Tres días después, abandoné el hospital en silencio.
Ningún periodista sabía que me habían trasladado.
Ningún conocido de la familia Zhou imaginaba que la mujer a la que habían dado por derrotada ya no vivía en el pequeño apartamento donde Zhou Chengyan me había dejado todas mis cosas.
Ahora ocupaba el ático privado del Grupo Shen.
Desde el ventanal podía verse toda la ciudad.
Song Ning entró con una tableta en la mano.
—Señorita Shen, el compromiso del señor Zhou con la señorita Zhao será este sábado en el Hotel Imperial.
Asentí.
—¿Cuántos invitados?
—Más de seiscientos.
Empresarios.
Funcionarios.
Medios de comunicación.
Y los principales socios del Grupo Zhou.
Sonreí ligeramente.
Era exactamente lo que necesitaba.
—¿Qué más?
Song Ning deslizó otra carpeta sobre la mesa.
—La investigación está terminada.
Dentro había fotografías.
Transferencias bancarias.
Contratos.
Y los informes médicos certificados.
Las imágenes de mis costillas fracturadas ocupaban la primera página.
Debajo aparecían los nombres de los cuatro guardaespaldas.
Todos habían confesado lo mismo.
“Cumplimos una orden directa del presidente Zhou.”
Cerré lentamente la carpeta.
—¿La policía?
—Solo espera su autorización.
Negué con la cabeza.
—Todavía no.
Song Ning comprendió inmediatamente.
—Quiere hacerlo delante de todos.
—Exactamente.
El sábado llegó más rápido de lo que imaginaba.
El salón principal del Hotel Imperial brillaba bajo enormes lámparas de cristal.
Zhou Chengyan llevaba un esmoquin negro impecable.
Zhao Jinyue sonreía mientras los fotógrafos no dejaban de disparar sus cámaras.
Los periodistas repetían una y otra vez la misma frase.
—La alianza entre el Grupo Zhou y la familia Zhao marcará una nueva etapa para ambas compañías.
Zhou Chengyan levantó la copa.
—Gracias por acompañarnos en este día tan importante.
Todos aplaudieron.
Entonces las puertas del salón se abrieron lentamente.
El sonido de los aplausos se fue apagando.
Más de cien personas giraron la cabeza al mismo tiempo.
Entré caminando despacio.
Vestido blanco.
Tacones negros.
Sin una sola venda visible.
Solo una fina cicatriz junto al ojo derecho.
Los fotógrafos dejaron de mirar a los novios.
Todas las cámaras apuntaron hacia mí.
Zhou Chengyan frunció el ceño.
—¿Qué haces aquí?
Respondí con absoluta tranquilidad.
—Vine a felicitarte.
Las sonrisas regresaron poco a poco.
Muchos pensaron que había venido a suplicar.
Otros esperaban un escándalo.
Zhao Jinyue dio un paso adelante.
—Qingwan…
Creo que ya firmaste el divorcio.
No deberías seguir aferrándote.
La miré unos segundos.
—Tienes razón.
Saqué un sobre del bolso.
—Por eso vine a devolverte algo.
Lo dejé sobre la mesa principal.
Zhou Chengyan abrió el sobre con impaciencia.
Dentro encontró únicamente un recibo.
Frunció el ceño.
—¿Qué significa esto?
—El comprobante de la transferencia.
Doscientos mil yuanes.
La cantidad que quisiste usar para comprar tres años de mi vida.
Lo miró con desconcierto.
—¿Lo devolviste?
—Nunca acepté ese dinero.
Hubo murmullos entre los invitados.
Yo levanté la vista hacia todos.
—Pero hoy sí quiero entregar un regalo.
Song Ning apareció detrás de mí acompañada por varios asistentes.
Cada uno llevaba una caja negra.
Las colocaron una tras otra sobre la mesa.
Zhao Jinyue retrocedió.
—¿Qué es todo esto?
Abrí la primera caja.
Dentro estaban los informes médicos.
Abrí la segunda.
Las fotografías de mis heridas.
La tercera.
Las declaraciones firmadas por los cuatro guardaespaldas.
La cuarta.
Las grabaciones de las cámaras del estacionamiento.
El salón quedó completamente en silencio.
Zhou Chengyan perdió el color.
—¿De dónde sacaste eso?
No respondí.
Simplemente tomé el micrófono.
—Hace una semana…
El hombre que hoy celebra su compromiso ordenó que cuatro personas me golpearan hasta dejarme con tres costillas fracturadas.
Los murmullos crecieron de inmediato.
Los periodistas comenzaron a grabar.
Zhao Jinyue miró desesperada a Zhou Chengyan.
—Diles que está mintiendo.
Él abrió la boca.
Pero ninguna palabra salió.
Porque en ese momento una enorme pantalla detrás del escenario se encendió automáticamente.
Apareció el video del estacionamiento.
Los invitados vieron con absoluta claridad cómo cuatro guardaespaldas me arrastraban fuera del edificio.
Después comenzaron los golpes.
Y finalmente escucharon la voz del propio Zhou Chengyan por teléfono.
“Llevadla al hospital… pero aseguraos de que no muera.”
El silencio fue absoluto.
Nadie respiraba.
Entonces una voz anciana resonó desde la entrada del salón.
—Yo también tengo un regalo para el señor Zhou.
Todos se giraron.
Un hombre de cabello completamente blanco avanzaba apoyado en un bastón de madera negra.
A su lado caminaban varios directivos internacionales.
Song Ning inclinó ligeramente la cabeza.
—Señor Shen.
Los rostros de los empresarios comenzaron a cambiar.
Uno tras otro lo reconocieron.
El fundador del Grupo Internacional Shen.
El abuelo de Shen Qingwan.
Zhou Chengyan sintió que las piernas comenzaban a temblarle.
Pero aún no sabía lo peor.

Porque el anciano levantó una carpeta azul y pronunció una frase que hizo palidecer incluso a los directivos de la familia Zhao.
—A partir de este momento…
El Grupo Shen retira todas sus inversiones y rompe cualquier relación comercial con el Grupo Zhou.
Y eso…
es solo el principio.