PARTE 2: EL REGISTRO NO MENTÍA

La funcionaria del Registro Civil recibió mi solicitud sin hacer preguntas.

Era casi la hora de cerrar.

Mientras escribía el nombre de Daniel Reed en el sistema, yo permanecía inmóvil frente al mostrador.

Solo se escuchaba el sonido del teclado.

Unos segundos después, la mujer frunció ligeramente el ceño.

—¿Es usted familiar directo?

Saqué mi licencia de conducir.

—Soy su esposa.

Ella verificó mi identidad y volvió a mirar la pantalla.

Esta vez tardó más.

Mucho más.

Cuando levantó la vista, su expresión había cambiado por completo.

—Señora Carter… necesito consultar a mi supervisora.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Cinco minutos después apareció un hombre de cabello gris con una carpeta en la mano.

La abrió delante de mí.

—¿Reconoce este documento?

Miré la primera página.

Era un certificado de matrimonio.

El nombre del esposo era Daniel Reed.

La esposa…

Vanessa Moore.

Fecha de celebración: 12 de junio, cinco años atrás.

Bajé lentamente la vista.

Ese mismo día.

Exactamente ese mismo día.

Yo había recibido un mensaje de Daniel diciendo que la capacitación judicial se había prolongado y que no podría regresar para nuestro aniversario.

Mientras yo cenaba sola en casa…

Él estaba casándose con otra mujer.

El supervisor respiró hondo.

—Hay un problema.

—¿Cuál?

—Según nuestros registros, cuando se celebró este matrimonio… usted seguía legalmente casada con el señor Reed.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué significa eso?

El hombre cerró la carpeta.

—Que alguien declaró bajo juramento que el señor Daniel Reed era soltero.

Un silencio absoluto cayó entre nosotros.

Aquello ya no era solo una infidelidad.

Era un delito.

Pedí copias certificadas de todos los documentos.

Mientras esperaba, mi teléfono vibró.

Daniel.

Lo observé durante varios segundos antes de contestar.

Su voz sonaba tan tranquila como siempre.

—Cariño, esta semana sí podré pasar la noche contigo.

Cerré los ojos.

Era la misma voz.

La misma ternura fingida.

—Qué buena noticia.

Él sonrió al otro lado.

—Prepararé tu pasta favorita.

Miré las copias certificadas que acababan de dejar frente a mí.

—Daniel…

—¿Sí?

—¿Dónde estabas el doce de junio de hace cinco años?

Hubo un silencio.

Muy breve.

Pero suficiente.

—¿Por qué preguntas eso?

Sonreí sin alegría.

—Solo tengo curiosidad.

—Estaba en la capacitación de Boston. Ya lo sabes.

Mentía con la misma facilidad con la que respiraba.

—Claro…

Colgué antes de que pudiera decir algo más.

Guardé cuidadosamente toda la documentación.

Al salir del Registro Civil vi mi propio reflejo en la puerta de cristal.

La mujer que me devolvía la mirada ya no era la esposa engañada.

Era una abogada.

Y acababa de encontrar la primera prueba oficial de que el hombre con el que compartía su vida llevaba cinco años cometiendo fraude.

Cuando llegué al despacho, mi secretaria me esperaba en la puerta.

—Señora Carter… hay alguien que insiste en verla.

—¿Quién?

Ella bajó la voz.

—Un investigador privado.

Dice que usted no es la única esposa del juez Daniel Reed.

Y asegura que todavía existe… una tercera familia.

Lee la Parte 3 a continuación.

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