PARTE 2 – EL SECRETO DEL NIÑO.

La habitación volvió a quedar en silencio.

Jiang Wannu seguía sujetando el brazo de Lu Yanci.

Él no la apartó.

Tampoco respondió a su gesto.

Simplemente permaneció inmóvil detrás de mí.

Cinco años atrás, aquella escena me habría destrozado el corazón.

Ahora solo me producía una profunda indiferencia.

Tomé la mano de mi madre y le acomodé cuidadosamente la manta.

Después me incorporé.

—Necesita descansar.

Mi voz era tranquila.

—Los dos pueden salir.

Jiang Wannu bajó ligeramente la cabeza.

—Yanci, no me importa que me odies…

La interrumpí sin mirarla.

—No.

—No te odio.

Ella levantó la vista sorprendida.

Sonreí apenas.

—El odio solo existe cuando alguien sigue siendo importante.

Su rostro perdió el color.

Lu Yanci dio un paso hacia delante.

—Yanci…

Lo miré por primera vez desde que entró en la habitación.

—Señor Lu.

Aquellas dos palabras hicieron que sus pupilas se contrajeran.

—Hace cinco años ya terminó todo entre nosotros.

—No hace falta seguir interpretando una familia feliz delante de mí.

Jiang Wannu se apresuró a explicar.

—No es así…

—El matrimonio fue por el niño.

—Yanci nunca…

—¿Nunca qué?

La observé con calma.

—¿Nunca te quiso?

Ella guardó silencio.

—¿Nunca compartió una casa contigo?

No respondió.

—¿Nunca actuó como padre de ese niño?

Su respiración empezó a agitarse.

Bajó lentamente la cabeza.

Yo ya tenía la respuesta.

Me di la vuelta para salir de la habitación.

Pero la voz grave de Lu Yanci me detuvo.

—Ese niño…

Permaneció varios segundos en silencio.

Como si cada palabra le costara un enorme esfuerzo.

—No es mi hijo.

Me detuve.

Por primera vez en cinco años.

Me giré lentamente.

Jiang Wannu levantó bruscamente la cabeza.

Su rostro se volvió completamente blanco.

—¡Yanci!

Él no la miró.

Sus ojos permanecían fijos en mí.

—Nunca lo fue.

Sentí un leve estremecimiento.

Pero mi expresión no cambió.

—¿Y el certificado de matrimonio?

Pregunté con absoluta serenidad.

Él cerró lentamente los ojos.

—También fue falso.

La habitación quedó completamente inmóvil.

Incluso el sonido del monitor cardíaco parecía haberse detenido.

Jiang Wannu comenzó a negar desesperadamente.

—No…

—No puedes decir eso…

—¡Lo prometiste!

Lu Yanci soltó lentamente el brazo que ella sujetaba.

Por primera vez dio un paso hacia atrás para marcar distancia.

Su voz era baja y cansada.

—Prometí protegerte.

—Pero nunca prometí seguir mintiéndole para siempre.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Jiang Wannu.

—Si ella descubre la verdad…

—Ya es hora de que la descubra.

Ella dio un paso tambaleándose.

—¡No!

—¡No puedes hacerlo!

Me limité a observarlos.

Durante cinco años había imaginado miles de explicaciones.

Pero ninguna se parecía a aquella.

Lu Yanci metió lentamente la mano en el bolsillo interior de su abrigo.

Sacó una carpeta amarilla.

La sostuvo unos segundos antes de extenderla hacia mí.

—Aquí está toda la verdad.

Miré la carpeta.

En la esquina superior podía leerse claramente el sello del hospital.

Y, debajo, una fecha.

Era exactamente el mismo día en que yo abandoné el país hace cinco años.

Comprendí de inmediato que aquella carpeta contenía el secreto que ambos habían ocultado durante tanto tiempo.

Y que bastaría con abrir la primera página para descubrir que toda la historia que había odiado durante cinco años… quizá nunca había sido como yo creía.

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