PARTE 2: EL REGALO DE ANIVERSARIO

Nadie respondió.

Ni mi padre.

Ni Charles Harris.

Al otro lado de la videollamada solo se escuchaba la respiración contenida de todos los miembros del consejo.

Entonces Charles tomó una decisión.

—Richard, conecta el sistema de videoconferencia de la sala.

Mi padre asintió.

Un segundo después, la pantalla de mi teléfono cambió.

Ahora veía la mesa completa del consejo.

Más de veinte directivos.

Todos habían escuchado la conversación.

Todos.

Charles levantó la vista.

—Ava.

—Sí, tío Charles.

—¿Sabías desde hace cuánto tiempo?

Sonreí con tristeza.

—Lo suficiente para dejar de hacerme ilusiones.

Su mandíbula se tensó.

—¿Por qué no nos lo dijiste antes?

—Porque necesitaba que ustedes escucharan la verdad con sus propios oídos.

No la versión de Ethan.

No la mía.

La suya.

Nadie volvió a hablar.

Del otro lado del balcón, Ethan seguía riendo.

—Sophie, dentro de unos meses serás la verdadera señora Harris.

Ava nunca entenderá qué pasó.

Los ojos de Charles se cerraron lentamente.

Cuando volvió a abrirlos, parecían veinte años más viejos.

Tomó su teléfono.

Marcó un número.

Nadie necesitó preguntar a quién llamaba.


En la habitación 8808 sonó un celular.

Ethan miró la pantalla.

Su sonrisa desapareció.

—Es mi padre.

Sophie rió.

—No contestes.

Esta noche es nuestra.

Él dudó unos segundos.

Después rechazó la llamada.

En la sala del consejo nadie dijo una palabra.

Charles volvió a marcar.

Otra vez.

Rechazada.

Una tercera.

Silencio.

La cuarta llamada fue enviada directamente al buzón de voz.

El rostro de Charles se volvió de piedra.

—Bloqueó mi número.

Uno de los directores tragó saliva.

Nunca habían visto algo semejante.

Charles dejó lentamente el teléfono sobre la mesa.

—Seguridad.

Un hombre de traje oscuro que permanecía junto a la puerta dio un paso al frente.

—Sí, presidente.

—Cloud Palace.

Suite 8808.

Traigan a Ethan aquí.

No importa cómo.

Y si se niega…

Hizo una pausa.

—Que venga acompañado por la policía.


Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Ethan.

“Cariño, la reunión terminó antes de lo esperado.”

“Llegaré a casa en unas dos horas.”

Le mostré el mensaje a la cámara.

Nadie sonrió.

Cinco segundos después llegó otro.

“Te amo.”

Maya soltó una carcajada de incredulidad.

Yo solo escribí una respuesta.

“Conduce con cuidado.”

Envié el mensaje y bloqueé la pantalla.

Richard Sterling me observó con preocupación.

—Hija…

—¿Sí, papá?

—¿Te duele mucho?

Por primera vez en toda la noche, mis ojos se llenaron de lágrimas de verdad.

—Ya no.

Todos quedaron sorprendidos.

Respiré profundamente.

—Lo que más dolía era pensar que algún día volvería a creerle.

Ahora ya no queda nada que perder.


Veinte minutos después, el director general de Cloud Palace llamó directamente a Charles.

La llamada estaba en altavoz.

—Presidente Harris…

Encontramos al señor Ethan.

Hubo un silencio extraño.

—¿Y?

—La suite está vacía.

Todos fruncieron el ceño.

—¿Cómo que vacía?

—Hace diez minutos salieron por el ascensor privado del estacionamiento.

Charles golpeó la mesa.

—¡Encuéntrenlo!

El gerente respiró hondo.

—Hay algo más.

Revisamos las cámaras.

Antes de irse, el señor Ethan recibió cuatro llamadas consecutivas.

Después miró varias veces hacia la habitación 8809.

Como si hubiera descubierto que alguien lo estaba observando.

Mi corazón dio un vuelco.

Maya me miró alarmada.

—Ava…

Entonces sonó el teléfono que llevaba en la mano.

Número desconocido.

Contesté.

No habló Ethan.

Habló Sophie.

Y su voz ya no tenía ni una sola gota de dulzura.

—Señora Sterling…

Creo que acaba de cometer el peor error de su vida.

Porque Ethan acaba de descubrir quién arruinó su plan.

Y ahora viene directamente hacia usted.

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