PARTE 2: EL SECRETO DE JAVIER

Alejandro miró mi anillo como si acabara de recibir una bofetada.

—¿Javier Mendoza?

—Mi esposo.

—¡Hace tres días ibas a casarte conmigo!

—Hace tres días me abandonaste enferma bajo la lluvia para comprarle caramelos a Carmen.

Apretó los dientes.

—Javier solo está aprovechándose de ti para vengarse de mí.

La puerta de mi oficina se abrió.

Javier entró tranquilamente.

—Curioso que hables de aprovecharse de otros, Alejandro.

El rostro de mi ex cambió.

—Tú cállate.

Javier dejó una carpeta sobre mi escritorio.

—Lucía merece saber por qué Carmen puede controlarte con una llamada.

Alejandro palideció.

—No te atrevas.

Abrí la carpeta.

Dentro había transferencias bancarias, contratos y correos.

Todos conectaban a Alejandro con una empresa fantasma registrada a nombre de Carmen.

Levanté la mirada.

—¿Qué es esto?

Javier respondió:

—Durante años, Alejandro desvió dinero de la empresa familiar y utilizó a Carmen como intermediaria.

Todo encajó.

Las llamadas.

El miedo a enfadarla.

La obediencia absurda.

Carmen no era simplemente su “hermanita”.

Tenía pruebas capaces de destruirlo.

En ese instante, el teléfono de Alejandro volvió a sonar.

Carmen.

Esta vez contestó gritando:

—¡Te dije que no llamaras!

Pero una voz furiosa respondió al otro lado.

—Alejandro, desapareció el dinero.

Él se quedó inmóvil.

Javier sonrió.

—Porque esta mañana entregué las pruebas al consejo.

Alejandro me miró.

—Lucía, ayúdame.

Casi me reí.

Tres días antes me había dejado bajo la lluvia porque no merecía casarme con él.

Ahora necesitaba que lo salvara.

Tomé su viejo anillo de compromiso, que todavía guardaba en un cajón, y lo dejé frente a él.

—Pregúntale a Carmen.

Señalé la puerta.

—Quizá todavía le queden caramelos.

Alejandro salió desesperado.

Entonces miré a Javier.

—Ahora dime la verdad.

—¿Sobre qué?

Levanté mi anillo.

—Sobre por qué aceptaste casarte conmigo tan rápido.

Su sonrisa desapareció.

Porque destruir a Alejandro no era el único secreto que Javier llevaba años guardando.

Y el siguiente tenía que ver conmigo.

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