PARTE 2: EL SECRETO DE SEO-YEON

Ji-hoon fue el primero en recuperar la voz.

—¿Me estás amenazando?

Tomé una servilleta y la presioné contra mi mejilla.

—No. Te estoy avisando.

Mi suegra soltó una risa nerviosa.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Llamar a tu abogado por un plato?

La miré.

—Para empezar.

Saqué el teléfono.

No llamé a mis padres.

No tenía intención de pedir ayuda a nadie.

Marqué un número que llevaba tres años sin utilizar.

—Director Park, soy Han Seo-yeon.

Hubo un silencio al otro lado.

Después, una voz sorprendida respondió:

—¿Presidenta Han?

La sonrisa de Ji-hoon desapareció.

Mi suegro levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué dijo?

Continué:

—Necesito que convoque mañana una reunión extraordinaria del consejo de Mirae Holdings.

Mi suegro dejó caer los palillos.

Mirae Holdings.

El fondo de inversión que poseía una participación decisiva en Kang Medical Group.

La empresa de la que la familia Kang presumía como si fuera un imperio construido únicamente por ellos.

Ji-hoon me miró fijamente.

—¿Qué tienes que ver tú con Mirae?

Sonreí.

—Esa habría sido una excelente pregunta durante nuestros tres años de matrimonio.

Antes de casarme, yo no había sido simplemente una empleada con buen sueldo.

Había fundado una empresa de tecnología médica a los veintiséis años.

Cinco años después, vendí parte de ella por una fortuna y coloqué mis activos bajo una sociedad administrada profesionalmente.

Mirae Holdings.

Cuando conocí a Ji-hoon, estaba cansada de hombres interesados en mi apellido, mis contactos y mi dinero.

Así que nunca se lo conté.

Quería saber si alguien podía querer simplemente a Seo-yeon.

Al principio pensé que Ji-hoon lo hacía.

Hasta que comenzó a confundirme con alguien inferior.

Mi suegro se levantó.

—Esto es absurdo.

Saqué otro documento del bolso.

—Entonces reconocerá esto.

Se lo entregué.

Leyó la primera página.

Su rostro perdió el color.

Mirae había financiado la expansión internacional de Kang Medical Group dos años antes.

La operación que había salvado a la compañía después de una crisis de liquidez.

La firma final pertenecía a una representante identificada únicamente como H.S.Y.

Han.

Seo.

Yeon.

Ji-hoon tomó el documento de las manos de su padre.

—¿Fuiste tú?

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Lo miré.

—Porque quería descubrir quién eras cuando creías que yo no tenía poder.

Nadie respondió.

—Y ya lo descubrí.

Mi suegra cambió inmediatamente de tono.

—Seo-yeon, todos discutimos alguna vez. Ji-hoon perdió los nervios.

Miré los fragmentos del plato.

—Hace cinco minutos yo no era familia.

—No exageres…

—Querías mi apartamento.

Se quedó callada.

Mi suegro intervino.

—Podemos hablar mañana tranquilamente.

—Mañana hablaremos.

Recogí mi bolso.

—Pero no como familia.

Miré a Ji-hoon.

—Como accionista y ejecutivo de una compañía bajo auditoría.

Su rostro se endureció.

—¿Auditoría?

Ahí llegó la segunda sorpresa.

Durante meses había observado pagos extraños desde Kang Medical Group hacia empresas controladas por familiares de Ji-hoon.

Consultorías.

Arrendamientos.

Contratos inflados.

Nunca había intervenido porque quería pruebas antes de acusar a nadie.

Ahora ya las tenía.

—Mañana el consejo recibirá el informe completo.

Mi suegro palideció.

Ji-hoon dio un paso hacia mí.

—Seo-yeon, espera.

Retrocedí.

—No vuelvas a acercarte a mí.

Por primera vez obedeció.


A la mañana siguiente presenté formalmente la separación y documenté lo ocurrido durante la cena.

Después entré en la sede de Mirae Holdings por la puerta principal.

Cuando llegué a la sala del consejo, Ji-hoon ya estaba allí.

También sus padres.

Nadie me pidió que sirviera té.

Nadie me dijo que cuidara mis palabras.

Todos se levantaron cuando entré.

El director Park apartó la silla de la cabecera.

—Presidenta Han.

Me senté.

Ji-hoon permaneció mirándome como si finalmente estuviera viendo a la mujer con la que había vivido tres años.

—Empecemos —dije.

La auditoría confirmó suficientes irregularidades para suspender varias operaciones y abrir una investigación interna sobre determinados contratos.

Ji-hoon intentó hablar conmigo después.

—Seo-yeon, dame una oportunidad.

—Te di tres años.

—Yo no sabía quién eras.

Aquella frase me hizo sonreír.

—Exactamente.

Me acerqué un poco.

—Creíste que no tenía dinero, apellido ni influencia.

—Y esa fue la mujer a la que decidiste humillar.

Ji-hoon bajó la mirada.

—Si hubiera sabido…

—Eso es precisamente lo que hace imposible perdonarte.

Me marché.

No destruí a la familia Kang.

No necesitaba hacerlo.

Solo dejé de protegerlos de las consecuencias de sus propias decisiones.

Y aquella fue la parte que Ji-hoon nunca logró aceptar.

Había pasado tres años creyendo que su esposa permanecía a su lado porque no tenía adónde ir.

La verdad era mucho más sencilla:

yo podía haberme marchado cualquier día.

Solo había tardado demasiado en comprender que debía hacerlo.

El plato que lanzó aquella noche no rompió mi vida.

Rompió la última razón que me quedaba para seguir siendo la señora Kang.

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