PARTE 2: EL RAMO ESCONDIÓ LA VERDAD QUE NADIE ESTABA PREPARADO PARA LEER

La Parroquia de San Agustín estaba llena mucho antes de la ceremonia.

Las flores blancas cubrían el altar.

El cuarteto de cuerdas afinaba los últimos detalles.

Los invitados comentaban lo hermosa que se veía la decoración y repetían la misma frase de siempre:

—Van a hacer una pareja perfecta.

Valeria escuchaba todo desde el salón contiguo mientras la maquillista daba los últimos retoques.

Sonreía.

Asentía.

Agradecía los cumplidos.

Nadie habría imaginado que llevaba horas sin derramar una sola lágrima.

Porque ya había llorado todo durante la madrugada.

Ahora solo quedaba terminar lo que había empezado.

Su celular vibró.

Era un mensaje de Rodrigo.

“Ya estoy en la iglesia. No puedo esperar para verte.”

Valeria respondió con apenas tres palabras.

“Yo tampoco, amor.”

Guardó el teléfono.

Respiró hondo.

Y tomó el ramo.

Entre las flores seguían ocultas varias copias de las páginas del diario.

Exactamente donde las había dejado.

A la una y media comenzó la marcha nupcial.

Teresa caminaba junto a ella.

Vestía un elegante traje color marfil.

Sonreía emocionada.

Cada persona que saludaba le decía lo mismo.

—Debe sentirse muy orgullosa.

Ella asentía con los ojos brillantes.

Valeria la observó de reojo.

Era la misma mujer que le había enseñado a caminar.

La misma que la abrazó cuando murió su padre.

Y la misma que, durante ocho meses, había compartido la cama con el hombre con el que ella estaba a punto de casarse.

Llegaron al altar.

Rodrigo sonreía como si nada hubiera ocurrido.

Le tomó las manos.

—Te ves hermosa.

Valeria sostuvo su mirada.

—Tú también te ves exactamente como esperaba.

El sacerdote inició la ceremonia.

Las lecturas avanzaron con normalidad.

Las primeras oraciones.

Las bendiciones.

Los cantos.

Todo parecía dirigirse hacia una boda perfecta.

Hasta que llegó el momento de la homilía.

El sacerdote abrió un sobre.

Frunció ligeramente el ceño.

Miró a Valeria.

Ella asintió con discreción.

Él comprendió.

Cerró el sobre sin leerlo en voz alta.

—Antes de continuar…

La novia me ha pedido unos minutos para dirigirse a su familia.

Los invitados sonrieron.

Muchos pensaron que sería un discurso romántico.

Valeria tomó el micrófono.

Sus manos estaban completamente firmes.

—Gracias por venir.

Hoy debería ser el día más feliz de mi vida.

Hizo una breve pausa.

—Y precisamente por respeto a todos ustedes, no puedo permitir que esta ceremonia continúe basada en una mentira.

Rodrigo dejó de sonreír.

Teresa sintió un vuelco en el estómago.

Valeria levantó el cuaderno negro.

Toda la iglesia guardó silencio.

—Anoche encontré esto dentro del automóvil de mi madre.

Teresa perdió el color del rostro.

—Valeria…

—No me interrumpas.

Por favor.

Abrió una de las páginas.

No comenzó a leer.

Solo mostró la letra escrita a mano.

—Reconozco perfectamente esta caligrafía.

Porque crecí viendo a mi mamá escribir listas del supermercado, cartas y cumpleaños.

Se volvió hacia Rodrigo.

—Y también reconozco tus mensajes.

Tus horarios.

Tus excusas.

Tus ausencias.

Durante meses pensé que estaba organizando una boda.

En realidad…

Ustedes organizaban una traición.

La iglesia quedó completamente muda.

Rodrigo dio un paso hacia ella.

—Déjame explicarte.

Valeria negó lentamente.

—No.

Hoy no necesito explicaciones.

Necesito verdad.

Sacó varias copias del ramo y comenzó a entregarlas a las primeras filas.

Una llegó a manos de una tía.

Otra al padrino.

Otra al hermano de Rodrigo.

En pocos segundos comenzaron a leerse fragmentos escritos con tinta azul.

El murmullo se transformó en un silencio aún más pesado.

Teresa rompió a llorar.

—Yo…

Valeria la miró por última vez.

—Lo más doloroso no fue perder a mi prometido.

Fue descubrir que perdí a mi madre mucho antes de encontrar este diario.

Rodrigo intentó acercarse otra vez.

Ella dio un paso hacia atrás.

Se quitó el anillo de compromiso.

Lo colocó sobre el altar.

—Este matrimonio termina antes de empezar.

Se volvió hacia el sacerdote.

—Perdón por involucrarlo en esto.

Él respondió con serenidad.

—La verdad nunca necesita pedir perdón.

Cuando Valeria caminaba hacia la salida, creyó que todo había terminado.

Pero una voz la detuvo.

—¡Valeria!

Era Mariana, su prima.

Entró apresurada por la puerta principal con una carpeta en la mano.

Respiraba con dificultad.

—No te vayas todavía.

Valeria se giró.

—¿Qué pasa?

Mariana levantó la carpeta.

—Después de tu llamada de anoche empecé a buscar unas cosas.

Y encontré algo mucho peor que el diario.

Rodrigo sintió que el rostro se le descomponía.

—¿Qué encontraste?

Mariana sostuvo la carpeta frente a todos.

—Documentos bancarios.

Contratos.

Y transferencias.

Todo indica que Rodrigo nunca planeó casarse por amor.

Llevaba meses preparando una estrategia para quedarse con el patrimonio de Valeria…

Y alguien más aparece firmando junto a él en varios de esos documentos.

Toda la iglesia volvió la vista hacia Teresa.

Ella cerró los ojos.

Porque ya sabía exactamente de quién era aquella firma.

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