Primero diremos que Julián lo maltrata.

—Después pediremos la guarda provisional.

—Y cuando controlemos el dinero…

No terminó la frase.

Todos rieron.

El comandante Ramírez detuvo la grabación.

—Con esto ya tenemos conspiración para fraude, violencia familiar y tentativa de despojo patrimonial.

Julián sintió un nudo en el estómago.

Durante dos años había pensado que solo discutían por dinero.

Nunca imaginó que el verdadero objetivo era su propio hijo.

Entonces Sergio abrió el último archivo.

Era la grabación de esa misma tarde.

Bruno levantaba a Mateo por los tobillos.

Karla sostenía una carpeta.

—Llora más fuerte —decía entre risas—. Cuando llegue Protección Infantil diremos que su padre lo dejó solo y que el niño sufrió un accidente.

César añadió:

—Con el video editado nadie va a creer otra cosa.

En ese momento apareció doña Rosa al otro lado de la barda.

Bruno maldijo.

Karla apagó rápidamente su teléfono.

Y apenas unos minutos después comenzaron las llamadas desesperadas al 911.

Ramírez cerró la computadora.

—Si la vecina no intervenía cuando lo hizo, probablemente hoy estaríamos investigando algo mucho peor.

Julián abrazó a Mateo con más fuerza.

El niño levantó la vista.

—¿Ya no voy a vivir con mamá?

Julián respiró profundamente antes de responder.

—No, hijo.

Nunca más tendrás que tener miedo.

En el patio, Karla seguía gritando que todo era culpa de Julián.

Pero cuando los agentes le informaron que los audios llevaban seis meses almacenándose automáticamente en la nube y que ya existían órdenes para asegurar todas sus cuentas y teléfonos, su rostro perdió completamente el color.

Y mientras la patrulla se alejaba con toda la familia Morales bajo custodia, el comandante Ramírez recibió una llamada del juzgado.

Lo que acababan de encontrar en la casa de Bruno demostraba que el dinero de Mateo no era el único patrimonio que aquella familia llevaba años intentando robar.

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